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LUNES 17/12/2018
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Susana Jimenez, ministra de Energía de Chile: "Hay afinidad política y voluntad de avanzar"

En un mano a mano con El Cronista, Susana Jiménez, ministra de Energía de Chile, habló sobre cómo es la relación con la Argentina, tras los desencuentros durante el kirchnerismo. También, resaltó el avance de la introducción de energía renovable en su país, a raíz de la caída de sus costos.

La relación entre la Argentina y Chile, en materia energética, ha sido históricamente muy estrecha. Hay, de hecho, siete gasoductos (dos en el norte, uno en el centro, uno en el sur y tres en la zona austral) y una conexión eléctrica (a la altura de Salta) que unen a las dos naciones. Sin embargo, hace 10 años, el gobierno entonces liderado por Néstor Kirchner generó un cortocircuito, al cerrarle la canilla al flujo de gas que corría de aquí hacia allá. Actualmente, esa situación comienza a revertirse y la Argentina está volviendo a llevar sus recursos energéticos a dichos lares.

Reforzando esta integración, por estos días, se está llevando adelante un estudio que va a determinar cuatro alternativas de interconexión eléctrica adicionales a la ya existente.

"Está adjudicado y en proceso. Va a evaluar la conveniencia económica y de armonización regulatoria que requiere. El informe final debería darse a conocer a principios del próximo año", puntualiza Susana Jiménez, la actual ministra de Energía de Chile, quien estuvo presente en las reuniones del G20 que tuvieron sede en San Carlos de Bariloche y habló en exclusiva con El Cronista sobre este. Además, dio detalles sobre el impacto de la Ley de Generación Distribuida, reglamentada en 2014, y sobre la introducción de energías renovables en el país vecino.

- Días atrás tuvieron la primera reunión de la mesa de descarbonización de la matriz energética. ¿Cómo surgió esta iniciativa?

Surge de un acuerdo que firmaron las empresas generadoras que tienen fuentes a carbón con el Ministerio de Energía. Fue en enero de 2018 cuando se acordó que ya no se construirían más centrales a carbón que no tuvieran sistemas de captura de carbono y que, además, se conformaría una mesa liderada por el Ministerio de Energía, para analizar todas las variables económicas, de seguridad energética y ambientales que pudieran dar pie a un cronograma de retiro y reconversión de las centrales a carbón. Es un desafío no menor, porque la matriz eléctrica de Chile tiene un 40% de generación a carbón. La idea es que la mesa de descarbonización sea una instancia de diálogo en que podamos sensibilizarnos por el tema desde sus distintas perspectivas, porque esta es una situación multivariable. Acá no es solo una variable que importa, que puede ser el tema de emisiones de efecto invernadero (que causan el cambio climático), sino que también están las variables de la seguridad del sistema, la competencia, la economía del sistema y los temas laborales que puedes generar. Por lo tanto, tenemos un cronograma de trabajo, una reunión mensual en que vamos a dialogar y, posteriormente a eso, vamos a conversar con cada una de estas empresas para poder hacer este cronograma de retiro y reconversión. En un plazo máximo de un año se debería establecer este cronograma.

- ¿La tecnología de captura y almacenamiento de carbono ya está disponible en su país? ¿A precios competitivos?

La verdad es que es una tecnología que hoy existe, pero es muy cara. Por lo tanto, se vuelve poco competitivo probablemente establecerla ahora. Eso sin perjuicio de que el cambio tecnológico que hemos visto en las distintas fuentes de generación pueda, eventualmente, significar que esto se vuelva competitivo, así como también posible. El objetivo final es la reducción de emisiones. Por tanto, en la medida en que exista esta oportunidad, por supuesto hay que estar atento a ella.

- ¿Cómo fue el proceso de introducción de energías renovables en Chile?

Durante el primer gobierno del presidente [Sebastián] Piñera, se tramitó un proyecto de ley que forzaba la introducción de energías renovables: hablaba de un 20% a 2025. Lo que hemos visto es que ha sido tal la caída de costos de estas tecnologías en los últimos años que la ley se volvió innecesaria, porque ya hemos tenido períodos en que las energías renovables no convencionales generan el 20% o más a la fecha, y ya sin esperar al 2025.

- ¿El impulso fue desde el sector privado o desde el ámbito público?

Se tramitó esta ley, pero, la verdad es que la caída de los costos internacionales, además de algunos cambios regulatorios que se iniciaron, permitieron el despliegue de estas tecnologías desde la iniciativa privada. En Chile, la generación se basa en la iniciativa privada y regulaciones que den garantías de seguridad y resguardo ambiental, con neutralidad tecnológica. Es decir, no se apuesta por una tecnología, sino que se permite que se desarrollen las más competitivas, con estos resguardos en la normativa que garanticen la seguridad y el respeto por el medioambiente.

