La Argentina buscó un seguro pero le salió el tiro por la culata

El gobierno de Macri debe comunicar mejor sus acciones futuras

Cuanto más intenta alguien comprar un seguro, más dudas surgen sobre por qué busca un seguro, tal como lo está descubriendo Argentina a su costo. El presidente Mauricio Macri esta semana espantó a los inversores con su video de YouTube en el que hablaba sobre la necesidad de acelerar los desembolsos acordados en el paquete con el FMI por u$s 50.000 millones. Unos u$s 15.000 millones ya fueron entregados; los restantes u$s 35.000 tenían supuestamente carácter precautorio.

El discurso de Macri apuntaba a eliminar cualquier incertidumbre que hubiera sobre Argentina a raíz del deterioro del escenario económico internacional y de la creciente preocupación de los inversores por los mercados emergentes. El peso se vio gravemente golpeado por la creciente crisis que sufre la lira turca. Sin embargo, en vez de calmar los nervios del mercado, el sorpresivo anuncio de Macri —y la inusual manera de hacerlo— empujó al peso a nuevos mínimos récord. Eso forzó al banco central a elevar su tasa de referencia de 45%, que ya era la más alta del mundo, al exorbitante 60%.

Si bien transmitió el mensaje en español y probablemente fue diseñado para la audiencia local, es poco probable que las palabras de Macri logren mucho en el país, donde sus índices de aprobación están en su nivel más bajo desde que ganó las elecciones en 2015.

La comunicación es un tema sensible para las autoridades argentinas. Los múltiples intentos del banco central de apuntalar el peso este año derivaron en varias alzas inesperadas de las tasas de interés que llegaron con poca explicación y casi sin proyecciones de largo plazo. Eso tampoco produjo el efecto deseado: el peso siguió cayendo y, en junio, el número uno del banco central fue reemplazado por un ex ministro de finanzas del país.

El problema central de Argentina es que se evaporó la confianza del mercado en su programa económico. Tiene grandes déficits fiscal y de cuenta corriente que se han financiado con el exuberante interés de los inversores desde que el país volvió a los mercados internacionales hace dos años, después resolver la disputa con los holdouts relacionada con su desastroso default de 2001. Argentina también sacudió los mercados en aquel entonces, emitiendo su primer bono récord por u$s 16.000 millones y luego, al siguiente año, un bono a cien años por u$s 2.750 millones. Ambas fueron medidas audaces, y fueron fomentadas por la popularidad internacional de Macri y su equipo.

Pero debido al derrumbe del peso ahora será más difícil pagar las obligaciones nominadas en dólares —se estima que esas deudas representan cerca del 45% del PBI. Al mismo tiempo, el mayor riesgo asociado con la deuda argentina hizo subir los rendimientos de los bonos, lo que hace que sea más costosas la renovación y emisión de deuda nueva.

La administración de Macri comprende bien los problemas que tiene el país. De hecho, fue su promesa de llevar adelante reformas lo que inspiró tanta confianza en los mercados. Argentina tampoco es Turquía; el gobierno de Macri ha seguido el sendero "ortodoxo" al pedirle ayuda al FMI y aceptar condiciones —como acelerar la reducción del déficit fiscal y alargar el perfil de sus obligaciones de deuda. Ahora enfrenta mayor presión de los mercados, y probablemente del FMI, para que acelere esas medidas.

Sin duda Macri mantiene la cautela sobre las implicancias para los argentinos, que ya protestan por la eliminación de los generosos subisidos. Él había prometido una gradual introducción de esas reformas. Acelerarlas podría hacerlo perder las elecciones del año próximo. No hacerlo podría ser mucho más costoso para los argentinos en el largo plazo. Este es un momento altamente delicado e incierto para Argentina. Pero hay algo que queda claro. Cualquiera sean las acciones que tome el gobierno, tendrán que ser comunicadas de mucha mejor manera.

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