Vargas Llosa: "América latina disfruta de una ola democrática"

El premio nóbel de literatura, único sobreviviente del boom latinoamericano, cree que Estados Unidos cayó en la trampa de la demagogia

Estamos hablando de las noticias del día. Donald Trump ha promulgado en Twitter la militarización de la frontera con México, y le pregunto al novelista ganador del Premio Nobel, Mario Vargas Llosa, si el presidente estadounidense le recuerda a los populistas y demagogos latinoamericanos sobre quienes ha escrito toda su vida.

"Trump es muy tercermundista. ¿Quién habría pensado que EEUU sucumbiría ante semejante demagogia?", responde. "En cuanto a los republicanos, bueno, solía ser el partido de las instituciones y la responsabilidad. El hecho de que se hayan bajado los pantalones bajo Trump, como dice el refrán español, ha sido todo un espectáculo".

Vargas Llosa continúa: "Pero, ¿por qué no hablamos de cosas más alegres? Es importante permanecer optimistas. Hay muchos motivos para ser optimistas".

La edad ha suavizado el humor de Vargas Llosa. Ahora ya de 82 años de edad, es conocido en todo el mundo por la extraordinaria calidad de su prosa, su versatilidad como escritor y su compromiso político. Este pensador ha luchado toda su vida por la democracia, el libre mercado y la libertad personal. Incluso se postuló como candidato a la presidencia peruana en 1990, pero perdió en una cerrada contienda contra el dictador y violador de los derechos humanos Alberto Fujimori, la antítesis de todo lo que Vargas Llosa apoya.

"EE.UU. puede haber caído en la trampa de demagogia, pero América Latina está disfrutando de una ola democrática", dice Vargas Llosa con obvio entusiasmo. "El atractivo del gobierno militar se ha desvanecido. Nadie lo apoya ya, ni las élites estadounidenses ni las locales". Hace un puño con su mano izquierda mientras habla. "El socialismo tampoco tiene mucho apoyo. Toda la región, aparte de Cuba y Venezuela, ahora son democracias reales, con defectos e imperfecciones, pero democracias. Esto es un gran paso de avance".

Me gustaría estar de acuerdo con su optimismo sobre América Latina, y creo que sí lo estoy. Aun así, la región enfrenta un maratón de elecciones presidenciales este año. Como en todas partes, los ánimos están caldeados, las emociones son fuertes, predomina la aversión al sistema y los candidatos populistas encabezan las encuestas. Le pregunto cómo ve el panorama político de América Latina.

Vargas Llosa se muestra optimista con respecto a Brasil, a pesar de que Lava Jato, una investigación de corrupción profundamente perturbadora, ha provocado el enjuiciamiento y la condena por corrupción de decenas de políticos y líderes empresariales, incluyendo, de forma muy polémica, dos días después de nuestro almuerzo, al ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva. "El movimiento anticorrupción es profundamente democrático. Debería construírseles un monumento a esos valientes jueces", exclama.

¿Y qué hay de Venezuela? "Es trágico. Lo único positivo de Venezuela es que le muestra al resto de la región qué no hacer". Argentina es una muestra de este cambio esperanzador. "El peronismo está en retroceso". Pero ¿qué hay de su Perú natal, donde Pedro Pablo Kuczynski, o PPK, renunció a la presidencia en marzo en medio de acusaciones de corrupción? "El final de PPK fue triste... Aun así, la democracia peruana sigue viva. El vicepresidente ha tomado el control de forma legítima. Una democracia corrupta es mejor que una dictadura no corrupta, porque esta última deja un legado venenoso".

Vargas Llosa no siempre fue un liberal tan comprometido. Mostraba un entusiasmo juvenil por la revolución cubana, pero rompió con La Habana a principios de la década de 1970. "Me sentí como un sacerdote secularizado; liberado pero perdido", dice. "Hasta que me mudé a Londres". Allí, durante la época de Margaret Thatcher, volvió a forjar su brújula política, tras leer mucho a Adam Smith, Friedrich Hayek e Isaiah Berlin. Ese liberalismo clásico, incluso entre los fanáticos de su ficción, a menudo resulta chocante en una parte del mundo donde los puntos de vista izquierdistas todavía se toman como una insignia de honor intelectual. Sin embargo, tampoco es un gran defensor de la derecha conservadora. Su polémico respaldo a Ollanta Humala casi seguramente inclinó las elecciones peruanas de 2011 hacia el líder izquierdista y en contra de Keiko Fujimori, hija de su archienemigo. También apoya el proceso de paz de Colombia con las guerrillas marxistas.

El tema de la violencia estimulada por las drogas y la mejor forma de enfrentarla nos lleva a México, país que enfrenta una elección presidencial existencial el 1 de julio. Andrés Manuel López Obrador, un anticuado patriarca nacionalista y egocéntrico del tipo que detesta Vargas Llosa, encabeza las encuestas. Contra él en la contienda está el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el cual gobernó durante mucho tiempo y que Vargas Llosa describió como "la dictadura perfecta". ¿Por cuál votaría él?, le pregunto.

"La terrible violencia y corrupción en México son producto de las toxinas persistentes del PRI", dice, sopesando el mal menor. "Pero, tapándome la nariz, creo que votaría por su candidato. López Obrador representa un terrible paso atrás". Se golpea la frente. "No puedo creer que yo haya dicho eso. Por supuesto, también hay una tercera opción, [el candidato de centro derecha] Ricardo Anaya. Es joven e inteligente".

Le pregunto sobre el erotismo que se encuentra en gran parte de su escritura, desde las cartas de amor y cuentos pornográficos que escribió para otros cadetes en la escuela militar a cambio de cigarrillos, hasta su última novela, un "thriller" ambientado en Lima durante los años oscuros de Fujimori cuando las esposas de dos ricos empresarios terminan en la cama durante un toque de queda. "Bueno, ya sabes cómo es esto en América Latina. El erotismo es inevitable incluso cuando simplemente caminas por las calles".

Simpatizo con la fuerza de un amour fou, le digo, sin embargo, ¿cómo soporta él a los paparazzi y los artículos de las revistas de entretenimiento que tanto odia y que ahora se han convertido en parte de su nueva vida?

"Bueno, si entiendes el amour fou, entonces lo has experimentado y lo conoces", me dice en broma. "El amor siempre viene con pruebas. De lo contrario, no sería amor. Las pruebas lo fortalecen. Ayudan a forjar el amor. Pero el amor siempre tiene un precio. Todo tiene un precio".

"¿Incluso la literatura?", le pregunto.

"No. La literatura, especialmente la lectura, sólo me ha dado satisfacción", murmura.

Vargas Llosa me dice que está comenzando una nueva novela, y me pregunto si alguna vez dejará de escribir. "Escribir es lo que hago. Es mi vida", me responde de inmediato. "Estar vivo pero muerto es lo peor que hay, aunque les pasa a muchas personas". Luego Vargas Llosa inclina la cabeza hacia la mesa en un gesto de abundante gracia y humanidad que yo no había esperado ver dos horas antes. "De hecho, espero morirme escribiendo".

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