- ¿Cuál es la proyección de penetración de las energías renovables de aquí en adelante?

Un par de años atrás se hizo un trabajo que se llamó Energía 2050, que fue un trabajo participativo con lineamientos en distintas temáticas, hacia el año 2050. En esta materia, por ejemplo, la aspiración era llegar a 70% de energía renovable para ese año. Sin embargo, lo que vemos actualmente es que esa aspiración se va alcanzar mucho antes. De hecho, creemos que, incluso, una o dos décadas antes. Ahora, es una aspiración: nosotros no estamos con esto imponiendo metas, pero creemos que hacia allá van. Las energías renovables llegaron para quedarse, su reducción de costos ha sido muy significativa y ha hecho que sean la tecnología más competitiva en este momento.

- ¿Cómo definiría la relación actual con la Argentina en materia energética, luego de las complicaciones que hubo en el pasado?

Hay mucha afinidad política y, por lo tanto, mucha voluntad de avanzar y profundizar nuestra integración energética. A fines del año pasado, se firmó un protocolo de acuerdo, en el cual se permitían intercambios eléctricos y de gas, pero estaba pensado más para situaciones temporales y de emergencia. Por lo tanto, requerían de devolución en un plazo de 12 meses. Lo que se llama un swap energético. Y, recientemente, en abril, se firmó un protocolo adicional, en el cual se liberaliza la comercialización la importación, la exportación y el transporte tanto de energía eléctrica como de gas. Creemos que es un paso muy importante, porque consideramos que hay mutuos beneficios en este intercambio.

- En 2012, Chile sancionó su Ley de Generación Distribuida (que fue reglamentada en octubre de 2014). ¿Cuál ha sido la experiencia desde entonces?

La ley ha permitido el desarrollo de la generación distribuida, pero no muy masivo. A la fecha, tenemos del orden 16 MW conectados, que son algo más de 2500 conexiones de hogares o de establecimientos pequeños. Actualmente, estamos modificando esa ley. Como Ejecutivo, presentamos indicaciones a ese proyecto, que buscan, por una parte, ampliar el universo de quienes se pueden acoger a este sistema, porque la ley vigente establece que solo haya conexiones de hasta 100 kW pueden acceder. Ahora, lo estamos subiendo a 300.

- ¿Eso es mucho?

Eso es bastante, considerando que un hogar tiene, generalmente, 2-3 kW. Eso quiere decir que ahí hay un espacio más importante para establecimientos ya más grandes, como hospitales, fábricas y comercios o industrias pequeñas. Así, por una parte, estamos ampliando el universo y, por otra, estamos reglando, porque en la generación distribuida el espíritu mismo es de autoconsumo. La discusión que se ha dado en esta modificación es si los remanentes deben o no ser remunerados. El proyecto salió del Senado sin pago de excedentes (ahora, está en la Cámara). Ahora, esos excedentes sí se pueden usar para rebajar parte de la cuenta que cada usuario paga u otros de su propiedad. Así es como salió del primer trámite. Hoy día, nosotros estamos presentando indicaciones para flexibilizar aquello, pero siempre manteniendo el espirítu de autoconsumo. No queremos que esto se convierta en un sistema para comercializar energía. En este sentido, uno de los 10 megacompromisos de nuestra ruta energética es multiplicar por cuatro la generación distribuida en estos cuatro años.

Casi universal

"En Chile, tenemos una cobertura eléctrica del 99 y algo por ciento", cuenta Susana Jiménez, ministra de Energía de dicho país.

"No obstante, aun cuando el porcentaje que no tiene acceso es pequeño, igualmente, estamos hablando de 10.000-15.000 hogares que no tienen electricidad y otro tanto similar que tiene un acceso parcial. Es decir, que tiene sumistro un par de horas al día, con fuentes contaminates y caras, y son, por lo tanto, energéticamente vulnerables", añade. Para remediar esta situación, la patria vecina se comprometió a través de su hoja de ruta energética a identificar donde están estos hogares y cuáles son sus necesidades. A partir de este mapeo, apunta la funcionaria, se desarrollará un plan de acción tendiente a cerrar la brecha.

"Tenemos que hacer esa identificación y nos hemos comprometido a avanzar en dar solución energética o mejorar dicha solución a un ritmo de 2500 hogares por año", cierra la funcionaria.

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