Financial Times: Guedes pierde brillo en Brasil, opacado por la pandemia y la burocracia

El ministro liberal del gigante sudamericano no logra avanzar con la apertura de la economía; sus intentos quedaron enredados en una maraña de intereses creados. Cuando asumió hace dos años, lo aclamaban como la estrella que recuperaría la prosperidad económica.

Jair Bolsonaro tenía algunas buenas noticias para las familias jóvenes brasileñas antes de Navidad. Por las redes sociales, el presidente de Brasil anunció hace un mes que los aranceles a los juguetes importados se iban a reducir de 35% a 20%.

La medida formaba parte de los extensos planes de su administración para revitalizar la economía mediante un ambicioso programa de liberalización comercial, recortes a la burocracia y reformas estructurales. Parecía una victoria para el líder de derecha, que asumió el poder en 2018, y para Paulo Guedes, su ministro de Economía pro libre mercado.

Pero pocos días después de la decisión, que se había tomado tras un año de reuniones con fabricantes locales, el Ministerio de Economía enfrentó una ola de lobby de la industria y rápidamente dio marcha atrás. La disminución de los aranceles no comenzó en diciembre como estaba previsto y, según el ministerio, se implementará gradualmente durante este año.

Se trata de un proceso muy complicado que quedó atrapado en medio de intereses creados. Son muchos los desafíos que enfrenta Guedes mientras intenta abrir una de las economías más proteccionistas del mundo. Brasil se ubica al mismo nivel que naciones africanas mucho más pobres en términos de proteccionismo, según el índice de libertad de comercio internacional de Heritage Foundation, un think-tank estadounidense.

“El ministerio recibió golpes de un lado y del otro. Al final, todos estaban insatisfechos , contó un funcionario del Ministerio de Economía.

Cuando asumió la cartera a principios de 2019, Guedes era aclamado como la estrella que recuperaría la prosperidad económica de Brasil.

El ex administrador de fondos logró un notable éxito inicial, con la aprobación de una reforma histórica del generoso sistema previsional de Brasil, que se espera ahorre al gobierno casi u$s 200.000 millones en los próximos diez años.

Pero dos años después de haber asumido, esa estrella pierde brillo mientras en el Congreso se estancan las reformas estructurales planeadas, incluida una simplificación del sistema tributario y la reforma administrativa del Estado.

Los éxitos en materia de privatización y reducción de la burocracia también han sido escasos. En agosto, los dos funcionarios responsables de ambos proyectos renunciaron, aduciendo profundos conflictos con dirigentes con intereses personales y falta de voluntad política.

La pandemia también interrumpió las metas de Guedes. La disciplina fiscal era la base de sus planes, pero desde abril el gobierno transfirió a los más pobres miles de millones de dólares, lo que generó un agujero en las finanzas públicas del país y ahora domina la agenda económica.

“El Paulo Guedes que existía hace dos años ahora se enfrenta a la realidad. Las reformas en Brasil son un proceso lento, gradual , dijo un lobbista en Brasilia cercano a la decisión sobre los juguetes. “Las reformas son como el cielo. Todo el mundo quiere ir, pero no ahora".

Algunas empresas extranjeras han comenzado a expresar su frustración por la lentitud de los cambios. "El repentino e injustificado cambio de posición contradice la política económica anunciada, lo que representa un comportamiento que viola la buena fe", dijo el fabricante estadounidense Hasbro tras la suspensión de la baja de aranceles a los juguetes.

Quienes critican la falta de acción apuntan a Guedes, que cada vez más se lo ve  como un obstáculo para el progreso en lugar de un motor de cambio.

Conocido por un estilo belicoso, mantiene una relación complicada con el Congreso, que debe votar sobre casi todas las propuestas de reforma del gobierno. Intercambia frecuentes dardos con el vocero del poder legislativo y polemiza con los diputados sobre sus planes.

“Los próximos dos años serán tensos dadas las difíciles relaciones que mantiene el gobierno con el Congreso , dijo Sergio Vale, analista de MB Associates.

“El ministerio (de Economía) está desenfocado, no tan organizado como solía estar antes y desempeñando más bien un papel de apoyo. El ministro hizo promesas durante dos años, pero no tiene nada que mostrar .

Pero Adolfo Sachsida, secretario de Economía Política del ministerio, describió el último año como un "gran éxito".

“En medio de una pandemia, aprobamos la legislación para la inversión privada en saneamiento y mejoramos la ley para (la inversión en el mercado) de gas. También tenemos una próxima votación sobre la autonomía del banco central , dijo.

Defendiendo el lento avance de la reforma tributaria, dijo que es una “agenda muy difícil con la que Brasil viene lidiando hace décadas. “Tenes grandes desafíos: tenes que contar con el apoyo de los gobiernos locales y de los estados, el sector industrial y el sector financiero y los ciudadanos. Hay mucha gente en la misma mesa , señaló Sachsida.

Sobre los aranceles comerciales y las privatizaciones hubo un coro de voces que “representan intereses legítimos y tienen derecho a hacerlo .

“La gente no estará de acuerdo con la velocidad de la reducción arancelaria o con el número de privatizaciones, pero todos están de  acuerdo en que tenemos que abrir nuestra economía , agregó.

Los opositores a la reforma tienen diferentes agendas pero han convergido “en torno al miedo al cambio , dijo el lobbista de Brasilia. “Nuestro sistema tributario contempló durante tanto tiempo ventajas para ciertos grupos, que ahora éstos no quieren cambiar. En el comercio es lo mismo: tantos sectores hace tanto que están protegidos que ahora dependen de eso .

“Brasil es un país corporativista y clientelista , dijo Lucas de Aragão, socio de la consultora Arko Advice. "El gobierno identificó batallas que simplemente no vale la pena dar".

Traducción: Mariana Oriolo

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