Piketty: "Es momento de repartir la riqueza y fijar agenda redistribucionista para reducir la desigualdad"

La premisa del economista y autor francés es que la desigualdad es una elección política. Es algo que las sociedades eligen, no un resultado inevitable de la tecnología y de la globalización.

Capital and Ideology (Capital e ideología), un nuevo libro del economista y autor francés Thomas Piketty, no se publicará traducido al inglés hasta marzo del año próximo. Pero compré un ejemplar en su idioma original. Mi conclusión: el tomo de 1200 páginas podría tener mayor influencia política que la visión general de la desigualdad de 2013 que el economista francés presentó en su libro El capital en el siglo XXI.

En parte debido a ese libro, la desigualdad se ha disparado al tope de la agenda de la izquierda, especialmente en dos países que son particularmente desiguales: EE.UU. y el Reino Unido. Elizabeth Warren ahora tiene la oportunidad de convertirse en la presidenta estadounidense más redistribuidora desde Franklin D Roosevelt, mientras que un líder laborista elegible post-Corbyn podría lograr algo similar en el Reino Unido.

Piketty explica por qué éste quizás sea el momento para que ocurra un giro hacia la igualdad, y qué políticas podrían permitir que eso suceda. Su premisa es que la desigualdad es una elección política. Es algo que las sociedades eligen, no un resultado inevitable de la tecnología y de la globalización. Mientras que Karl Marx veía la historia como una lucha de clases, Piketty la ve como una batalla de ideologías.

El autor advierte que cada sociedad desigual crea una ideología para justificar la desigualdad. Eso permite que los ricos duerman cómodamente dentro de sus casas mientras los indigentes se congelan a la intemperie.

En su ambiciosa historia de la desigualdad —que abarca de la India antigua al EE.UU. de hoy —, Piketty relata las justificaciones que se repiten en el tiempo: "Las personas ricas merecen su riqueza". "La riqueza se filtrará". "Los ricos lo devuelven a través de la filantropía". "La propiedad representa libertad". "Los pobres no se lo merecen". "Una vez que se comienza a redistribuir la riqueza, no sabremos dónde detenernos y habrá caos" (un argumento favorito tras la Revolución Francesa). "El comunismo fracasó". "El dinero irá a las personas de raza negra" (argumento que, según Piketty, explica por qué la desigualdad sigue siendo más alta en países con divisiones raciales históricas como Brasil, Sudáfrica y EE.UU.).

Todas estas justificaciones se suman a lo que él llama la "sacralización de la propiedad". Pero ahora, escribió, la "narrativa propietarista y meritocrática" se está debilitando. Cada vez se comprende más que la llamada meritocracia ha sido capturada por los ricos, los cuales inscriben a sus hijos en las mejores universidades, compran partidos políticos y ocultan su dinero para pagar menos impuestos.

Además, señala Piketty, los ricos son en su gran mayoría de sexo masculino y sus estilos de vida tienden a ser particularmente perjudiciales para el medio ambiente. Donald Trump —un heredero sexista que niega la existencia del cambio climático y que fue elegido presidente sin publicar sus declaraciones de impuestos— encarna el problema.

De hecho, el apoyo a la redistribución crece incluso más rápido de lo que Piketty reconoce, especialmente en EE.UU. Según un sondeo del HuffPost/YouGov, más del doble de los estadounidenses en la actualidad siente más desconfianza que admiración por los multimillonarios. Los millennials sospechan particularmente del éxito.

Más adultos estadounidenses menores de 30 años afirman que creen más en el "socialismo" que en el "capitalismo", según lo reportado por los encuestadores de Gallup. Esta generación es dueña de muy poco para sacralizar la propiedad.

Los partidos de centroderecha en el Occidente han adoptado el populismo debido a que su historia de bajos impuestos y de gobierno limitado ya no era popular. El populismo de derecha representa el actual estado de ánimo antielitista y antimeritocrático.

Piketty presenta una nueva agenda redistribucionista. Clama por la "justicia educativa", lo que significa esencialmente gastar la misma cantidad en la educación de cada persona. Pero su principal propuesta es la de los impuestos al patrimonio. Lejos de abolir la propiedad, quiere extenderla a la mitad inferior de la población que, incluso en los países ricos, nunca ha poseído mucho. Para hacer eso, explica, hay que redefinir la propiedad privada como "temporal" y limitada: puedes disfrutarla durante tu vida, en cantidades moderadas.

Piketty propone impuestos a la riqueza del 90% para los multimillonarios. A partir de los ingresos, un país como Francia podría otorgarle a cada ciudadano un fondo fiduciario por valor de alrededor de 120.000 euros a los 25 años. Afirma que los impuestos extremadamente altos no impidieron el rápido crecimiento entre 1950 y 1980. Los defensores de la desigualdad propondrán las justificaciones habituales en contra de esa idea. Sin embargo, en este momento, los redistribucionistas son los que tienen las mejores chances.

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