Financial Times

Bolsonaro enfrenta su peor momento con un gran dilema económico

El presidente de Brasil debe decidir si contener la deuda pública o ir por una recuperación lenta. El estímulo inicial para combatir la pandemia lo dejó con poco margen para gastar este año.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, empezó el nuevo año con una confesión: "Brasil está en quiebra. No hay nada que pueda hacer".

La mayor economía de América latina amortiguó el golpe económico inicial del coronavirus en 2020 con un enorme paquete de estímulo superior al 8% del PBI, lo que se tradujo en una contracción de la producción de casi 5%, caída considerablemente menor a que registraron otros países de la región.

Pero esto deja a Brasil con una deuda pública de más del 90% del PBI, superior a la cualquier economía en desarrollo importante, además de China, y los inversores empiezan a ponerse nerviosos.

El aumento del desempleo, la propagación descontrolada del coronavirus y las demoras en los programas de vacunación, además de la titubeante agenda de reformas del gobierno, contribuirán para que este año la recuperación sea débil. El FMI prevé que el PBI de Brasil crecerá 3,6%, por lo que quedará muy por debajo de su nivel anterior a la pandemia.

Y, tal como hace poco afirmó Bolsonaro, hay poco margen para impulsar la reactivación con una nueva ronda de estímulos. El tope del gasto público introducido en 2016 limita el monto a los gastos efectuados el año anterior, ajustados por la inflación. Eso se convirtió en una señal clave para los inversores de que las finanzas públicas están bajo control.

"La sociedad demanda un mayor gasto social e inversión pública. [Pero] no tenemos margen para eso", dijo Solange Srour, economista jefe de Credit Suisse en Brasil. "Los inversores se preguntan por la sostenibilidad de la deuda [de Brasil]. Entienden la fragilidad de nuestras cuentas. . . El mayor desafío de este año es  cumplir con el tope del gasto".

La interrupción del gasto de estímulo se sentirá con más fuerza en el vasto sector informal de Brasil, que abarca decenas de millones de ciudadanos que no están registrados en los datos de empleo oficiales, pero que recibieron ayudas mensuales en efectivo el año pasado como parte del esfuerzo de asistencia por la pandemia. También es probable que repercuta en el nivel desempleo del país, que ahora afecta a 14,1 millones de personas, frente a los 12,3 millones antes de la pandemia.

"No hay recuperación de puestos de trabajo ni perspectivas de que eso suceda. La única razón por la que la tasa de desempleo no ha subido más es porque la gente no ha regresado tanto al mercado laboral. Y los segmentos que más sufren son los de la economía informal", señaló Silvia Matos, coordinadora del Instituto Brasileño de Economía. "El sector de servicios también está aún muy por debajo del nivel anterior a la crisis".

El FMI prevé que el PBI de Brasil crecerá 3,6%, por lo que quedará muy por debajo de su nivel anterior a la pandemia.

Luciano Rostagno, estratega jefe del banco Mizuho, dijo que mucho dependerá de si el gobierno puede frenar la segunda ola de coronavirus y desplegar eficazmente su programa de inmunización.

"La propagación de una segunda oleada de Covid-19 y las demoras en la vacunación pueden desencadenar un comportamiento de ahorro preventivo, lo que hará caer aún más el consumo", advirtió.

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En consecuencia, la mayoría de los economistas coinciden en que no se puede detener por completo la ayuda.

"El mejor desempeño de Brasil el año pasado tuvo mucho que ver con el enorme estímulo fiscal. Eso se va a retirar en un momento en el que la demanda privada no está lista" para generar un estímulo, dijo William Jackson, economista jefe de mercados emergentes de Capital Economics.

Una forma de sortear el dilema sería que el Congreso aprobara una enmienda constitucional de emergencia que disminuya las obligaciones de gasto del gobierno, principalmente los salarios y las jubilaciones del sector público, que se llevan casi el 95% de su presupuesto.

Pero el Congreso, cuyo receso termina la semana que viene, protege ferozmente los beneficios del sector público, por lo que no sería fácil aprobar una legislación de este tipo.

También sería políticamente impopular. Cuanto más se acerque el país a las elecciones federales del próximo año, menos probable será que Bolsonaro promueva reformas económicas que puedan causar sufrimiento económico a parte de sus votantes. Dada la proximidad de los comicios, el presidente podría verse tentado a retomar el gasto de estímulo para aumentar su popularidad.

"Con el aumento de la pandemia, es natural que vuelva la discusión sobre los beneficios. [Pero] la preocupación del gobierno va más allá de la economía y tiene que ver con la caída de la popularidad del presidente", dijo Sergio Vale, economista jefe de MB Associados.

Eso deja a los inversores analizando si están dispuestos a seguir financiando el gasto público.

La mayor parte de la deuda brasileña está en moneda local, lo que significa que el país puede evitar el tipo de crisis de deuda externa que atormenta a la vecina Argentina. Pero aún existe la posibilidad de una crisis en los mercados internos si crece la preocupación de los inversores.

La curva de rendimiento de los bonos soberanos brasileños se empinó bruscamente en la segunda mitad del año pasado, lo que refleja las mayores primas que exigen los inversores para prestar a largo plazo.

Los inversores también quieren más reformas económicas -en particular una reforma administrativa que disminuya los costos del Estado, que según estimaciones del ministro de Economía Paulo Guedes permitirán al país ahorrar u$s 57.000 millones en la próxima década- y medidas para simplificar el complicado régimen tributario de Brasil.

"Cuando el inversor extranjero mira Brasil, le preocupa la situación económica y el clima de negocios", dijo Paulo Feldmann, profesor de economía de la Universidad de San Paulo. "El transporte es muy caro, la energía es costosa, la presión fiscal es elevada. Eso asusta a las compañías, sobre todo en unmomento en que la economía se deteriora y el desempleo y la inflación [están] en aumento".

Srour, de Credit Suisse, dijo que "lo más importante es que Bolsonaro mejore la articulación de las políticas en el Congreso", refiriéndose a la relación áspera e improductiva que mantiene el presidente con la legislatura.

"No debería ser difícil que Brasil crezca 4% este año, pero tenemos que transmitir la señal de que las cuentas se mantendrán bajo control y eso depende mucho del ejecutivo", agregó Srour. "Bolsonaro tiene que hacer más".

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Traducción: Mariana Oriolo

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