Opositores temen que Bolsonaro represente una amenaza para la democracia brasileña

Sus votantes quieren usarlo como "bola de demolición" contra un establishment político considerado corrupto e incompetente que tiene al PT como principal exponente

Para la empresaria brasileña Shirley Santos, la única opción era votar al político de extrema derecha Jair Bolsonaro ayer en la segunda vuelta de una de las elecciones más polémicas de los últimos tiempos en el país más grande de Latinoamérica.

Dada la precaria situación de su empresa de importación de bienes de lujo como consecuencia de años de recesión, no podía concebir la idea de votar al Partido de los Trabajadores (PT) de izquierda o de que el rival de Bolsonaro, Fernando Haddad, ganase por quinta vez consecutiva.

"No creo que Bolsonaro esté calificado y no creo que vaya a cambiar el país como piensan algunos fanáticos, pero es imposible continuar con el PT", sostiene.

Santos es un ejemplo típico de los millones de votantes que se inclinaron por votar a Bolsonaro. El excapitán del ejército, cuya retórica suena como la del presidente de Estados Unidos Donald Trump y el presidente de Filipinas Rodrigo Duterte, asumirá el control de un país polarizado entre la izquierda y la derecha y con una imperiosa necesidad de reforma económica para evitar volver a sumirse en la crisis.

Al electo diputado por siete veces consecutivas se lo conoce como un defensor de la dictadura militar de 1964-85, por apoyar la tortura y hacer comentarios denigrantes sobre los homosexuales, las mujeres y los negros.

Pero a la mayoría de los votantes no parecieron importarles estas amenazas. Quieren usarlo como bola de demolición para acabar con lo que consideran un establishment político irremediablemente corrupto e incompetente, empezando por el PT. Muchos consideran sus comentarios menos picantes un cambio renovador de la irritable corrección política asociada a la izquierda.

"Se transformó en un punto de convergencia para diversos e innumerables puntos de descontento con un sistema político corrompido hasta la médula", afirma Daniel Aarão Reis, profesor de historia contemporánea de la Universidade Federal Fluminense de Niterói.

Las opiniones están divididas en cuanto a si Bolsonaro podría hacer peligrar uno de los logros que a Brasil más le costó conseguir: su democracia. A juzgar por su estilo al menos, Bolsonaro muestra varios de los rasgos de los populistas que triunfaron en un mundo en los últimos años, desde Turquía y Rusia a Filipinas.

Hizo su carrera dejando estupefactos a sus entrevistadores con comentarios provocadores. Por ejemplo, ha declarado que el principal error de la dictadura fue no matar a más personas, y que cerraría el Congreso el mismo día en caso de ser elegido presidente. Apenas días atrás, dijo en un acto electoral que el PT, "estos marginales [matones] rojos", "será expulsado de nuestra patria" y prometió que Haddad iría a la cárcel. Francis Fukuyama, el científico político de la Universidad de Stanford, lo describió como una amenaza para la democracia.

Sin embargo, esos temores no los comparten todos, ya que algunos observadores consideran que la amenaza es exagerada. Brasil tiene una política federal, fiscales y un poder judicial independientes que pueden resistir la presidencia de Bolsonaro, afirma Chris Garman de la consultora política Eurasia Group. "Brasil tiene instituciones relativamente robustas", agrega.

Nacido en el interior de San Pablo en 1955 en el seno de una familia humilde, Jair Bolsonaro se enlistó en el ejército de joven, antes de ingresar en la arena política a fines de la década de 1980, después de lo cual cambió de partido casi diez veces.

En 2014, los principales partidos se vieron envueltos en la investigación de sobornos más importante de Brasil, el Lava Jato, u operación de lavado de autos, en la que se analizaron los vínculos entre el establishment político y las grandes empresas. Mientras otros políticos fueron víctimas del escándalo, Bolsonaro utilizó las redes sociales en forma agresiva para llenar el vacío político, cortejando a los votantes con una mezcla de conservadurismo fue rebautizado en el río Jordán y liberalismo económico.

Hoy sus seguidores van desde activistas de extrema derecha que esperan el regreso de la dictadura militar y empresarios que buscan políticas económicas liberales hasta cristianos evangélicos que apoyan "valores familiares tradicionales" y otros que esperan medidas severas contra el delito.

"Jair Bolsonaro no está en contra de las mujeres, Jair Bolsonaro está en contra de la anarquía, la confusión que estas feministas están generando en Brasil", sostiene Cleuzenir Barbosa, candidata a diputada de Minas Gerais por el partido Social Liberal de Bolsonaro que perdió.

