Bolsonaro acusa a los legisladores de querer quitarle poder

Dijo que el parlamento trata de convertirlo en una "Reina de Inglaterra", es decir en un representante sin poder político. Reacción del poder judicial de Brasil para evitar abusos por parte del titular del ejecutivo.

Cuando fue electo Jair Bolsonaro, muchos brasileños temían que el presidente de ultraderecha se apartara de las instituciones democráticas de la nación para poder implementar su agenda de políticas extremas. Otros esperaban que destruyera el sistema político de Brasil, al cual consideran totalmente corrupto.

Su administración lleva seis meses, y el poderoso congreso nacional y su influyente corte suprema no sólo están intactos sin que también enfrentan al ex capitán del ejército. Bolsonaro está frustrado. La semana pasada acusó al parlamento de tratar de convertirlo en una "Reina de Inglaterra", es decir en un representante sin poder político. El comentario surgió después de que los legisladores se movilizaron para quitarle la facultad de designar a los máximos responsables de las agencias regulatorias.

Desde criminalizar la homofobia hasta bloquear la mayor parte de un decreto que suaviza los controles de armas, las acciones de las instituciones pusieron en relieve las salvaguardas democráticas del Brasil.

Dada la hostilidad del congreso, Bolsonaro trata de gobernar por decreto ejecutivo. Emitió 202 desde que asumió el poder. Por el contrario, su predecesor Michel Temer utilizó 94 decretos en sus primeros seis meses, y Dilma Rousseff recurrió a 174.

"No sorprende que el congreso y el poder judicial estén reaccionado: el presidente trata de gobernar solo, sin el Congreso. Abusa de su poder constitucional de emitir decretos", dijo Eloísa Machado, académica de la Fundación Getúlio Vargas en San Pablo.

Eduardo Bolsonaro -hijo, legislador y asesor del presidente- insinuó cómo quiere contraatacar en un tuit: "Necesitamos un congreso más ágil. ¿Soportarían reducir el número de diputados y senadores?"

La tensión se produce mientras Bolsonaro enfrenta varios escándalos, incluyendo la reciente publicación de conversaciones filtradas que parecen demostrar que su ministro de justicia estrella Sérgio Moro, ex juez, confabuló con fiscales para encarcelar al ex presidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva. Moro lo niega.

El presidente amante de "la ley y el orden" también sufrió vergüenza cuando la policía en España descubrió más de 30 kilos de cocaína en el equipaje de un piloto que formó parte de la seguridad de Bolsonaro en la cumbre del G20 en Osaka.

Los funcionarios del congreso sostienen que las políticas más polémicas de Bolsonaro, incluyendo su presión para liberalizar el derecho de portación de armas, no cuentan con el respaldo de los líderes parlamentarios, que están focalizados en la reforma económica. El líder de la cámara baja Rodrigo Maia dijo que este gobierno es una "fábrica de crisis". "El parlamento será el bombero y no el pirómano", agregó.

"La dificultad del gobierno de negociar con el Congreso es sin duda su talón de Aquiles ya que limita la capacidad de Bolsonaro de avanzar con su agenda. También obligó a que reaccione el Congreso, que está trabajando para limitar los poderes presidenciales restringiendo el uso de decretos", señaló Thomaz Favaro de la consultora Control Risks en San Pablo.

En un intento por fortalecer su posición y galvanizar apoyo, los seguidores de Bolsonaro marcharon el domingo. "No dejaremos las calles hasta que Brasil logre sus reformas", dijo Carla Zambelli, legisladora del partido PSL de Bolsonaro.

"No debería sorprender que el poder judicial también esté desafiando algunas de las medidas más polémicas que impulsa Bolsonaro. Los tribunales en Brasil siempre han mostrado independencia del gobierno, particularmente en comparación con otros países latinoamericanos", dijo Favaro.

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