Con Trump llegó la era dorada de la oligarquía estadounidense

La denuncia del New York Times demostró que el presidente no creó su fortuna sino que pertenece por herencia al sector más adinerado de Estados Unidos y gobierna para ellos

Una de la ventajas que tiene Donald Trump es la ilusión de que proviene de una especie diferente a las adineradas élites de Estados Unidos. En una oportunidad, un extranjero le preguntó que quería decir "gentuza", a lo que él respondió: "Es gente como yo. Sólo que pobres".

Sin embargo, en términos financieros, Trump tiene rasgos básicos iguales a los de otros vástagos de personas ricas. La semana pasada, un exhaustiva investigación de New York Times demolió la poca credibilidad que le quedaba a la historia de que Trump era artífice de su éxito. El Times informó que había heredado de su padre, Fred Trump, más de u$s 400 millones a dinero de hoy y que hizo todo tipo de trucos incluyendo algunos supuestamente fraudulentos, lo cual niega su abogado para evitar el pago del impuesto sobre esa herencia.

Es el estilo de Trump lo que lo distingue. En términos de dinero, es un presidente que encaja con la época. El patrimonio neto mínimo para unirse a la lista de multimillonarios Forbes 400, que también se publicó la semana pasada, es de u$s 2100 millones. Trump se ubica en el lugar 259º con activos por u$s 3100 millones. Cerca de una tercera parte de los integrantes de la lista heredó su fortuna. Muchos de los súper ricos sienten vergüenza cada vez que Trump abre la boca.

Estados Unidos tiene una próspera red de apoyo mutuo conformada por acervos hereditarios y fideicomisos familiares. La administración Trump también atiende sus intereses. Lo que llamó la atención de la ley tributaria de Trump de diciembre pasado fue la reducción del impuesto a las sociedades. Los individuos ricos también tuvieron mucho para celebrar. El proyecto de ley duplicó el piso a partir del cual la gente debe empezar a pagar el impuesto sucesorio.

Las parejas ahora pueden evitar que sus hijos tributen sobre los primeros u$s 22 millones que hereden. El anterior piso ya era alto, incluso teniendo en cuanta los parámetros estadounidenses. A principios de este siglo, sólo el 2% de los acervos hereditarios pagaban algún impuesto sucesorio. Ahora eso se redujo a una décima parte de 1%, según el Comité Conjunto de Asuntos Tributarios.

Los futuros Fred Trump no necesitarán llegar a tanto para ocultar su generosidad intergeneracional. Muchos de los ricos de Estados Unidos se quejan bastante de los valores sociales de Trump. Sin embargo, es difícil recordar a muchos que hayan objetado su ley tributaria.

Sin duda la campaña de Trump generó preocupación. Era el único republicano que prometía eliminar un vacío legal que permite a los hedge funds y firmas de private equity pagar sobre sus ingresos un impuesto mucho menor que el habitual gravamen sobre las ganancias. Además sólo él se comprometía a invertir el dinero de los contribuyentes en obras de infraestructura.

No tendrían que haberse preocupado. Trump dejó mayormente intacta esa exención para los hedge funds.Y ya ni siquiera menciona la inversión en infraestructura.

Eso podría cambiar si los demócratas tomaran el control de Congreso en noviembre. Pero no hay muchas chances de que Trump y los demócratas quieran sellar acuerdos. Una de las primeras cosas que probablemente hagan los demócratas es solicitar los antecedentes impositivos de Trump. The Times abrió el apetito para que se demuestre que el mandatario es un fraude.

¿Es Trump el presidente que Estados Unidos se merece? En términos de valores sociales, la respuesta seguramente sea no. La mayoría de los norteamericanos desaprueba a Brett Kavanaugh, su candidato para la Corte Suprema, porque debilitaría el derecho al aborto, el matrimonio homosexual y otros hitos del progreso. Su aullido de furia por las acusaciones de abuso sexual que recibió Kavanaugh lo convirtieron en un símbolo de la prepotencia masculina. Personifica un pasado que la mayoría de los estadounidenses rechaza.

Sin embargo, su historial es típico del establishment norteamericano. Kavanaugh hizo alarde de que "rompió el lomo" para estudiar en Yale y que no se benefició de "ninguna conexión".

Al igual que Trump, Kavanaugh ofrece un resquebrajado reflejo de la sociedad. A las élites de Estados Unidos no les gusta lo que ven. Distorsiona el mundo que les gusta ver: un mundo meritocrático, imparcial y políticamente correcto. Cada uno a su manera presenta el grotesco del lado menos noble de Estados Unidos. En el caso de Kavanaugh, es la máscara corrida de un hombre que trata de imitar a la Dama de la Justicia. En el caso de Trump, es un presidente que refuerza una estructura económica que los sostiene.

Trump sabe que las élites de Estados Unidos quieren tener su parte de la torta y comérsela. ¿Y quién no?. Cuando Trump se mira al espejo, ve justamente lo que él quiere. Otros quizás lo ven como un narcisista oligárquico. Él ve sólo un artífice de su éxito.

 

Traducción: Mariana I. Oriolo

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