ES UNA DE LAS MAYORES POTENCIAS ECONÓMICAS Y Y MILITARES

La dirección que Francia tome ahora afectará al resto del mundo

El Frente Nacional (FN) de extrema derecha y profundamente racista intenta capitalizar la indignación general. Es hora de revitalizar los valores de la libertad, la tolerancia y la democracia

Un par de días antes de los atentados terroristas en París, llegó un libro a mi oficina. Puse ¿Qué pasa con Francia? de Laurent Cohen-Tanugi en la repisa junto a otros títulos similares: Francia al borde, Francia en negación, Francia en caída libre y el Suicidio de Francia.

Cuando se trata de declinismo, los estadounidenses no son más que amateurs. Los terroristas que atacaron a Francia la semana pasada atentaban contra una nación que ya estaba atravesando por una profunda crisis de confianza. Los declinistas hacen referencia a un portador de aflicciones: tensión racial, extremismo político, alto nivel de desempleo, deuda ascendente, influencia internacional en declive y desprecio generalizado de la élite gobernante.

Sin embargo, un efecto inesperado y positivo de los atentados terroristas es que sirvieron como un recordatorio de lo que está bien en Francia... así como de lo que está mal. Los millones de personas que marcharon por las calles el domingo estaban demostrando que el lema nacional -"Libertad, igualdad, fraternidad"- es más que una frase extraída de la Revolución Francesa y enseñada a alumnos aburridos. Estas son ideas vivas de que los franceses se reunieron para dar apoyo ahora que están bajo asalto mortal.

Los muy vituperados líderes políticos del país también sufrieron una crisis importante. El presidente François Hollande mostró un comportamiento digno como muy pocas veces. Manuel Valls, el primer ministro, habló con pasión y energía al condenar el antisemitismo y defender los ideales de la República Francesa.

Las corrientes de opinión pública son efímeras. Pero hay razones para esperar que las congregaciones de este fin de semana sean un punto decisivo y recuerden a los ciudadanos franceses lo que los une más que lo que los divide.

Desafortunadamente, una evaluación realista también debe reconocer que también es posible que -con el tiempo- los atentados terroristas lleven a una polarización aún más profunda. El Frente Nacional (FN) de extrema derecha, cuyos líderes llamativamente no fueron invitados a la marcha del domingo, está en buenas condiciones de capitalizar la indignación.

Incluso antes de los atentados, estaba claro que el FN es la fuerza emergente en la política francesa. Las encuestas de opinión sugieren que está al borde de un avance decisivo. En 2002, con Jean-Marie Le Pen, la candidata del FN, pasó a la segunda ronda de elecciones presidenciales, ganó menos del 18% de los votos en una carrera de dos caballos. Sin embargo, una encuesta de opinión reciente reveló que Marine Le Pen, la actual líder del FN, derrotaría a Hollande por 54% a 46% en una segunda vuelta en el Palacio Elíseo. La misma encuesta reveló que Marine Le Pen perdería frente a Nicolas Sarkozy, el expresidente, por 60% a 40%. Pero igualmente es notable que más de la mitad de los votantes ahora se imaginen votando al FN.

Le Pen es una política muy eficiente que ha hecho mucho para suavizar la imagen del FN. Pero sigue siendo un partido profundamente racista. Según un reciente sondeo de Ifop, mientras que el 65% de los franceses sostiene que un musulmán es un francés "como cualquier otro", sólo el 21% de los simpatizantes del FN está de acuerdo. Cerca del 51% de los partidarios del FN dicen que no querrían que un judío fuese presidente de Francia y el 28% no querría ser tratado por un médico judío.

La dirección que Francia tome ahora tiene una enorme importancia para el resto del mundo. A pesar de sus problemas, el país sigue siendo una de las mayores potencias económicas y militares del mundo y un miembro indispensable de la UE. Una Francia revitalizada por la manifestación de unidad de este fin de semana revitalizaría Europa. Pero si Francia, el país con la mayor población musulmana de la UE, sucumbe a las tensiones entre comunidades y el extremismo político, el resto de Europa aprenderá una lección triste.

En un nivel práctico, si Le Pen ganase las próximas elecciones de 2017, probablemente esto significaría el colapso de la UE, ya que cuesta imaginar a Alemania trabajando con un gobierno de extrema derecha en Francia. El colapso de la UE y el resurgimiento de la extrema derecha serían, entonces, una receta para una Europa con el nacionalismo y el sectarismo étnico una vez más en auge.

Fue tal vez la materialización de la importancia de los acontecimientos en Francia que persuadió a tantos líderes mundiales de hacer el viaje a París para la marcha del domingo. (El gobierno de Obama fue una excepción vergonzosa.) Por supuesto, también hubo mucha hipocresía a la vista. Entre los dudosos partidarios de la libertad de expresión que se unieron a la marcha había ministros de Bahrain, Rusia y Egipto, así como Arabia Saudita... un país que está en plena aplicación de flagelaciones en serie a un blogger liberal. Los caricaturistas de Charlie Hebdo, asesinados en los ataques terroristas, podrían haberse regodeado con eso.
Sin embargo, aunque un cierto escepticismo se justifica, la exhibición de solidaridad internacional con Francia no debe desestimarse. Es mucho mejor que las principales naciones musulmanas hayan estado representadas en la marcha antes que se hicieran a un lado.

A veces parece como si los franceses se sintiesen más ellos mismos cuando marchan por las calles, flameando pancartas y cantando. Pero el tamaño de las manifestaciones de este fin de semana y su motivo hizo que no fuesen una marcha más.

Millones de personas se unieron en torno a los valores de la libertad, la tolerancia y la democracia. En un momento en que una Francia con problemas enfrenta decisiones fatídicas, los franceses decidieron marchar juntos... en la dirección correcta.

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