Financial Times: Georgia le deja una dura lección a los republicanos

La segunda vuelta de las elecciones en Georgia fue la primera reacción pública tangible frente al comportamiento de Donald Trump después de su derrota.

Es probable que los demócratas de Estados Unidos  controlen tanto el Capitolio como la Casa Blanca por primera vez en una década.

Raphael Warnock y - en espera de confirmación - Jon Ossoff sólo ponen a los demócratas al mismo nivel que los republicanos en el Senado. Ahora es con el voto decisivo de Kamala Harris, la vicepresidente electa,  que ahora Joe Biden  espera encaminar al menos algunas de las reformas que planea aprobar en el Congreso. Tendrá que priorizar las medidas contra la pandemia y sus efectos económicos en cuanto preste juramento como presidente este mes. Al fin y al cabo, para los demócratas el gobierno unificado ha tendido a ser fugaz desde los años 60.

Cómo administrar una pequeña ventaja es por lo menos un problema agradable con el que lidiar. Para los republicanos, estos resultados electorales son sin duda pésimos. Georgia ha sido "su" estado durante una generación. Sus dos candidatos al Senado eran senadores en funciones. Desde la victoria de Biden, tuvieron dos meses para alertar sobre el triplete demócrata en Washington.

Perder en estas condiciones dice mucho sobre el reciente comportamiento del propio partido republicano. La chicanería antidemocrática del presidente Donald Trump  no anulará su derrota frente a Biden. Pero parece ser lo suficientemente siniestra en sus propios términos como para ahuyentar a los votantes indecisos. Gabriel Sterling, un republicano que es supervisor del sistema de voto de Georgia, atribuyó los resultados en su estado a las "acciones de Trump desde el 3 de noviembre". Entre ellas se encuentran falsos litigios en varios estados, una llamada telefónica impropia a un funcionario georgiano y la marcha en Washington que se prevé para el miércoles. Este intento de detener un inexistente "robo" no movilizó suficientes republicanos.

Lo ideal sería que los republicanos renunciaran al comportamiento del presidente. Con honrosas excepciones, sin embargo, éste es un partido cuya revelación moral parece no llegar nunca. Kelly Loeffler, que perdió contra Warnock, está entre los senadores que planean poner en duda la victoria de Biden el miércoles.

Y así, queda apelar al interés propio de los republicanos. Además de una contienda entre políticos individuales, la segunda vuelta de las elecciones en Georgia fue la primera reacción pública tangible frente al comportamiento de Trump después de su derrota. El presidente parece estar dejando a su partido con menos poder institucional del que tenía antes de él. Georgia está confirmando lo que la elección presidencial y las anteriores de medio término implicaron: por mucho que el presidente saliente despierte a su base, no es una pluralidad del electorado.

Asumiendo que Ossoff gane, Biden puede ahora estar al mando del gobierno federal. Definitivamente puede esperar que se apruebe la mayoría de sus designaciones para el ejecutivo. Los horizontes del presidente electo se habrán expandido de la noche a la mañana, y la oposición tendrá la culpa. Georgia está dando una lección a los republicanos, si tan sólo prestaran atención.

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