FINANCIAL TIMES

Frenética carrera por entender la trombosis que causan las vacunas contra el Covid

Los científicos investigan si los vectores adenovirales de las vacunas de AstraZeneca y Johnson & Johnson provocan una reacción rara de coagulación sanguínea


La rara reacción de coagulación sanguínea que provocan las vacunas contra el coronavirus de Oxford/AstraZeneca y Johnson & Johnson se convirtió en tema de un acalorado debate científico sobre por qué la inyección puede desencadenar esa respuesta y cómo detenerla.

La reacción, que algunos científicos han llamado trombocitopenia trombótica inmunitaria inducida por la vacuna (VIITT, por sus siglas en inglés), se ha registrado en 300 de las 33,6 millones de personas que han recibido la vacuna de AstraZeneca en Europa y en al menos 8 de los 7,4 millones de receptores de la inyección de J&J en Estados Unidos.

Tras los problemas con AstraZeneca y Johnson & Johnson, Europa negocia un nuevo acuerdo con Pfizer

Como respuesta, se ha restringido o suspendido el uso de la vacuna de AstraZeneca en más de una docena de países, mientras que en EE.UU. se ha interrumpido la inoculación con dosis de J&J y la empresa postergó su lanzamiento en la UE.

Los científicos sostienen que si logran identificar el mecanismo que relaciona las vacunas con esta enfermedad extremadamente rara y a menudo mortal, los fabricantes de medicamentos podrían adaptar sus fórmulas para que directamente no suceda.

"Cuando uno conoce el mecanismo, sabe cómo prevenirlo", afirmó Johannes Oldenburg, profesor de medicina transfusional de la Universidad de Bonn, que preside un equipo que investiga el problema y los posibles tratamientos.

Pero por ahora la comunidad científica está dividida, ya que algunos especulan con que la respuesta podría estar causada por el vector adenoviral de las dos vacunas, y otros, entre los que se encuentran los científicos de la Universidad de Oxford que trabajaron en la vacuna AstraZenca, sostienen que no hay pruebas que lo confirmen.

Un grupo de científicos de laboratorios de Alemania y Austria, dirigidos por el experto en coagulación Andreas Greinacher, señaló en marzo que la inusual constelación de síntomas se parece a una rara reacción al medicamento anticoagulante heparina, llamada trombocitopenia inducida por heparina (TIH).

Por qué no debemos preocuparnos por la trombosis que puede provocar la inyección contra el Covid-19

La TIH se produce en cuatro de cada millón de personas que reciben el fármaco, y lleva al organismo a producir anticuerpos contra una proteína llamada factor plaquetario 4 (PF4). Eso hace que la sangre forme enormes coágulos en lugares inesperados, como el cerebro y el abdomen, que agotan el escaso suministro de plaquetas del organismo.

Las vacunas de AstraZeneca y J&J son vacunas con vectores adenovirales, al igual que la rusa Sputnik V y la desarrollada por la empresa china CanSino Biologics, lo que significa que utilizan un adenovirus, como el del resfrío común, para introducir la proteína de la vacuna en el organismo.

Las cuatro vacunas utilizan un adenovirus ligeramente diferente, pero en cada caso los científicos eliminan el material genético que le permitiría propagarse o causar la enfermedad. Luego, ese material se reemplaza por instrucciones genéticas para replicar la proteína espicular en la superficie del virus Sars-Cov-2 y engañar al organismo para que piense que se ha infectado con Covid-19.

Actualmente, una de las principales hipótesis entre los científicos es que en realidad son los adenovirus de las dos vacunas diferentes los que desencadenan una respuesta inmunitaria exagerada en un número muy reducido de personas, generando anticuerpos que atacan las plaquetas sanguíneas PF4.

