Algunos países son los autores de sus propias desgracias

Las calamidades del mercado emergente van más de los aranceles y del miedo a una guerra comercial. Los chismes sobre comercio son de poca ayuda para los vulnerables mercados emergentes, y la pronunciada suba del dólar estadounidense desde esta primavera boreal, impulsada mayormente por la relativa agresión de la política monetaria de Estados Unidos, hizo que el capital volviera al país norteamericano. En el caso de los países más dependientes de la deuda en dólares, eso era lo que faltaba.

Pero los mercados emergentes aún pueden ser los autores de su propia desgracia. Argentina y Turquía habían ambos surgido como causas de preocupación a principios del verano boreal, y luego lograron salir de los titulares. Pero esta semana, las monedas de ambos países volvieron sufrir extremas dificultades, pese a que esto es muy importante las noticias sobre el comercio han sido positivas, y el dólar estadounidense se debilitó contra sus principales socios comerciales.

En ambos casos, sus problemas internos les impide enfrentar correctamente el fortalecimiento del dólar. Pero si son los autores de su propia desgracia, hay razones para dudar de que ahora puedan tomar el control de su propia recuperación.

Argentina es el ejemplo más doloroso. El hecho de que el presidente Mauricio Macri le pidiera al FMI acelerar el desembolso de fondos para ayudar a combatir la crisis simplemente debilitó la confianza. Ahora, sus tasas de interese subieron a 60%. La idea detrás de tal drástica medida es demostrar que el país mantiene su fuerte compromiso de defender su moneda. Pero al igual que el pedido al FMI, bien puede ser contraproducente.

El famoso ejemplo del "Miércoles Negro" del Reino Unido en 1992, cuando las tasas de interés base pasaron de 10% a 15% en cuestión de horas, muestra el problema que implica esta estrategia. Los mercados desconfiaban de que el gobierno pudiera tomar una medida tan dolorosa para la economía. La presión sobre la libra esterlina siguió hasta que las autoridades renunciaron, anularon las subas de tasas y permitieron una devaluación.

En Argentina, por el contrario, los inversores contemplan las posibles repercusiones políticas de la crisis. Habrá elecciones presidenciales el año próximo, y para ningún presidente sería sencillo obtener una reelección con tasas de interés de 60%. La alternativa más probable seguramente sea poco agradable para los mercados.

Turquía , cuyo presidente ya es impopular con los inversores, observa una caída similar de la confianza. En este punto, el riesgo es que sea evidente que ya es demasiado tarde para que los cambios de política en los mercados desarrollados ayuden a cualquiera de los países.

Ni Turquía ni Argentina tiene tamaño suficiente para causar por si solo un daño significativo al crecimiento económico de otro país. Pero deberíamos esperar más presión sobre la Fed. Las tasas más altas en EE.UU. presionarían a otras economías en desarrollo hasta que realmente conlleven un riesgo para la economía global en su conjunto.

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