EE.UU. SE EST CONVIRTIENDO EN GENERADOR NETO DE INESTABILIDAD GLOBAL

Wall Street hace la vista gorda ante el riesgo político que representa Trump

El presidente estadounidense tiene el peor nivel de aprobación de cualquiera de sus antecesores, pero el mercado lo ignora en tanto las acciones sigan con marcas récord

Washington y Wall Street no pueden tener razón ambos. Por un lado, el futuro del orden internacional liberal pende de un hilo.

Donald Trump es un tiro al aire con un nivel de aprobación que nunca fue tan bajo a esta altura de cualquier presidencia. Washington y el mundo están en estado de temor.

Por el otro, Wall Street sólo ve hacia adelante el cielo despejado. Los índices de acciones norteamericanas siguen marcando máximos récord.

El último pico fue el viernes pasado, sólo un día después de que Trump anunciara la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París sobre cambio climático. La brecha entre los inversores y políticos es en general amplia. Pero esta vez está yendo demasiado lejos.

Hace unas pocas semanas, las elevadas valuaciones de Wall Street tenían más sentido intuitivo.

En ese punto antes de la decisión de Trump de despedir al director del FBI James Comey los mercados contaban con la "Trumpflación". Las posibilidades de un estímulo por el recorte de impuestos todavía son razonables.

Sin embargo, el mes pasado las probabilidades de que algo grande pase por el Congreso han cedido y siguen deteriorándose. Se suponía que ésta era para el gobierno la semana de la infraestructura. Pero el plan que está promocionando Trump que siendo de u$s 20.000 millones por año no se acerca para nada al u$s 1 billón prometido quedará tapado por la audiencia de Comey ante el Congreso.

Sin embargo, los mercados de acciones ignoran todo eso. Habiendo apostado al lado positivo de Trump, Wall Street está haciendo caso omiso a las señales de advertencias globales. ¿Quién de los dos tiene razón?

En defensa de Wall Street, se necesita un cataclismo político para alterar los fundamentals a corto plazo de una economía. Aún así, el impacto rara vez es duradero. Durante las audiencias del juicio político a Bill Clinton en 1999, el Dow Jones siguió subiendo. El hecho de que un presidente tuviera una aventura sexual con una becaria de la Casa Blanca no le hacía sombra a la revolución de Internet.

La crisis del Watergate a principios de los setenta sólo contribuyó levemente a la crisis del petróleo que sacudió los mercados globales. Además, los mercados de acciones hoy tienen otras razones para festejar. El crecimiento en la eurozona finalmente está repuntando. Las ganancias de las empresas estadounidenses están sólidas. Las posibilidades de una leve retirada de la era del dinero barato son buenas a ambos lados del Atlántico.

Sin embargo, los mercados hacen la vista gorda en cuanto a los riesgos que significa Trump para el orden global. Contrariamente a los escándalos de Nixon y Clinton, la amenaza que genera el mandatario tiene poco que ver con su posible juicio político. Si su campaña conspiró con Rusia es secundario. Los riesgos provienen de la hostilidad de Trump con el orden mundial que construyó Estados Unidos. Cada día es más imprevisible. Sin poder contar con los bienes comunes globales que proveyó Estados Unidos en los últimos 70 años, todas las apuestas irán para abajo.

¿Qué ocurre si Trump retira a Estados Unidos de la Organización Mundial de Comercio? ¿Y qué respondería Trump si Rusia se devora uno de los países Bálticos? ¿Qué sucedería si se produce un choque entre EE.UU. y China en el Mar del Sur de China?

Esas situaciones son poco probables. Ninguna es estrafalaria. Sin embargo, es difícil que los mercados reflejen en sus precios el creciente riesgo de que alguno de ellos aparezca en el radar de Trump. "Una cosa es incluir en los precios el riesgo geopolítico. Otra es fijarle valor a una incertidumbre radical", dijo Douglas Rediker, ex director norteamericano del Fondo Monetario Internacional. El peligro es que con el correr del tiempo, Trump convierta la incertidumbre extrema en riesgos específicos.

El mayor peligro es el que afecta la estabilidad transatlántica. La pelea entre Trump y Angela Merkel de Alemania probablemente se intensifique. Merkel necesita ser reelecta y Trump está resentido por el sermón europeo. El resultado es una Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) debilitada.

La tentación de Vladimir Putin de poner a prueba la determinación de la OTAN es mayor que nunca. Xi Jinping de China quiere mantener las cosas estables hasta haberse asegurado otros cinco años como presidente en septiembre. Después de eso, China tendrá más libertad de probar la determinación de Estados Unidos en su vecindario.

Luego está Medio Oriente. Trump aparentemente apoya la ruptura de las relaciones con Qatar encabezada por Arabia Saudita, aunque Doha hospeda a miles de soldados norteamericanos.

¿Quién se atreve a pronosticar hacia dónde conducirá eso? Esa también es una gran pregunta. Después de haber reforzado la estabilidad global durante décadas, Estados Unidos bajo el gobierno de Trump se está convirtiendo en un generador neto de inestabilidad. ¿Cómo hace uno para cubrirse contra una Norteamérica de alto impacto? Tradicionalmente, el mejor indicador del riesgo geopolítico es el precio del petróleo. En este momento los precios del crudo están bajos.

Sin embargo, tomar una posición larga en petróleo parece una cobertura débil contra el incalculable riesgo que genera Trump.

 

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