El CEO de Pfizer reconoció que hará falta una tercera dosis para reforzar la vacuna

Hildegund Ertl, investigadora que trabaja con vacunas de adenovirus en el Instituto Wistar de Filadelfia, dijo que la reacción de ambas vacunas de J&J y AstraZeneca parece ser muy similar, por lo que "se teme que el causante sea el adenovirus".

AstraZeneca informó que está haciendo un esfuerzo "por entender los casos individuales, la epidemiología y los posibles mecanismos que podrían explicar estos hechos extremadamente raros".

Sue Pavord, que preside el Panel de Expertos en Hematología del Reino Unido, señaló que el adenovirus de chimpancé utilizado en la vacuna de AstraZeneca no suele infectar a los humanos, pero dijo que parte del material genético de la vacuna podría desencadenar esta rara respuesta inmunitaria mediante un proceso conocido como "homología de secuencia".

Puede haber, agregó, alguna conexión genética entre la heparina y las secuencias de ADN o proteína contenidas en el adenovirus, que está causando una respuesta de anticuerpos casi idéntica en algunos pacientes. "Esto se parece mucho a la TIH sin heparina. Es el mismo mecanismo", dijo.

Pavord y otros científicos también trabajan para dar con tratamientos para quienes presentan VIITT, que hasta ahora provocó la muerte de una de cada cinco personas que han presentado los síntomas en el Reino Unido. 

El más exitoso consiste en infusiones regulares de algo llamado gammaglobulina -una fracción proteica del plasma sanguíneo que contiene anticuerpos útiles- y ya ha reducido a la mitad la tasa de mortalidad.

John Bell, profesor titular de medicina en la Universidad de Oxford que ha supervisado el trabajo conjunto en torno a la vacuna entre la universidad y AstraZeneca, argumentó, sin embargo, que la hipótesis de la TIH carece de evidencias firmes.

Han intentado asemejar este síndrome a una TIH, "pero nadie ha sido capaz de explicar exactamente cómo funciona", dijo Bell. "Creo que la respuesta es que nadie lo sabe, incluidos los hematólogos".

Los científicos de Oxford analizaron el suero sanguíneo de 500 individuos que participaron de sus ensayos de vacunas y descubrieron que ninguno de ellos contenía anticuerpos PF4, según allegados a la investigación.

Más que una reacción al vector adenoviral, Bell piensa que es más probable que el trastorno sanguíneo sea una respuesta a la proteína espicular de la vacuna.

Los defensores de esta hipótesis destacan que el Sars-Cov-2 causa problemas de coagulación más graves, y mucho más frecuentes, que cualquiera de las actuales vacunas Covid-19. Los investigadores de Oxford descubrieron hace poco que los coágulos de sangre se producen en 39 de cada 1 millón de pacientes con coronavirus.

"Se trata de una característica de la enfermedad, lo que significa que está inducida por el virus, o por un poco del virus", dijo Bell. "Algunas vacunas pueden producir más proteína espicular que otras. Creo que es algo que tenemos que considerar".

Las vacunas de vectores adenovirales están en desarrollo desde la década de 1980 y están muy probadas, pero hasta el Covid-19 la tecnología se había utilizado sólo en una inoculación disponible para la venta: una vacuna contra la rabia para inmunizar a los animales salvajes.

Otros científicos también opinan que es demasiado pronto para culpar al vector adenoviral, sobre todo porque aún no se ha establecido una relación causal definitiva entre el trastorno sanguíneo y ninguna de las vacunas.

"Podría ser un contaminante, o los conservantes, o los estabilizadores", dijo Gary Nabel, que descubrió la primera vacuna contra el ébola y fue director científico de Sanofi hasta fines del año pasado. "Si fuera uno de ellos, se podría eliminar y hacer [que la vacuna] sea potencialmente segura".

Traducción: Mariana Oriolo

Tags relacionados

Comentarios

  • GAB

    Gabriel Andres Brancolini

    20/04/21

    En serio nadie se da cuenta que esto pasa con los que transitan los primeros días de covid?

    0
    0
    Responder