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Jueves 4.1.2018
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Ecoturismo: la apuesta por lo autóctono

Con 1235 millones de turistas internacionales movilizados en 2016, la industria tiene un enorme potencial transformador, si sus actividades se alinean con el cuidado del ambiente. En la Argentina, numerosos son los actores que están dando un paso adelante en este sentido, muchos con una fuerte impronta local.

Ecoturismo: la apuesta por lo autóctono

Como industria, el turismo representa 5% de las emisiones globales de dióxido de carbono (CO2) y contribuye, así, al cambio climático, según datos de la Organización Mundial del Turismo (OMT). Al mismo tiempo, la friolera de 1.235 millones de turistas que se movieron a nivel global en 2016 da la pauta del potencial positivo que representaría si las cosas se hicieran de forma responsable con el planeta y justa con las comunidades.

Pero, lograr que eso suceda no será fácil: hay que fomentar un cambio en las políticas, en las prácticas de las empresas y en el comportamiento de los consumidores. En la Argentina, son muchos los actores que trabajan en este sentido y dan un paso adelante en lo que serán los viajes del futuro.

Práctica, no diferencial

Lo sustentable no debería ser un diferencial para el turismo, sino una práctica incluida en su propia definición. Esta es una de las ideas más fuertes que se escuchó de parte de Jorge Vallina Crespo, director de Turismo de la consultora en sustentabilidad española Formagrupo y Hoteles más Verde durante el encuentro "Ideas y Estrategias para un Desarrollo Turístico Sostenible", que se realizó en junio último en la Ciudad de Buenos Aires.

Es importante notar que la actividad turística, que crece a ritmo acelerado, debe planificarse dado que, en caso contrario, se puede caer en la "sobreturistificación", algo que hoy es visto como amenaza: hay ciudades que colapsan por recibir más visitantes de los que las infraestructuras y los propios residentes están dispuestos a tolerar.

En Barcelona o Venecia, por ejemplo, se ha llegado incluso a hablar de "turismofobia". El caso más reciente es Islandia, que recibe una proporción de siete turistas por cada habitante. "Los ambientes naturales y las comunidades locales en vínculo con esos ambientes tienen una capacidad de carga. Es por esto que el turismo, como toda actividad humana, deberá ser sustentable o no será", explica Claudina González Escariz, coordinadora del Programa Turismo de Naturaleza de Aves Argentinas.

Cabotaje

"Tenemos mucho potencial en ser líderes en turismo sustentable, principalmente porque tenemos mucha naturaleza", enfatiza, en relación a la Argentina, Cecile Stuart, quien organiza viajes a medida por América del Sur para extranjeros. Y agrega: "Esta es la mejor manera de llevar trabajo a las comunidades. Tener en cuenta todo lo relacionado a la cultura añade mucho valor al viajero".

Según Stuart, "destinos que son sustentables cuando se hace turismo de naturaleza o de comunidad están llevando negocios a economías regionales". En este sentido, apunta, considerando "el desarrollo a nivel municipal e interior, hacer turismo en zonas alejadas es ideal; además, ayuda a reemplazar a otros destinos ya muy masificados". Desde su mirada, uno de los grandes problemas para lograr hacer sustentables los puntos clave de la Argentina es que no se cuenta con "buenos procesos para los residuos", por lo que "todo va a un basural abierto que al final termina arruinando el paisaje y el potencial económico".

Stuart se entusiasma al contar historias como la de Estancia El Cóndor sobre el Lago San Martín, en Santa Cruz. Como parte de un proyecto de conservación ambiental y cultural de Cielos Patagónicos, que comenzó comprando terreno y gestionándolo de forma sustentable, se recuperaron la flora y la fauna del lugar, y ahora es un paraíso que se sustenta gracias al turismo.

"El turismo está tendiendo hacia la sustentabilidad porque hay mayor conciencia en los viajeros y los destinos convencionales o masivos ya están superados en su capacidad de carga natural y social. Hay una necesidad de buscar experiencias reales", dice, a su vez, Lucas Gómez Rios, de Fundación Temaikén. "En la Argentina, aún estamos muy lejos, pero existen redes campesinas, indígenas y de reservas naturales que promueven los destinos y las experiencias sustentables."

González Escariz también cree que la industria se está volviendo más verde, "aunque queda camino por recorrer".

"En general, las empresas y los distintos prestadores turísticos saben bien que el respeto por el recurso natural es lo que sostendrá la actividad a largo plazo", afirma, al tiempo que considera: "Hay compañías de todo tipo y tamaño muy comprometidas con los principios de responsabilidad social y ambiental, y hay un mercado, tanto nacional como internacional, más sensible a estos temas y más atento a los criterios de sustentabilidad de los proveedores que contrata y sus cadenas de valor".

Vacaciones solidarias

"Se nos exige replantearnos el modelo de gestionar. Es necesario desarrollar empresas que reconozcan la centralidad de la persona, cuya toma de decisiones sea fundada en valores universales", reflexiona Bettina González, directora de Boomerang Viajes. Su Programa de Turismo Sustentable y Solidario del NOA es su ejemplo más claro de que un turismo que abarque lo ambiental, social y económico es posible. Desde 2010, y con la mentoría de Paula González, no para de crecer en seis comunidades originarias y campesinas de Salta.

Al principio se identificaron los posibles emprendimientos que podrían surgir, y les propusieron integrarse al programa y a la red. Luego, se capacitó a quienes reciben a los turistas y se fortaleció la infraestructura. Y "en estos años han generado vínculos con el sector público, el privado, el tercer sector y la educación".

