Barack Obama está lejos de tener la reelección asegurada

La creencia popular indica que Barack Obama avanza hacia la reelección. La economía se está recuperando, hay señales de que en marzo el desempleo se redujo por cuarto mes consecutivo. Mitt Romney parece el tipo de candidato opositor con el que el presidente debatirá con todo gusto.

Y el motor de la campaña de Obama, que silenciosamente está construyendo una formidable presencia en los 50 estados, se sigue fortaleciendo. El sitio de apuestas In-Trade, coloca las chances de Obama en 59%. Las señales indican que 2012 podría ser una repetición del enfrentamiento Bill Clinton versus Bob Dole en 1996, donde la ventaja electoral fue holgada.

Pero no siempre hay que confiarse de la creencia popular. ¿Se acuerda la inevitable nominación de Hillary Clinton en 2008? ¿O la victoria inminente de John Kerry sobre George W. Bush en 2004? ¿O la alicaída presidencia de Obama durante la debacle del techo de la deuda hace sólo ocho meses? Las proyecciones de hoy podrían simplemente estar igual de equivocadas. En realidad, hay buenas razones para creer que las elecciones de 2012 bien podrían tener uno u otro resultado.

El primer y más importante dato es que los índices de popularidad de Obama todavía languidecen por debajo del 50%. Ningún presidente en funciones logra la reelección a menos que pueda superar ese umbral. En la semana finalizada el 18 de marzo, las encuestas de Gallup mostraron que la aprobación de Obama era de 46%. En la misma etapa de la campaña de 2004, Bush estaba en 53%. Ganó la elección por un mínimo margen. Asimismo, Clinton estaba en 52% en marzo de 1996, si bien ese noviembre ganó más holgadamente.

Transcurrió casi un año desde que los índices de popularidad de Obama estuvieron por última vez en territorio positivo. A menos que pueda recuperar esa predominancia, estas elecciones tienen final abierto. En segundo lugar, suponiendo que Romney pueda unir a las tropas en las convención de agosto, para entonces la mayoría de los votantes habrá olvidado las caóticas y desagradables primarias. No importa que tan intensa parezca una carrera, los estudios demuestran que la mayoría de los votantes sólo empieza a prestar atención a principios de septiembre, cuando se inicia la campaña oficial.

Todo indica que Romney finalmente ordenará a la impaciente tropa. Después de su convincente victoria en Illinois la semana pasada, Romney obtuvo el valioso apoyo de Jeb Bush, el hermano menor del último presidente y ex gobernador de Florida. Quizás lo más importante sea el testimonio positivo que recibió de Freedom Works, un grupo líder del Tea Party, que dejó oponerse a su candidatura.

La primaria republicana fue irregular y quisquillosa. Se les otorgó un breve status de candidato a personas sin probabilidades como Michele Bachmann, Herman Cain y, más recientemente, Rick Santorum. Pero es notable que la mayoría de los grupos del Tea Party hayan evitado tomar la postura “cualquiera menos Mitt”. Y ahora respaldan a Romney. Gran parte de quienes lo votan en las primarias sostienen que su principal motivación es derrotar a Obama. Quizás no adoren al ex gobernador de Massachusetts, pero sienten un profundo desagrado por Obama.

Tercero, Obama probablemente carezca de la abrumadora ventaja financiera que tanto le sirvió a John MacCain en 2008. Los números actuales, que muestran que la campaña de Obama cuenta con más dinero (u$s 85.000 millones) que los candidatos republicanos juntos, generan confusión. Mucho del dinero grande ingresará a las arcas de Romney durante los próximos meses. Ya está recaudando más que Obama en Wall Street.

Pero la verdadera carrera por los fondos se correrá en las sombras entre los denominados Super-Pacs, que prácticamente no están regulados. Restore Our Future, el grupo que respalda a Romney, juntó u$s 12 millones en febrero. Por el contrario, Priorities USA, el supe-pac de Obama, reunió sólo u$s 2 millones. Sencillamente, hay más multimillonarios republicanos que demócratas.

Lo que mejor pronostica el comportamiento del votante es el crecimiento de los ingresos personales. Y allí los números son preocupantes: sigue cayendo el ingreso de la familia promedio norteamericana. Es por eso que la gente está tan enojada con el aumento de los precios de la nafta.

El momento psicológico ahora favorece a Obama, y en toda elección es esencial contar con el “gran impulso”. Pero la campaña de 2012 todavía no comenzó, por lo que es inútil predecir un resultado.
 

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