La estrategia de la oposición venezolana comienza a funcionar

La Asamblea Nacional consolida su posición como gobierno paralelo

Es demasiado pronto para decir que se ha desbordado la represa en Venezuela. Pero la fachada del régimen de Nicolás Maduro se está resquebrajando. Esto se debe a una estrategia inteligente de la Asamblea Nacional dominada por la oposición para consolidar su posición como gobierno legítimo de Venezuela. Es una estrategia que también podría ser decisiva.

Ante la hiperinflación y el colapso económico, los venezolanos quieren un gobierno que funcione. De ahí las enormes protestas contra el gobierno que ocurrieron el miércoles en todo el país, las más grandes en dos años. Juan Guaidó, el presidente de la asamblea nacional de 35 años de edad, se declaró presidente interino y convocó a elecciones libres. En un proceso cuidadosamente coordinado, varios países entre ellos EE.UU., Canadá y la mayor parte de América Latina lo reconocieron como tal.

El hecho de que un país tenga dos gobiernos paralelos es una situación extraña. Sin embargo, es una consecuencia lógica después de que gran parte de la comunidad internacional se ha negado a reconocer la legitimidad de la presidencia de Maduro después de su elección fraudulenta el pasado mes de mayo.

La Asamblea Nacional ya actúa como debe actuar un gobierno de transición. Continúa recalcando la legitimidad constitucional de cada acción que toma. Se reunó con los titulares de bonos en mora. Envió a su propio embajador a la Organización de Estados Americanos. Incluso tal vez intente enviar a uno de los suyos al cartel petrolero de la OPEP.

El reconocimiento internacional de Guaidó y de la Asamblea Nacional es más que simbólico. ¿Quién, por ejemplo, es el verdadero propietario de los activos venezolanos en el extranjero, como la refinería Citgo con sede en EE.UU.? Washington bien podría decir, y lógicamente: la Asamblea Nacional. De cualquier manera, el resultado es un mayor aislamiento para Maduro a nivel internacional, a pesar del apoyo de aliados lejanos como Rusia.

La pregunta sin respuesta más importante sobre la estrategia de la oposición es doméstica. Es probable que haya represión por parte de las fuerzas de seguridad de Maduro. Hubo varios informes de enfrentamientos mortales en las marchas del miércoles, en las que se disparó gas lacrimógeno para dispersar las grandes multitudes. El general Vladimir Padrino, ministro de defensa, dijo que las fuerzas armadas rechazaban a cualquier presidente "autoproclamado". Pero no se puede contar con la lealtad del ejército para siempre, especialmente porque los militares ya no pueden usar la "constitucionalidad" para justificar su apoyo a Maduro.Los soldados rasos enfrentan la misma escasez y problemas diarios que los venezolanos comunes y corrientes. Hay varios indicios de disidencia. Tan sólo esta semana, estalló un pequeño motín de la Guardia Nacional en un distrito pobre de Caracas. Guaidó ofreció una amnistía a quienes ayuden en la transición hacia la democracia, aunque, hasta el momento, los generales corruptos de Venezuela permanecen del lado de Maduro.

La insinuación del presidente estadounidense, Donald Trump, de que las opciones militares permanecen en la mesa es sólo un alarde belicista que nadie se cree. Las sanciones petroleras son una amenaza más realista. Cortarían las fuentes del patrocinio del ejército y animarían a los militares a cambiar de bando.

Es fácil ver las acciones coordinadas de esta semana como el resultado de una conspiración encubierta de la derecha, como denuncia el régimen de Maduro. Ciertamente es verdad que Mike Pence, vicepresidente estadounidense, sí ha realizado varios viajes recientes por América Latina, y ha hablado sobre el tema de Venezuela donde ha ido. Mientras tanto, la oposición tiene una línea directa hacia la Casa Blanca a través de Marco Rubio, el senador republicano cubano-estadounidense de Florida. Pero esto es menos una conspiración que una convergencia de intereses regionales comunes, ya sean morales, políticos, económicos o relacionados con la seguridad.

Aún se desconoce cuál será el resultado final de todo esto: una "primavera de Caracas", que Maduro se aferre al poder o una transición encabezada por el ejército al estilo de Zimbabue. Pero en un hemisferio fracturado por tantos problemas, Guaidó y la oposición venezolana en general han aprovechado esa cosa rara: una causa con la que casi todos están de acuerdo. Maduro empeoró la vida se todos, volviéndola más precaria y más peligrosa, y tiene que dejar la presidencia.

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