"Cuando pensábamos hacia dónde iría el turismo -recuerda González-, allá por el año 1992, imaginábamos esto que está sucediendo hoy, que es llegar a la instancia de comercialización del turismo en las zonas rurales, de pueblos originarios o de comunidades rurales y urbanas. Era desviarte de la ruta tradicional, ofrecer un espacio para compartir con la comunidad y que esto generara una oportunidad de negocio a ellos también".

Otro caso que demuestra que todo esto es posible es el de Ecoturismo Guaraní en aldeas comunitarias de San Ignacio, Misiones. Lucas Gómez Rios, de Temaikén, participó del proyecto y explica que el foco fue utilizar al turismo como herramienta de conservación del patrimonio natural y cultural. Desde 2013, reciben 700 visitantes al año. La meta es que, para 2020, se logre mejorar la calidad del ambiente a través de la práctica de turismo sustentable en el marco de conservar la Reserva Natural Osununú.

Dentro de los lineamientos que encaminan el proyecto están: rescatar los saberes ancestrales de cultura indígena, reflexionar sobre los desafíos ambientales que enfrentamos e introducir conceptos de turismo sostenible o ecoturismo como estrategia de usos sustentable de la naturaleza y la cultura.

Tanto en Boomerang como en Temaikén lo importante es capacitar y empoderar a los pobladores para que sean independientes y puedan sostener la actividad en el tiempo. Por eso, con Ecoturismo Guaraní se tiende a la autogestión de la propia comunidad, la distribución equitativa entre los emprendedores y el resto de la comunidad, y el compromiso de hacer un uso sustentable de la flora y la fauna.

"Para el caso nuestro, como agencia, es fundamental que ellos se formalicen y que estemos en una situación de paridad comercial dentro del mercado. Esto implica que el proyecto se va a poder desarrollar y va a ser sustentable económicamente", afirma González.

Turismo de naturaleza

González Escariz cuenta que el Turismo de Naturaleza es una práctica turística sustentable que "transforma a todos los actores participantes (sector público, sector privado, sector asociativo, anfitriones y visitantes) en "agentes de conservación".

Entre sus ventajas comprende: disminución del impacto ambiental, visita a áreas distintas a los circuitos tradicionales, desarrollo de economías regionales y generación de ingresos para los pobladores locales.

"Parte de nuestro trabajo es contribuir a una mayor conciencia ambiental, educando y promoviendo inversiones para la conservación. Y el turismo es, sin dudas, una gran herramienta para estos fines", dice. Para ello, Aves Argentinas genera convenios de cooperación técnica en pos de un turismo sustentable.

Dentro del ecoturismo, el de observación de aves es una actividad que no para de crecer a nivel mundial: se estima que genera alrededor de u$s 7.000 millones al año. Un observador de aves puede llegar a tener estadías que van de 12 a 15 días en destino y tiene asociado un nivel de gasto mayor al del turista tradicional, lo que redunda en el desarrollo del territorio que le da la bienvenida. En la Argentina, se puede elegir entre cinco eco-regiones, entre ellas los Esteros del Iberá y la Patagonia.

La hotelería toma la posta

Del 5% de emisiones que genera el sector turístico en general, 20% es producido por los establecimientos hoteleros por el uso de calefacción, restaurantes y climatización de piletas, entre otros. Es por eso que es tan importante que también desde allí nazca el compromiso para marcar la diferencia.

Por mencionar un caso, el Wyndham Hotel Group -que tiene a los establecimientos Dazzler, Esplendor, Howard Johnson, Ramada y Wyndham (Nordelta) en la Argentina- puso en marcha diferentes medidas para reducir sus efectos nocivos sobre el ambiente. Entre ellas: control de consumo de energía en cada habitación; uso de iluminación Led y sensores de movimiento para reducir el consumo, aprovechamiento de la luz natural; reúso de sábanas y toallas en las habitaciones; envases de amenities a granel; separación y clasificación de residuos, y envío de reciclables a cooperativas.

Stuart relata casos de hoteles de 4 y 5 estrellas que se volcaron a medidas sustentables, como desarrollar sus propias huertas, motivados por la necesidad, "porque no conseguían productos primarios de calidad". Así comenzaron también a realizar compost y a disminuir más y más sus residuos.

Por supuesto, hay hoteles que ya nacen con el propósito claro, como Palo Santo en el barrio porteño de Palermo, que fue pensado desde sus inicios como el primero urbano eco-sustentable de América latina. "En esos tres años de operaciones recibimos aproximadamente 50.000 huéspedes. De los grupos que recibimos, estimamos que la mitad nos eligió por nuestro compromiso ecológico y social", repasa Aurélia Monnier, su gerente de Ventas y Marketing. "Cada vez más empresas necesitan reducir su huella ecológica. Elegir proveedores ecoconscientes es, para ellas, una necesidad y hay poca oferta de alta gama y calidad de servicio que responda a ese criterio".

Consultada por los obstáculos de elegir administrar de una manera sostenible, Aurélia dice: "Sin duda, es más difícil porque es poca la gente que ya está capacitada en el tema. Pero, una vez que esos procesos y estándares se determinan, se enseñan y se incorporan, la gestión tiene enormes ventajas en la medida en que los procesos que cuidan del medioambiente en la mayoría de los casos representan técnicas más modernas y formas de anticiparse a los procesos".

Un ejemplo de esto es la gestión de la basura. "En un hotel tradicional, la basura se gestiona ex facto. Nosotros diagramamos procesos en los cuales ya sabemos qué basura se generará, de qué índole, dónde se encontrará, cómo se tratará y por quién", detalla.

En una industria en constante crecimiento, y con la gran cantidad de oportunidades que genera a cada momento, todos los que son parte del turismo tienen que ver a tiempo en la sostenibilidad su mejor carta para apostar al futuro.