Los mercados imaginan un futuro donde el estímulo no funcione

Desde 2016, la Fed busca liberar los mercados de las medidas de expansión monetaria y tasas ultrabajas. Pero cada vez que los mercados se tambalearon, siempre volvió con una nueva dosis monetaria.

Durante esta década, el mercado estadounidense de acciones se ha comportado como un drogadicto. Hasta 2008, los inversores no podían dejar la heroína monetaria (es decir, la burbuja de crédito en el sector privado). Luego, cuando esa burbuja explotó, acudieron al equivalente financiero de la morfina: billones de dólares de respaldo proveniente del banco central.

Ahora, inmediatamente después del histórico derrumbe del jueves, deberían hacerse una escalofriante pregunta: ¿dejó de funcionar esta morfina monetaria?

Vale la pena pensarlo. Desde 2016, la Reserva Federal intenta liberar los mercados de las medidas de expansión monetaria y tasas ultrabajas. Pero cada vez que los mercados se tambalearon, la Fed siempre volvió con una nueva dosis monetaria. Eso ayudó a sostener el alza de los mercados de acciones y bonos.

Hace dos semanas, inicialmente parecía que se repetiría ese patrón: después de que los mercados de acciones se desplomaron, la Fed hizo un recorte de emergencia de 50 puntos básicos. Se produjo un inmediato salto después de la baja de tasas, pero durante esa jornada volvió a caer.

Y la semana pasada el respiro de otra medida de la Fed fue aún más efímero: el jueves prometió nuevas compras de activos y u$s 1,5 millones de apoyo a los mercados de repos, pero después de un breve repunte, los precios de las acciones volvieron a bajar, cerrando casi 10% abajo. El viernes las acciones registraron un fuerte repunte, pero ésa fue la quinta mayor caída diaria de la historia, lo cual es escalofriante dado que los otros cuatro episodios fueron en 1987 y las tres peores jornadas, en 1929.

Si uno quiere ser optimista, se puede argumentar (o tener la esperanza) que la magnitud del desplome del jueves se puede atribuir en parte a los molestos robots. Una proporción cada vez mayor del mercado se negocia en base a estrategias computarizadas, y éstas disparan oleadas de ventas (o compras) automáticas cuando se superan los niveles técnicos, lo que alimenta la volatilidad.

Las oscilaciones quizás se amplificaron porque algunos gestores de activos se vieron obligados a vender para cumplir con los márgenes de garantía, lo que creó focos de extrañas oscilaciones de precios. Un ejemplo es el oro, que normalmente sube de precio durante una crisis. Pero entre jueves y viernes cayó 5%. Esto es un indicio de que alguien estaba vendiendo cualquier activo líquido y valioso que tuviera a mano.

Y si uno quiere ser verdaderamente optimista, también puede pensar -o esperar- que la mera magnitud del derrumbe del precio de las acciones del jueves creó realmente las semillas de su futuro repunte. Después de todo, algo que hemos aprendido de los tuits del presidente Donald Trump es que está obsesionado con el mercado de valores.

Sin embargo, hay otra forma de interpretar los dramáticos movimientos del jueves: los inversores podrían estar empezando a contemplar un mundo en el que la morfina financiera ya no funciona. Después de todo, otro detalle sorprendente del drama del jueves fue que el rendimiento de los bonos a 10 años subió a 0,88%, comparado con el 0,76% de dos días antes.

Eso es alarmante dado que la Fed el jueves anunció apoyo; y doblemente extraño, ya que se esperaba que el banco central de EE.UU. redujera las tasas a cero (cosa que informó ayer).

Tal vez eso se deba a las ventas forzadas (hay rumores de que los hedge funds que utilizan estrategias de valor relativo se ven obligados a desarmar sus posiciones y con eso distorsionan los precios de los bonos).

Pero también podría reflejar algo más: algunos inversores ya no creen que una dosis de dinero barato funcione ante la incertidumbre médica, la recesión mundial, los defaults de empresas inminentes y el liderazgo político débil.

De cualquier manera, el punto clave es éste: La caída del jueves no sólo coloca el 12 de marzo de 2020 em los libros de historia, sino que también debilita la imagen de la omnipotencia del banco central. Si Trump cree que puede revertir la derrota exigiendo más acción por parte de la Fed, está seriamente equivocado. Hay que prepararse para más espasmos en el mercado.

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