El fundador del PT, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, preso desde abril pasado por corrupción, seguía aventajando a Bolsonaro en las encuestas cuando las actividades electorales comenzaron en agosto. Pero fue reemplazado por alguien menos carismático: Haddad, un abogado, economista y profesor. Para la misma época, Bolsonaro fue apuñalado durante un acto de campaña. El ataque obtuvo cobertura de televisión completa en el prime time. Los votantes se mostraron solidarios. Bolsonaro registró una rotunda victoria en la primera vuelta con 46% de los votos desde el hospital en comparación con el 29% que obtuvo Haddad. Luego de ello, manejó la campaña de la segunda vuelta principalmente desde su casa, y se negó a participar en debates televisivos.

"Cómo voy a debatir con una persona que es... un títere, un muñeco", Bolsonaro se refiere en forma despectiva a Haddad.

Los mercados tienen grandes expectativas en relación con el nuevo presidente. A diferencia del PT, al que se acusa de destruir la economía durante la presidencia de la sucesora de Lula da Silva, Dilma Rousseff, Bolsonaro busca formar un equipo económico integrado por tecnócratas que respondan a su asesor Paulo Guedes, un financista graduado de la Universidad de Chicago.

Si logra implementar las reformas, esto podría propiciar un nuevo círculo virtuoso para Brasil, afirma Tony Volpon, economista de UBS. La recesión que comenzó en 2014 e hizo caer más de siete puntos porcentuales a la economía de Brasil terminó en 2016, pero el rebote desde entonces fue moderado. El país creció solo 1% en 2017 y según una

encuesta llevada a cabo por el banco central se espera un crecimiento de solo 1,3% este año.

"Hay una buena historia cíclica en Brasil porque no hemos tenido un año de recuperación", afirma Volpon, y agrega que factores globales tales como la guerra comercial entre Estados Unidos y China habían generado inquietudes, pero esos fondos seguían asignando más dinero a Brasil. Desde septiembre, el real subió alrededor de 11% con respecto al dólar. "La gente finalmente está pensando que quizás el año próximo logremos registrar ese crecimiento".

Guedes ha impulsado un ambicioso programa de privatización de 147 empresas estatales importantes para pagar 20% de la creciente deuda pública de Brasil. Sin embargo, Bolsonaro, que supo ser un feroz detractor de las privatizaciones, advirtió que algunas áreas, como la generación de electricidad y las operaciones upstream de Petrobras, no se verán afectadas por dicho programa.

Guedes quiere simplificar el sistema tributario diabólicamente complicado de Brasil en un único impuesto universal del 20% y reducir el déficit presupuestario primario la brecha sin incluir pagos de intereses a cero para 2020, un objetivo ambicioso, revela Jimena Blanco, directora de Verisk Maplecroft.

La principal reforma, sin embargo, es la reforma del costoso y, en general, injusto sistema previsional, que permite a muchos trabajadores jubilarse con poco más de 50 años y beneficia a funcionarios públicos bien remunerados. Bolsonaro afirmó que apoya algún tipo de reforma previsional, pero descartó la versión que ya elaboró el actual presidente Michel Temer.

Estas reformas también serán difíciles de implementar. Con 30 partidos en el Congreso, Bolsonaro deberá obtener la mayoría de dos tercios necesaria para aprobar una modificación de la constitución tal como una reforma previsional. Pero deberá haber algún tipo de cambio relativamente pronto, sostienen los economistas, caso contrario la luna de miel de Bolsonaro con los mercados podría ser efímera.

"Si no contamos con un grupo importante de reformas que traten los principales problemas del país el desequilibrio de las cuentas públicas, la economía cerrada, la baja productividad, correremos el riesgo de que la crisis regrese a gran velocidad", sostiene Marcos Lisboa, presidente de la escuela de negocios Insper de San Pablo.

Otros advierten que Bolsonaro podría querer usar su capital político para cumplir primero los compromisos de su agenda social, en lugar de priorizar la reforma económica. Para satisfacer a sus seguidores de línea más dura, podría intentar liberalizar la tenencia de armas, relajar las normas relativas a la policía en conflictos armados con delincuentes y reduciría la edad de responsabilidad penal de los jóvenes.

"Bolsonaro no querrá gastar todo su capital político en la reforma previsional el primer día. La gente tiene estar preparada y no hay que defraudarla", sostiene Volpon de UBS.

