La derrota política de Berlusconi es la victoria de Italia

Silvio Berlusconi perdió su jugada política y eso es una buena noticia para Italia. La semana pasada, el magnate de los medios y cuatro veces primer ministro italiano sorprendió al mundo al anunciar que estaba rompiendo con el gobierno de coalición de Enrico Letta. Pero por una vez Berlusconi hizo mal los cálculos. Cuando ayer Letta buscó el voto de confianza en el Senado, un grupo de disidentes de su propio partido de centroderecha, Pueblo de Libertad, optó por respaldar al premier desafiando a su líder. Berlusconi, humillado, se vio obligado a retractarse y dejar caer su pedido de elecciones anticipadas.
Este giro de 180º sin duda demuestra que tocó fondo su carrera política marcada por la grandilocuencia y las controversias. Desde los años noventa, il Cavaliere ha sido el líder indiscutido de la centroderecha de Italia. Pese a que sus gobiernos fueron poco eficientes y a la serie de escándalos judiciales y sexuales, Berlusconi mantenía la feroz lealtad de su tropa.
Los disidentes fueron primero ridiculizados por su maquinaria de medios de comunicación y luego dejados en el olvido. Por primera vez en dos décadas, el multimillonario descubrió los límites de su carisma y riqueza.
Por supuesto, Berlusconi podría engañarse a si mismo y creer que su retirada de último momento implica que retiene el poder de veto en el gobierno. Pero se rompió el hechizo y su partido se desmorona. Podría formarse un nuevo grupo parlamentario que apoyará el gobierno. Angelino Alfano, el ex sucesor natural de Berlusconi que encabezó la revuelta, podría unirse. Si la división se profundiza, Pueblo de Libertad ya podría no tener suficientes votos para hundir a Letta.
Y lo que es más importante, esto podría ser la última llamada a escena para il Cavaliere. Esta semana, un comité parlamentario casi lo eyecta del Senado por su reciente condena por fraude fiscal. A los 77 años, hasta el hombre una vez definido por su médico como técnicamente casi inmortal ya no le queda tiempo.
La humillación de Berlusconi es un alivio para Italia. Desde que se formó la administración de Letta la primavera boreal pasada, demostró ser un socio poco confiable de la coalición. Sus órdenes impedían que Letta gobernara con eficacia. La inestabilidad política también elevó los rendimientos de la deuda soberana italiana. A medida que la crisis cede, las tasas empiezan a bajar. Letta es el claro ganador de la batalla política en Roma. Su discurso en el parlamento fue cuidadosamente preparado para convencer a los moderados de la centroderecha de que debían abandonar Pueblo de Libertad. Sus habilidades como mediador claramente le sirvieron a él y al país.
Ahora debe usar su capital político para relanzar su gobierno. Los disidentes de derecha demostraron no tener interés en adelantar las elecciones. En la izquierda, los demócratas (el propio partido de Letta) están ocupados con un concurso de liderazgo que tendrá lugar en diciembre. La mayoría cree que el gobierno debe seguir adelante.
Letta conoce bien y reconoce cuáles son las prioridades. Los políticos pueden ayudar recortando los impuestos al trabajo y bajando el gasto público. Eso permitirá que la economía salga de la recesión más larga desde la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, podría descubrir que los partidos que lo apoyan no están interesados en aprobar reformas significativas. En ese caso, Letta debería renunciar y dejar que los votantes expresen su voluntad.

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