FINANCIAL TIMES

La inflación se convierte ahora en la principal inquietud para Wall Street

¿Hay justificación para que los inversores le teman al impacto que tendrán sobre el índice de precios los paquetes de estímulo y la vasta compra de bonos de la Reserva Federal?

Wall Street tiene por fin un nuevo cuco. Después de preocuparse por el Covid-19, las guerras comerciales, las tasas de interés, la economía china o la desintegración de la eurozona durante la última década, la inflación surgió como un temor real, y los bonos están destrozados. ¿Tiene una verdadera justificación esta angustia?

A primera vista, lo único sorprendente parece ser la lentitud con la que ha ido creciendo la preocupación. Para combatir las consecuencias económicas de la pandemia, los 48 mayores bancos centrales recortaron las tasas de interés y compraron títulos de deuda por u$s 9 millones, según JPMorgan Asset Management.

La suma de los diversos paquetes de estímulo que lanzaron los gobiernos, la ayuda total, asciende al sorprendente monto de u$s 20.000 millones, según estimaciones de JPMorgan. 

Ahora que la vacunación avanza a ritmo acelerado y que las infecciones están disminuyendo en la mayoría de los países, los economistas suben agresivamente las proyecciones de crecimiento para 2021. 

Muchos esperan uno de los mayores auges de la historia: el FMI prevé una tasa de crecimiento mundial de 5,5% para 2021, la más alta en casi cinco décadas, teniendo en cuenta que los consumidores saldrán de los aislamientos con un colchón de ahorros y con ganas de algo más que videoconferencias, Netflix y mejoras en el hogar.

El FMI revisó al alza el crecimiento mundial y propuso medidas para la recuperación

Pero algunos inversores están empezando a entrar en pánico frente a las posibles consecuencias de este crecimiento acelerado: el largamente anunciado regreso de la inflación que haría desaparecer la rentabilidad de los bonos y podría desestabilizar los mercados a gran escala.

Los gestores de fondos ahora consideran que la inflación es el mayor peligro que corren los mercados, según la última encuesta que hizo Bank of America a los inversores en marzo. Es la primera vez que el alza de precios encabeza la lista de temores. No es casualidad que un "berrinche" en el mercado de bonos haya sido señalado como el segundo mayor riesgo de cola.

Podría decirse que los inversores ya tienen uno en sus manos. Los bonos del Tesoro de EE.UU. de mayor vencimiento retrocedieron ya casi 13% este año. Eso quizás parezca modesto en comparación con las caídas del mercado de valores, pero es el peor desempeño trimestral en al menos 34 años, señalan en Bespoke Investment Group. Muchos creen que se viene más dolor. El coro de pesimistas en cuanto a los bonos, al que nunca le ha faltado un barítono o un tenor durante la última década, se amplió notablemente este año porque una procesión de grandes gestores de carteras empezaron a cantar desde la misma partitura.

Ray Dalio, de Bridgewater, afirmó hace poco que no tiene sentido tener bonos porque los rendimientos "ridículamente bajos" de la renta fija implican que está prácticamente garantizado que se perderá dinero después de la inflación y es poco lo que ayudan a aislar una cartera de inversión más amplia de las caídas del mercado de valores.

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Bill Gross, el ex "rey de los bonos", también habló. La semana pasada reveló una apuesta contra los bonos del Tesoro de EE.UU., basada en la opinión de que el reciente paquete de estímulo de u$s 1,9 millones llevará la tasa de inflación norteamericana a entre 3% y 4% en el próximo año, y ejercerá presión sobre la Reserva Federal para que revise su postura súper acomodaticia.

Sin embargo, el discurso sobre la inflación va más allá de lo que los mercados realmente incluyen en los precios, lo que a su vez excede lo que es probable que ocurra.

La inflación se acelerará mecánicamente en los próximos meses, simplemente debido a los efectos de base de los datos del año pasado sacudidos por el coronavirus. Un incremento repentino del gasto post cuarentena podría dar un poco más de impulso a algunas áreas. Pero los mercados laborales no están precisamente diciendo que el crecimiento de los salarios vaya a ser un problema, y las perspectivas de inflación a largo plazo siguen empañadas por las mismas fuerzas seculares y poderosas que la han mantenido contenida durante décadas.

"La dinámica de la inflación cambia con el tiempo, pero no lo hace en un abrir y cerrar de ojos", subrayó el mes pasado el presidente de la Reserva Federal de EE.UU. Jay Powell ante el Senado. O como Kit Juckes, de Société Générale, lo expresaba con agudeza en una nota reciente en la que destacaba lo poco frecuente que era el fenómeno en un contexto histórico general: "La inflación es tan habitual como los dragones".

Jay Powell, presidente de la Reserva Federal de EE.UU (Reuters)

Sólo el "cóctel embriagador" de la reconstrucción posterior a la segunda guerra mundial, el nacimiento de los estados de bienestar, el colapso del sistema de tipos de cambio de Bretton Woods, la sindicalización y la crisis del petróleo contribuyeron a que la inflación se disparara en la década de 1970, dijo. Podría resurgir como una genuina amenaza a largo plazo, pero es probable que eso tarde décadas en manifestarse, no meses.

Tampoco es probable que los inversores abandonen masivamente los bonos. La compra de bonos puede parecer económicamente "estúpida", pero las regulaciones y la contabilidad rigen todo lo que nos rodea. Para amplias franjas de la industria de la inversión, como los fondos de pensiones y las aseguradoras, no existe una alternativa real para seguir invirtiendo billones de dólares en renta fija debido a las diversas normas que deben cumplir.

Además, los pesimistas en cuanto a los bonos olvidan el contexto internacional: Estados Unidos es ya una isla de retornos en un vasto océano de rendimientos de bonos inferiores a cero. El 1,7% de rendimiento de la deuda del Tesoro a 10 años actualmente es superior al que ofrece el 69% de todos los bonos del índice Bloomberg Barclays Global Aggregate, señala Iain Stealey de JPMorgan Asset Management.

Si sube mucho más, probablemente se produzca una oleada de dinero proveniente de inversores extranjeros hambrientos de rendimientos. Por lo tanto, mientras el crecimiento de los salarios -el verdadero indicador de la inflación general- no empiece a repuntar de manera abrupta, ese es un cuco al que los inversores todavía no deberían temerle tanto.

Traducción: Mariana Oriolo

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