Financial Times: ¿los ricos tendrán prioridad para vacunarse contra el coronavirus?

¿Alguien usará su capital económico y social para colocarse al frente de la fila? "Mucha gente intentará vacunarse temprano, incluso si nadie lo admite", es una creencia que se propaga en paralelo a la distribución de las primeras tandas de dosis.

El lunes recibí un mensaje de texto de mi proveedor de atención médica, el centro médico NYU Langone Health en Nueva York, con el alegre mensaje: "La vacuna contra el Covid-19 estará aquí a principios de 2021. Nos comunicaremos con usted tan pronto como tengamos información acerca de quién puede vacunarse y cuándo".

Pero había una advertencia: dado que los médicos de NYU Langone Health no tienen idea de cuándo podría  llegar esa "información", el texto también me instaba a no contactarlos, todavía.

Incluso si esas preguntas y consultas hubieran venido principalmente de individuos innecesariamente preocupados por su salud, muchos proveedores de atención médica en Nueva York (y en otras regiones) al parecer están enfrentando una enorme cantidad de solicitudes por parte de los ricos y de los poderosos, desesperados por acceder a la primera ronda de vacunas. De hecho, la cuestión de cómo conseguir vacunarse rápidamente está provocando una confusión de chismes en los 'círculos dorados'.

Los grupos médicos más éticos están tratando de no ceder ante la presión de implementar cualquier plan de distribución que surja de la manera más justa posible, incluso conforme aumentan la incertidumbre y la ansiedad. "Va a ser un caos, o casi un caos", me admitió esta semana William Haseltine, uno de los principales expertos médicos estadounidenses. O como Arthur Caplan, un bioético de la Universidad de Nueva York, le dijo a la revista médica STAT: "Absolutamente habrá un mercado negro. Todo lo que se considera que salva vidas, que preserva vidas y que escasea crea mercados negros".

Este problema no es exclusivo de Estados Unidos. Sin embargo, la ética es particularmente dolorosa y emotiva aquí por al menos dos razones. Una es la falta de un sistema de salud de pagador único. Éste es un país, después de todo, donde 29 millones de personas menores de 65 años carecen de seguro médico, pero donde los ricos tienen acceso a tratamientos de vanguardia y a servicios personalizados y donde pueden ampliar su acceso a los mejores médicos ocupando posiciones en las juntas directivas de los hospitales.

El otro problema es la fragmentación. El Reino Unido puede implementar un plan porque hay un solo organismo a cargo: el Servicio Nacional de Salud (NHS, por sus siglas en inglés). En EE.UU., la vacuna inicialmente se les distribuirá a los estados de acuerdo con su porcentaje de la población nacional, y luego los funcionarios estatales decidirán cómo ejecutar los programas de vacunación. En algunas áreas —como Nueva York, Mississippi y Kentucky— los funcionarios locales han dicho que delegarán las decisiones de implementación a expertos en atención médica. En muchas otras regiones, se anticipa que las ciudades locales se hagan cargo.

Eso tiene sentido, dada la escasez de recursos —y de experiencia— de la mayoría de los gobiernos estatales. Pero esta fragmentación significa que pudiera haber una gran variación en las tácticas utilizadas, sobre todo porque la orientación federal es vaga. El Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización (ACIP, por sus siglas en inglés), por ejemplo, dijo la semana pasada que la primera ronda de vacunas debiera ir a los residentes y cuidadores de hogares de personas mayores, seguidos por los trabajadores esenciales y aquellos que son vulnerables debido a condiciones preexistentes.

Sin embargo, las definiciones de "condiciones preexistentes" pueden variar. Al igual que pudiera variar el concepto de "trabajador esencial". En estados como Nueva York e Illinois, por ejemplo, los financieros y los banqueros se definieron como trabajadores esenciales durante la pandemia de Covid-19 (lo cual les dio el derecho a ir a la oficina). Lo mismo sucedió con los periodistas. El resultado neto, entonces, serán numerosas lagunas que pudieran explotarse; o, para usar el lenguaje de Wall Street, ser propensas al arbitraje.

Esto es incluso más probable que suceda dado que la misma Casa Blanca ha dado señales culturales que parecían aprobar la idea de que los ricos y los poderosos pueden obtener mejor acceso que otros. Cuando Donald Trump contrajo Covid-19, orgullosamente declaró que había tomado medicamentos experimentales que no estaban disponibles para la mayoría de los estadounidenses comunes.

¿Utilizarán su capital económico y social los estadounidenses adinerados para colocarse al frente de la cola? Algunos dicen que no. Un financiero de unos 80 años que forma parte de la junta directiva de un importante hospital de Nueva York me dijo que él "absolutamente no" lo haría. Otra luminaria de Nueva York de unos 50 años, quien también forma parte de la junta directiva de un hospital, dijo que estaba tan consternado por esta idea que cualquiera que lo hiciera debería ser "nombrado y avergonzado". Mientras que Haseltine con desdén calificó la idea no sólo de "completamente antiética" sino también de "peligrosa", si hay un mercado negro de vacunas no probadas.

Sin embargo, casi nadie con quien hablé acerca de esto quiso dar declaraciones oficialmente, precisamente porque el tema es muy emotivo. "Mucha gente intentará conseguir vacunarse temprano, aunque nadie lo admita", me dijo un promotor inmobiliario.

¿Podría cambiar esto la administración entrante del presidente electo Joe Biden? Posiblemente: aquellos como Haseltine están suplicando que se cree un plan centralizado con una clara orientación. Algunas personas alrededor de Biden lo están instando a que también acoja la táctica de "nombrar y avergonzar".

Pero es mejor no hacerse ilusiones de que el equipo de Biden puede solucionar el problema. Muy aparte del hecho de que los miembros del equipo no ocuparán sus cargos hasta fin de enero, ellos están enfrentando un sistema en el que las profundas desigualdades en materia de salud no sólo se han arraigado, sino que también se han normalizado culturalmente. En otras palabras, lo único inusual acerca de la inminente disputa de las vacunas es que pudiera revelar estas desigualdades con sorprendente claridad y de una manera que, probablemente, provocará una sensación de inquietud y de alarma incluso entre los ricos.

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