Los mercados y los economistas "pecan" de demasiado optimistas

Los pronósticos económicos de consenso y los inversores no logran apreciar plenamente el impacto del shock y de las reacciones tanto de las empresas como de los hogares.

Es menor la brecha entre la recuperación relativamente rápida en forma de V que predicen algunos economistas y muchos participantes en el mercado, y las sombrías realidades provocadas por el coronavirus. Pero la disparidad sigue siendo lo suficientemente significativa como para hacerles algunas preguntas a los inversores. Y cuanto más rápido las respondan, menor será la probabilidad de que otro episodio de inestabilidad del mercado contamine la ya complicada economía.

Los economistas inicialmente -y de manera excesivamente optimista- abrazaban la idea de que habría una rápida recuperación en el segundo trimestre, después de una fuerte contracción en los primeros tres meses. Luego pensaban que se produciría una gran contracción en el segundo trimestre, seguida de una recuperación más gradual en los tres períodos siguientes: un patrón más coherente con la paralización repentina de la actividad mundial.

Pero las proyecciones actuales siguen subestimando la gravedad del bloqueo de la economía mundial provocado por el virus, el proceso de reactivación intrínsecamente desordenado, y los consiguientes cambios en el paisaje posterior a la crisis.

Las grandes empresas no saben lo que les espera, y están suspendiendo sus pronósticos de ganancias, un fenómeno que crecerá durante la temporada de resultados del primer trimestre. Muchas también se apuraron a captar liquidez por precaución, incluso emitiendo más deuda, aun cuando las ganancias se contraen y las agencias calificadoras siguen con su avalancha de rebajas de notas.

Esta mayor emisión de bonos con grado de inversión recibió una sólida demanda de los inversores respaldada por las nuevas facilidades de crédito de la Reserva Federal de EE.UU., que forman parte de un programa de emergencia de intervención en el mercado que ya supera con creces lo que hizo el banco central durante la crisis financiera mundial de 2008. Muchas empresas también se apuraron en reducir costos con despidos masivos, lo que elevó el desempleo en 17 millones de personas en sólo tres semanas. Eso equivale al 10% de la fuerza laboral estadounidense, y es la desocupación más alta registrada durante la crisis de 2008.

Este alarmante crecimiento del desempleo, y los recortes salariales llevan a las familias a reducir mucho el consumo.

Los pronósticos económicos de consenso no son los únicos que no logran apreciar plenamente el impacto del shock y de las reacciones tanto de las empresas como de los hogares. Los mercados financieros también son demasiado optimistas, a juzgar por los ratios precio-ganancias en EE.UU. para las acciones y los spreads de los segmentos de menor calidad de los mercados de crédito. Ninguno de ellos tiene suficientemente en cuenta una serie de riesgos, entre ellos los mayores niveles de endeudamiento, la creciente participación del gobierno en las actividades del sector privado, la prolongada aversión al riesgo en la economía real y la enorme cantidad de quiebras.

Traducción: Mariana Oriolo

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