LOS INVERSORES NO ENCONTRARON UNA FUENTE DE INSPIRACIÓN

Con escasez de ideas y de liderazgo, Davos decepcionó

Las estrellas del pasado como Brasil, China, India o Turquía ya no brillan. Incluso la tecnología pasa por un momento crítico y restaron atractivo al foro económico mundial

La semana pasada en los pasillos del Foro Económico Mundial, Kenneth Rogoff, el economista de Harvard, lo resumió: "Éste es el Davos menos estimulante que puedo recordar. Normalmente, hay un país o industria estelar del que todo el mundo habla. Pero este año, ése no ha sido el caso".

Ese déficit de entusiasmo tiene implicaciones más allá del mundo fácilmente parodiado de la conferencia de Davos. Durante los últimos 30 años, Davos fue el mejor lugar para monitorear las ideas y locuras que han emocionado a los ricos y poderosos. Es el lugar donde se formó y promovió el consenso de la elite.

El año pasado, las dos estrellas de Davos fueron fácilmente identificadas. La tecnología de moda era blockchain y el político de moda era el presidente de Francia, Emmanuel Macron. Pero, desde entonces, el índice de popularidad de Macron cayó casi tan rápidamente como el precio del bitcoin. El presidente francés se quedó en casa este año para lidiar con los descontentos domésticos.

Macron y el bitcoin ahora pueden unirse al creciente club de favoritos descartados de Davos: los países, políticos o industrias que alguna vez se consideraron que representaban el futuro pero cuyas reputaciones cayeron en picada.

Los países estrella de los foros anteriores fueron economías emergentes de rápido crecimiento que, preferiblemente, también eran democracias, o al menos estaban avanzando en la dirección correcta. Brasil solía marcar todas estas casillas. En 2010, el WEF otorgó su Premio a la Estadística Global a Luis Inácio Lula da Silva, entonces presidente de Brasil, quien había hablado en varios foros anteriores. Lula parecía estar diseñado para deleitar a Davos. Era un ex radical, que había acogido el capitalismo y la globalización, al tiempo que conservaba sus credenciales como reformador social. La economía de su país estaba creciendo rápidamente.

Brasil ahora está representado por Jair Bolsonaro, un presidente famoso por insultar a los homosexuales y alabar a los torturadores. Ya que es un defensor de las reformas económicas liberales, tuvo la oportunidad de reinventarse para la audiencia de Davos. Pero su aparición en el foro de este año fue breve y forzada.

Otros antiguos favoritos de Davos siguieron una trayectoria similar. Turquía fue una vez el país estrella. Su presidente, Recep Tayyip Erdogan, fue aclamado como el modelo de un líder islamista moderado, que presidía un país que era democrático y capitalista. Pero Erdogan salió de Davos en 2009 después de una pelea en el escenario sobre Israel y nunca regresó. Actualmente, es cada vez más autoritario y su país se está tambaleando al borde de una crisis de deuda.

La afirmación de China de ser país estrella también se ha empañado. El crecimiento lento, el creciente antagonismo con EE.UU. y la política cada vez más autoritaria en el país hacen que el gobierno de Xi Jinping sea cada vez más difícil de vender en Davos. Eso deja a India Increíble, como el país se denominó a sí mismo en una campaña de relaciones públicas en Davos 2006. Narendra Modi, el primer ministro, hizo una aparición impactante en el WEF el año pasado. Pero desde entonces, Davos enteró que las reformas económicas se desaceleraron y que la independencia del banco central está amenazada.

En el pasado, cuando los políticos no han sido una fuente de esperanza, los participantes de Davos han recurrido a la industria en busca de inspiración. Pero los grupos tecnológicos están sumidos en la controversia y el futuro que representan parece cada vez más distópico.

Davos también es el lugar donde las industrias tradicionales se reinventan como empresas del futuro. Las compañías petroleras hablan sobre las energías renovables y las compañías automotrices muestran sus vehículos eléctricos. Pero este año, las compañías petroleras se están recuperando de las desinversiones de los accionistas y las compañías automovilísticas alemanas aún están enfrentando las consecuencias de los escándalos del diésel. Por lo tanto, ese sector no fue motivo de celebración.

Parece que el mundo ha decepcionado a Davos. Pero, tal vez Davos ha decepcionado al mundo.

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Alejandra Naughton tiene una de las carreras más destacadas en el mundo de los bancos. Luego de 25 años en el Banco Central, donde llegó al cargo de Subgerente General, la posición más alta a la que se puede aspirar sin contar los cargos políticos, pasó al mundo privado. Fue CFO del Grupo Supervielle y llevó a la empresa a cotizar en la bolsa de Nueva York y Buenos Aires. Hoy es miembro del directorio.