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MIÉRCOLES 20/03/2019

¿Lejos de un consumo 100% renovable?

Cada vez son más los países que transitan un cambio de paradigma, disminuyendo el consumo de combustibles fósiles e incrementando el de fuentes limpias. Con Costa Rica y Uruguay como ejemplos a seguir, ¿cuál es el estado de situación en la Argentina? Lo que hay, lo que falta y la distancia que existe respecto de esos escenarios.

¿Lejos de un consumo 100% renovable?

A nivel global, en 2018, varios países se sumaron al club de los "100% renovables" y, entre los referentes latinoamericanos, hay casos como el de Costa Rica y Uruguay, que se destacan por sus logros.

Uruguay, por ejemplo, está aprovechando todo el potencial de sus ríos para la generación hidroeléctrica y viene invirtiendo, cada año, el 3% de su PBI en la reforma estructural que aspira a reducir su huella ambiental. Así, el año pasado, logró suplir su consumo de energía con fuentes 100% renovables durante varios días. Costa Rica, por su parte, desde hace cuatro años, alcanzó el 98% de la generación eléctrica renovable. Ello fue posible gracias a energía proveniente del agua, la geotermia, el viento, la biomasa y el sol. Así, desde 2014 a 2018, el sistema eléctrico nacional (SEN) de este país produjo 44.300,53 GWh, de los cuales 98,53% proviene de plantas que emplean recursos renovables.

Si bien pueden resultar incomparables las realidades de estos dos países, mucho más pequeños y con menor cantidad de habitantes que la Argentina, lo que sí es de destacar es la planificación y concientización acerca del tema que lograron instalar y sostener. Tanto desde la Cámara Argentina de Energías Renovables (Cader) como desde distintos proyectos de investigación que existen a nivel local, los especialistas coinciden en que la educación es el primer paso en este proceso de cambio de paradigma. Porque no se trata únicamente de cambiar el tipo de generación, sino de una reeducación: ser más consciente de cómo, cuándo y cuánta energía se consume, sobre todo, quienes habitan en las grandes ciudades. Ese es el eje del cambio.

Marco local

Marcelo Álvarez, presidente de la Cader, explica que, si bien se cuenta con un marco regulatorio adecuado, los problemas a nivel local son tres: "Los subsidios que todavía tienen las formas convencionales y no responden a las necesidades concretas; el financiamiento, que aún es caro tanto para la Argentina como para otros países de la región, incluso para Costa Rica; y el cambio cultural, porque se necesita un cambio de paradigma. Usar renovables no solo implica un cambio tecnológico sino de modelo de consumo, de generación y de producción de la energía".

Por su parte, Miguel Aguirre, director del Departamento de Energía Eléctrica del ITBA, explica: "Nuestro sistema eléctrico interconectado, hace 20 años, era una maravilla y un caso de estudio a nivel mundial, pero ese supersistema, hoy, es una de nuestras dificultades, porque se basa en la previsibilidad, es decir, requiere saber cuánta energía vamos a consumir con bastante tiempo de anticipación". Los especialistas coinciden en que, para dar un paso hacia las renovables, las personas deben acostumbrarse a la noción de fuentes intermitentes y generación distribuida. Para lograrlo, se requiere de un planeamiento que permita manejar las rampas de entrada y salida de estas fuentes, y gestionar el caudal de una manera descentralizada, más cercana al consumo e involucrando a la sociedad civil, un aspecto clave para alcanzar las metas de descarbonización de cara a 2050.

"La Argentina no tiene grandes emisiones si nos comparamos con los países del G20, los industrializados, pero sí tenemos el doble per cápita que el resto de los países de la región", subraya Álvarez, y agrega: "Necesitamos fomentar una energía más distribuida, no solo con la ley que aspira a llegar a los 1000 megas para 2030, sino impulsar un cambio más rápido que, además de bajar las emisiones, generaría un win-win para la economía, a través del desarrollo de energías regionales, el desarrollo pyme, las bajas de precio de la energía sin tener que aplicar subsidios, la descentralización y la construcción de una matriz más segura".

Ahora bien, construir una matriz más segura impulsa a avanzar hacia una alternativa más barata, más limpia en términos de emisiones y que generaría nuevos empleos. Todo esto es posible a partir de la toma de conciencia en la sociedad y tiene una vinculación directa, como explica Aguirre, con el concepto de smart cities. "El objetivo es empezar a cambiar, para usar más energía cuando la hay y menos cuando no la hay. Por ejemplo, usar un lavarropas inteligente, que funcione a las 4 am, cuando nadie tiene luces prendidas, para poder tener un mayor aprovechamiento y dejar de consumir energía a lo tonto", dice.

De este forma se consumirá menos energía generada por combustibles fósiles, ya que, cuanto más inteligente sea el consumo, más fácil será adaptarse a las condiciones de producción de las nuevas fuentes. "En 10 años, todos los electrodomésticos podrían tener tecnología para un consumo inteligente", se aventura Aguirre. ¿Por qué es tan importante descentralizar la generación? Porque una matriz distribuida en distintas zonas reduciría las pérdidas en transporte y distribución. El mundo va hacia escenarios descentralizados. "Si somos inteligentes y lo logramos para 2050, tendremos la oportunidad de contarlo. Si no, pasaremos la barrera del calentamiento de los 2°C para 2100 y habremos introducidos variaciones irreversibles en el clima que no sabemos en qué pueden deparar", sentencia Álvarez.

Los paneles no son la solución

La energía renovable es cara, un panel solar y toda su instalación no vive más de 10 años. De esta manera desalientan los especialistas a quienes ven en la instalación de paneles la posibilidad más cercana. "¿Dónde consigo un cuarto de la superficie para tapar con paneles y lograr abastecer la cantidad de energía necesaria? ¿En el campo? ¿En los techos? La energía térmica podría complementar a la solar; la eólica, en nuestro país, ya comprobamos que no funciona y la geotérmica tampoco. No tenemos mucho para jugar", así ilustra el panorama Aguirre, y agrega: "Generar el 10% extra de energía cuesta muchísimo, pero consumir un 10% menos es solo cuestión de educación. Nosotros tenemos el primer laboratorio de universidad alimentado por energía solar en la Ciudad de Buenos Aires, y estamos trabajando para hacer investigación acerca de cómo usarla cuando hay". Analizando la suba y baja del consumo, los alumnos hacen el ejercicio de tomar conciencia. No se trata de instalar paneles, sino de cambiar la dinámica de consumo para optimizar los recursos.

Generar un cambio energético que ya en otros países es una realidad implicaría que el recurso sea más barato para todos, que los primeros en beneficiarse sean los sectores menos favorecidos, y que se pueda empezar a dejar a un lado el uso de combustibles fósiles para compensar los picos de consumo. Todo esto, además, haría que la nafta y el gas sean más baratos, liberando al Estado, principal comprador, de la magnitud de este gasto. En países de la magnitud, en kilómetros y en cantidad de habitantes, como es la Argentina, se debe apuntar a reducir el consumo con información.