Para otros, sin embargo, estas inquietudes son insignificantes en comparación con lo que perciben como instintos autoritarios de Bolsonaro. Sus propuestas de relajar los controles sobre los oficiales de policía, por ejemplo, son activistas alarmantes en un país en el que el número de asesinatos a manos de policías está entre los más altos del mundo. La gran mayoría de las víctimas son hombres jóvenes negros o de piel más

oscura, que en 2015 y 2016 representaron tres de cada cuatro personas asesinadas por la policía.

"En Brasil ya estamos viviendo un genocidio de la población de raza negra", afirma Adilson Moreira, un profesor de derecho constitucional y derechos humanos de San Pablo formado en Harvard.

Algunos creen que la desagradable retórica de la campaña se vincula con un aumento de los atentados por motivos políticos. Bolsonaro fue la víctima más visible cuando un hombre lo apuñaló aseverando que era por orden de Dios. En Bahía, Romualdo Rosário da Costa, maestro de capoeira, un arte marcial tradicional, fue asesinado en medio de una discusión por motivos políticos.

Otros se preguntan qué pasaría si Bolsonaro se viese sometido a presión del Congreso o la Corte Suprema. Su hijo, Eduardo, que también es diputado, generó alarma cuando circuló un video en el que niega cualquier intento de la Corte Suprema de bloquear la candidatura de su padre. "Si quieren cerrar el STF [Corte Suprema, ¿saben que tienen que hacer? No envíen un jeep. Envíen un soldado y un cabo", sostuvo. El expresidente Fernando Henrique Cardoso dijo que los comentarios sobre la Corte Suprema "huelen a fascismo".

Bolsonaro inmediatamente intervino para contrarrestar los comentarios de su hijo, en medio de la indignación generalizada. "Cualquiera que piense así debe consultar a un psiquiatra", afirmó Bolsonaro. Envió una carta de disculpas a la Corte Suprema.

El rol de las fuerzas militares en la campaña de Bolsonaro también inquietó a algunos. Tiene decidido designar a varios generales en ministerios y su compañero de fórmula, General Antônio Hamilton Mourão, también es retirado del ejército. Pero mientras las fuerzas militares muestran más interés en la política que antes, la mayoría de los analistas creen que juegan un papel de "apoyo" para brindar experiencia de gestión a la presidencia de Bolsonaro más que intervenir directamente en la política. El modelo sería el de Trump, que nombró a generales en su gobierno.

"Sospecho que las fuerzas militares mismas serán las primeras en frustrar cualquier intento de utilizarlas que vaya más allá su autoridad constitucional ya que, en última instancia, esto las amenaza en términos legales e institucionales", afirma Evan Ellis, profesor de estudios latinoamericanos en la Escuela de Guerra del Ejército de Estados Unidos.

Algunos analistas también dudan que Brasil pueda desarrollar una especie de "autoritarismo blanco", como en Turquía. Garman de Eurasia cree que los líderes que adoptan este enfoque suelen ser muy populares cuando resultan electos y reciben un impulso de una economía sólida. Entonces pueden utilizar ese capital político para superar obstáculos institucionales a su poder. Se espera que Bolsonaro llegue al poder con una economía débil y un alto índice de rechazo de la mitad del electorado.

"Algunos consideran que nuestra democracia es una especie de república bananera, pero en verdad no lo somos", sostiene Fernando Schüler, politólogo de Insper. "Nuestras instituciones son muy sólidas".

Otra barrera a una presidencia más autoritaria de Bolsonaro es que las encuestas muestran que la mayoría de los brasileños siguen apoyando la democracia. En octubre, el número de personas que prefieren la democracia a la dictadura alcanzó un récord de 69%: el porcentaje más alto desde el fin de la dictadura, según la encuestadora Datafolha. Bolsonaro parece haberlo notado y prometió una reforma política que sorpresivamente incluye una propuesta para eliminar la reelección.

Entre los votantes moderadores, las charlas sobre el fin de la democracia no se toman en serio.

"No creo que vaya a agarrar la constitución y hacerla pedazos, no creo que esté loco ni tampoco contaría con el apoyo para hacer algo así", afirma Santos, la empresaria que votó a Bolsonaro. Pero en referencia a los altos índices de delincuencia, al mismo tiempo, da un indicio de por qué los brasileños comunes y corrientes están en busca de un cambio.

"Ni siquiera sé si vivimos en democracia porque teóricamente podemos hacer mucho, pero en la práctica no podemos hacer nada", revela. "Tenemos libertad, pero no podemos caminar por la calle. Con lo cual, creo que... no nos puede ir peor".

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