Financial Times: 2019, el año en el que las protestas tomaron las calles del mundo

De Hong Kong a Chile, del Líbano a Ecuador, pasando por Bolivia, Malta, España, Irak, Francia e India, todos estos países fueron transformados por el impacto social de las manifestaciones masivas.

Ciertos años en la historia (1848, 1917, 1968, 1989) evocan imágenes de protestas callejeras, manifestaciones masivas y agitación revolucionaria. Cuando los historiadores pongan en perspectiva al 2019, seguramente declararán que fue un año clásico para los disturbios populares.

En términos de extensión geográfica, es difícil pensar en un año que pueda rivalizarlo. En Hong Kong, India, Chile, Bolivia, Ecuador, Colombia, España, Francia, la República Checa, Rusia, Malta, Argelia, Irak, Irán, Líbano y Sudán se han producido protestas lo suficientemente grandes como para interrumpir la vida cotidiana y causar pánico en el gobierno; y esta lista no es exhaustiva.

Sin embargo, toda esta turbulencia hasta ahora ha desafiado los esfuerzos para llegar a una explicación global convincente. Una razón para la falta de análisis es que las rebeliones de 2019 sucedieron en lugares tan dispares, en ciudades ricas del mundo como Hong Kong y Barcelona, así como en naciones pobres y relativamente aisladas como Sudán y Venezuela. Eso hace que sea más difícil encontrar un denominador común entre ellas y más fácil poner en duda la idea de que está sucediendo algo a nivel global. Tampoco ha habido un momento icónico único, como la caída del Muro de Berlín o el asalto del Palacio de Invierno.

Pero si bien las revueltas de 2019 aún no han derrocado a un líder o gobierno mundial importante, ciertamente han tenido un gran impacto. Por ejemplo, las protestas y huelgas callejeras obligaron a Evo Morales, el presidente de Bolivia, a dejar el cargo en noviembre, después de 13 años en el poder.

Otros líderes políticos derribados por manifestaciones masivas incluyen a Abdelaziz Bouteflika de Argelia y Omar al-Bashir de Sudán –tras un golpe de Estado militar, después de meses de protestas– quienes cayeron en abril después de décadas en el poder.

El primer ministro del Líbano, Saad al-Hariri, fue expulsado de su cargo a fines de octubre después de dos semanas de protestas masivas. Al mes siguiente, Adel Abdul Mahdi, el primer ministro de Irak, también renunció, después de varios meses de agitación. Tanto en Irán como en Irak, las manifestaciones masivas se han enfrentado a niveles impactantes de violencia, con cientos de muertos en las calles de ambos países.

El hecho de que varios países en el norte de África y Oriente Medio se hayan visto convulsionados por manifestaciones, a menudo al mismo tiempo, muestra que efectivamente sí hay conexiones entre los trastornos populares en diferentes países. En dos regiones, el Medio Oriente y América Latina, las protestas están suficientemente extendidas como para constituir una verdadera agitación regional, en la cual los eventos en un país claramente están inspirando acontecimientos similares en los países vecinos, de una manera que evoca la Primavera Árabe. El lema que se hizo famoso en aquel entonces — "la gente quiere la caída del régimen" — se está cantando una vez más.

Un lenguaje común en América Latina también ha permitido que las noticias y las imágenes de los disturbios se propaguen fácilmente a través de las fronteras. En el mundo conectado de hoy, las ideas y los lemas pueden incluso saltar continentes sin esfuerzo, a menudo difundidos por teléfonos inteligentes. Algunos manifestantes catalanes han protestado llevando la bandera de Hong Kong y han adoptado tácticas similares, como ocupar un aeropuerto.

La chispa que ha desencadenado las manifestaciones masivas ha variado de país a país. En algunos lugares, fue un desencadenante económico, como un aumento en las tarifas del metro en Chile o un impuesto propuesto sobre WhatsApp en el Líbano. En otros lugares, el motivo ha sido más claramente político, como las nuevas leyes sobre ciudadanía y refugiados en India, o una propuesta de ley de extradición en Hong Kong.

También hay ciertos temas y tácticas comunes que surgen en un lugar tras otro: protestas por la dureza de la vida cotidiana; el disgusto ante la corrupción y la oligarquía; acusaciones de que las élites políticas y económicas carecen de compasión y son insensibles.

Las redes sociales son una poderosa herramienta de organización en todas partes, ya que permiten a los manifestantes recaudar quejas, eslóganes y tácticas de todo el mundo. En un esfuerzo por evitar que las protestas se vuelvan virales a través de las redes sociales, India ha cerrado las comunicaciones móviles en algunas de las ciudades afectadas por disturbios masivos.

Pero aunque las grandes manifestaciones se conjuran con mayor facilidad en las redes sociales, este nuevo tipo de revuelta 'sin líderes' también puede sufrir debido a su espontaneidad. Los hashtags y los memes de Internet son buenos para llevar a la gente a las calles rápidamente, pero pueden ocultar una falta de organización y estrategia.

Quizás como resultado, hasta ahora son relativamente pocas las manifestaciones que han logrado derrocar a los líderes; algunas protestas que tuvieron éxito, como las de Argelia, han continuado incluso después de cambios en el gobierno.

Pero las protestas masivas de 2019 muestran pocas señales de desvanecimiento. De hecho, a medida que el año llega a su fin, pueden estar cobrando fuerza. Enormes manifestaciones siguen desafiando al gobierno indio. La respuesta de la administración Modi ha sido torpe y violenta: el gobierno ha detenido a intelectuales prominentes frente a las cámaras de televisión y la policía ha utilizado tácticas brutales en contra de los estudiantes.

Todo eso fácilmente podría impulsar una oleada de disturbios en India en el nuevo año. Las protestas de Hong Kong siguen, y las confrontaciones en España y Chile también podrían intensificarse. Sobre todo, como lo han demostrado los últimos 12 meses, actualmente los disturbios estallan repetidamente en lugares inesperados, por razones imprevistas.

Entonces, aunque 2019 ya ocupa un lugar en los anales de las protestas callejeras, es posible que el año que realmente estremezca el mundo sea 2020.

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