

Las herencias suelen ser uno de los momentos más delicados en el ámbito familiar. A la carga emocional se suma, en muchos casos, una compleja gestión patrimonial que puede derivar en conflictos difíciles de resolver.
Uno de los más habituales en España tiene que ver con la ocupación de una vivienda heredada por parte de uno de los herederos. En esta situación, que se repite con frecuencia, un hijo o hija vive en la casa de sus padres durante años con su consentimiento.
Sin embargo, tras el fallecimiento de los propietarios, esa ocupación pasa a estar bajo un nuevo marco legal. Según explica en un vídeo el abogado Manuel Hernández, especialista en derecho hereditario, ese cambio marca un antes y un después en los derechos sobre el inmueble.

Qué ocurre si se ocupa una vivienda con permiso de los padres y estos fallecen
“Cuando nos enfrentamos a una división de una herencia, nos encontramos que en ocasiones alguna de las viviendas que ocupa el haber hereditario está ocupada por uno de los herederos”, señala Hernández. Se trata de una situación común que, según el abogado, suele ser el detonante de procedimientos judiciales.
El problema surge cuando el heredero que ocupa la vivienda no quiere abandonarla. “Está muy cómodo en la vivienda y al resto de herederos no les da acceso”, explica. En estos casos, el inmueble forma parte de la masa hereditaria, lo que significa que pertenece a todos los herederos y no solo a quien lo habita.
Desde el punto de vista legal, la autorización que los padres pudieran haber dado en vida no se mantiene tras el fallecimiento. A partir de ese momento, la vivienda deja de ser un bien de uso personal y pasa a ser un bien patrimonial, susceptible de generar rentas.
Qué ocurre si uno de los herederos ocupa la casa tras el fallecimiento
“Si yo estoy ocupando una vivienda porque mi padre o mi madre me estaban dejando ocuparla, no pasa nada. Pero si fallecen, acto seguido, esos bienes son susceptibles de producir rentas, de alquilarse”, aclara Hernández.
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Esto implica que la ocupación sin el consentimiento del resto de herederos se considera precario, es decir, una ocupación sin título legal. En ese contexto, los demás coherederos pueden exigir que el inmueble se destine al alquiler, a la venta o a la división del patrimonio.
El abogado subraya que la clave está en la voluntad de la mayoría. Si los herederos que representan más del 50 % de la herencia no autorizan la ocupación, el ocupante debería abandonar la vivienda o afrontar consecuencias económicas.
Qué vías legales existen para resolver el conflicto
Hernández explica que existen dos actuaciones efectivas para desbloquear este tipo de situaciones. La primera es iniciar un procedimiento de desahucio por precario, siempre que exista mayoría entre los herederos. “Es como cuando dejas de pagar el alquiler y te interponen una demanda de desahucio, exactamente lo mismo”, señala.
Este procedimiento permite fijar una fecha de desalojo y recuperar el control del inmueble. Sin embargo, no siempre es posible, ya que requiere superar la mitad de las cuotas hereditarias.
Cuando no existe mayoría, la alternativa es acudir a un procedimiento judicial de división de herencia. En este caso, se introduce en el inventario un concepto clave: las rentas de mercado que debería abonar el heredero que ocupa la vivienda.
Según explica el abogado, “incluimos dentro del inventario de la herencia las rentas de mercado que debería pagar el ocupante del inmueble al resto de herederos”. Para ello, se aporta una pericial judicial que fija el valor del alquiler mensual.

Cuáles son las consecuencias económicas de seguir ocupando la vivienda
Este mecanismo tiene un efecto directo sobre el heredero ocupante. Cada mes que permanece en la vivienda sin autorización, la cantidad correspondiente al alquiler se descuenta de su parte de la herencia. “Eso hace que la situación cómoda se convierta en incómoda”, resume Hernández.
Desde el punto de vista jurídico, esta solución busca equilibrar los derechos de todos los coherederos y evitar que uno solo se beneficie del uso exclusivo de un bien común. Además, actúa como incentivo para alcanzar acuerdos o acelerar la adjudicación definitiva del inmueble.


