Puede ser una tormenta pasajera, pero nadie se atreve a afirmarlo

Las tormentas financieras no son nada nuevo para los administradores de carteras especializados en monedas y bonos del mercado emergente. Durante la última década, cada episodio de volatilidad pasó. Los problemas de Turquía son síntomas de que vendrán problemas más serios.

Los bancos turcos ya antes resistieron a tempestades, incluyendo la redenominación de la moneda en 2005.

El problema es la debilidad de las empresas no financieras turcas debido a su endeudamiento en moneda extranjera que equivale 35% del PBI de Turquía, señaló Credit Suisse. Ninguna otra nación emergente se le acerca.

Turquía representa entre 3% y 5% del universo de inversiones en bonos de mercados emergentes, dependiendo del índice. Un mercado de bonos bajista implica que están desapareciendo alternativas atractivas. La venta de deuda turca obliga a decidir adónde ir luego. ¿Brasil, Rusia o liquidez? Ésta última opción parece más tentadora en la medida en que el tipo de cambio del dólar ofrezca retornos ajustados por inflación positivos.

Frente al derrumbe de la moneda turca, el líder Recep Tayyip Erdogan se ve presionado a analizar políticas fiscales y monetarias más conservadoras. Sin ellas, será necesario aplicar controles de capitales. Las tenencias en moneda extranjera sólo cubren cerca de una cuarta parte de las deudas corporativas externas.

Pero los controles de capitales conllevan sus propios problemas. El índice de acciones turcas de MSCI está en sus niveles de 2003 en términos de dólar. Los controles podrían implicar un descenso a la categoría de país fronterizo conforme a los criterios de MSCI. Y con ese tipo de advertencia de huracán, disminuye aún más el interés por el riesgo entre los gestores de activos del mercado emergente.

¿Será esta una tormenta pasajera para Turquía y los bonos de mercados emergentes? ¿O una manifestación de un mercado de bonos bajista aún mayor?

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