Pocas personas son capaces de mostrar optimismo con la industria de carne en Argentina, que despidió a más de 6.000 trabajadores y perdió 11 millones de cabezas de ganado en los últimos cuatro o cinco años. En Swift Armour, el frigorífico más grande del país, controlado por el grupo brasileño JBS, tampoco había razones para vislumbrar un escenario promisorio. Tres de sus unidades están paralizadas. Por el exceso de regulación y las dificultades para exportar, sólo se aprovecha el 40% de la capacidad de matanza de ganado, de 5.000 animales por día.
Pero el ejecutivo Artemio Listoni, que asumió recientemente el comando de JBS en Argentina, comienza a implementar un nuevo plan de negocios para cambiar el foco de actuación de la empresa y volverla a colocarla en la ruta del crecimiento. Swift se concentrará en las exportaciones de Cuota Hilton a la Unión Europea y priorizará la venta de productos industrializados en el mercado interno. Estamos saliendo de la historia de simplemente matar vacas en Argentina, afirma Listoni.
El empresario está convencido de que la inflación de los alimentos en el país hará que los argentinos vayan cada vez más al consumo de productos populares, como hamburguesas y salchichas, en lugar del tradicional bife de chorizo o el asado de tira. Los precios de los alimentos subieron cerca de 40% en 2010, según mediciones independientes.
Incluso el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), desacreditado entre la opinión pública y el mercado, admitió un alza de 14%. "El comportamiento alimentario del argentino está cambiando. Va a buscar un producto de calidad, buen gusto y costo accesible".
Con la nueva estrategia, Listoni cree que la facturación de Swift puede aumentar, de u$s 500 millones esperados este año, a u$s 700 millones en 2012 y cerca de u$s 1.000 millones en 2013. Pero la composición será diferente. Hoy, 60% de los ingresos provienen de las ventas al exterior y 40% del mercado argentino. En dos años, su expectativa es invertir esa relación. Por eso, Listoni envió un mensaje a la competencia; las unidades de JBS en el país no están en venta, al contrario de lo que anunció la empresa en 2010.
En la apuesta a los industrializados, la empresa abrió hace un mes una nueva línea de producción de hamburguesas, con una inversión de u$s 5 millones. Eso le permitirá duplicar la capacidad, de 1.000 a 2.000 toneladas por mes, aumentando la participación en el mercado, actualmente en cerca de 10%. Con respecto a las salchichas, el objetivo es duplicar la participación, hoy en 4%, con una política de marketing más agresiva.
Otras dos apuestas están en los patés y en los sebos. La unidad de Pontevedra, en el gran Buenos Aires, se readecuó para recibir una nueva línea de productos de patés, que se inaugurará el 1 de noviembre. Con esa inversión, la producción aumentará 25%, lo que significa tres millones de latas por mes. Además, se reabrirá el sacrificio en Pontevedra, con cerca de 600 cabezas de ganado por día, para asegurar el abastecimiento.
Tenemos 74% del mercado de patés en Argentina, pero llegamos a rechazar un quinto de los pedidos, por falta de capacidad, dice Listoni, esperando solucionar el problema de oferta.
En la línea de sebos, industrias (como insumo para productos de higiene y cosméticos) y comestibles (manteca de cerdo), la producción saltó de 25 a 50 toneladas por día, en apenas un año. En breve, alcanzará 320 toneladas diarias.
Listoni explica que los nuevos planes de JBS en Argentina no están basados sólo en un diagnóstico de la situación macroeconómica y de la industria de carnes, sino en una extensa investigación que realizó la empresa recientemente. Ese trabajo mostró que 90% de los consumidores locales conocen la marca Swift y al menos la mitad probó sus productos.
Pero la impresión generalizada es que los productos están dirigidos prioritariamente a la exportación. Con acciones de marketing a partir de julio, la empresa intentará cambiar esa imagen. "La estrategia era matar vacas, cocinar, colocar dentro de un embalaje y enviar a Europa, Estados Unidos y Asia. No se actuaba con fuerza en el mercado interno. Y cometimos algunos errores aquí", señala Listoni.
El ejecutivo afirma que no dejará de atender sus clientes en el exterior, pero el foco en las exportaciones lo tendrá la Cuota Hilton, cuya tonelada se negocia a más de u$s 13.000, con el envío de cortes de excelente calidad al mercado europeo. Para complementarla, los cortes más baratos, se enviarán a países como Israel. En el período 2010/2011, JBS cumplió 2.200 toneladas de Cuota Hilton.
Para la próxima temporada, entre julio de este año y el mismo mes de 2012, se pidieron 2.500 toneladas. El grupo brasileño tiene un buen argumento: en los últimos dos años, Argentina no consiguió enviar a la UE todo el volumen convenido.
Listoni dice que la empresa no quiere problemas con el gobierno argentino, pero evalúa que la política de fuerte intervención en el mercado tornó inviable buena parte de las exportaciones. Aquí, la carne y la papa son como el feijao (poroto negro) con arroz para los brasileños. El gobierno decidió poner la mano en la carne para reducir el precio y aumentar el consumo. Sucedió exactamente lo contrario, opina.
El ejecutivo explica: por cada dos kilos y medio de carne para exportación, es preciso entregar al mercado interno un kilo de cortes populares -son 13 en total, con precios establecidos por el gobierno y congelados desde hace tres años. Eso genera un costo adicional de aproximadamente u$s 500 por toneladas y torna poco ventajoso exportar. "No creemos que sean las mejores decisiones, pero aceptamos y buscamos encuadrarnos. No es por falta de vaca que tenemos las plantas cerradas. Es porque el negocio es inviable".