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BBVA lidera la apuesta de la banca española por el negocio sostenible, seguido por CaixaBank, el otro gran referente de este sector. Y lo hace con autoridad. La entidad vasca canalizó 82.000 millones de euros en ese segmento de la economía, cifra que explica un 38% más que en el mismo periodo del año anterior, de los que alrededor de 26.000 millones correspondieron a España.

Así pues, de la mano de este avance, la entidad acumula un total de 216.000 millones de su objetivo de 700.000 millones para el periodo 2025-2029.

Del total destinado en negocio sostenible entre enero y junio de 2026, 63.000 millones de euros, esto es el 76% del total, correspondieron al ámbito medioambiental, que abarca cambio climático y capital natural; mientras 19.000 millones de euros (24%) tuvieron como destino el ámbito social.

Por geografías, España concentró el 34% de la inversión de negocio sostenible en el primer semestre de 2026, seguida de México, con un 16%; Turquía, con un 12%; y América del Sur, con un 9%. El resto de áreas geográficas sumaron un 29%.

Por productos, la financiación y la actividad de banca transaccional representaron el 86% del total canalizado en el semestre de 2026, mientras que el mercado de capitales aportó un 10% y la financiación de proyectos, un 4%.

Crecimiento en todas las áreas de negocio

En clientes mayoristas (CIB), BBVA canalizó 42.000 millones de euros (38.000 millones en ámbito medioambiental y 4000 millones en ámbito social), un 29% más que en el primer semestre de 2025.

En paralelo, continuó impulsando su actividad en líneas estratégicas como la financiación de tecnologías limpias (‘cleantech’), las soluciones como el ‘confirming’ vinculado a la sostenibilidad y la financiación de proyectos de energías renovables. Esta última alcanzó 4.300 millones de euros en el trimestre, con una aportación especialmente relevante de Europa y Estados Unidos.

Por su parte, Banca de Empresas e Instituciones (BEI) destinó 30.000 millones de euros que se repartieron 22.000 millones en ámbito medioambiental y 8000 millones en ámbito social, un 48% más interanual. Especial impulso tuvo México y Turquía. Entre sus palancas de crecimiento destacaron el asesoramiento en sostenibilidad y el acompañamiento especializado en agro, economía circular e infraestructuras.

Por último, en cliente minorista, BBVA colocó 10.000 millones de euros en negocio sostenible en el primer semestre de 2026 (3000 millones en ámbito medioambiental y 7000 millones en ámbito social), un 54% más que en el mismo periodo del año anterior, el mayor crecimiento interanual entre los tres segmentos.

Vale recordar, además, que el banco anunció el pasado 27 de julio su participación como banco global (Global Banking Partner) de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP31) que se celebrará del 9 al 20 de noviembre en la ciudad de Antalya (Turquía). A través de esta alianza, la entidad trabajará junto a la presidencia de la cumbre climática y Naciones Unidas para seguir impulsando la financiación de la transición energética y acelerar la implementación de soluciones hacia una economía baja en carbono.

Transición energética, el camino que ya se esta transitando

La historia nos dice que en el año 1800, todos los seres humanos del planeta (algo menos de 1000 millones) consumieron 5.600 teravatios hora (TWh) de energía. Esta provenía, en su mayoría, de la quema de madera. En 2019, con una población casi ocho veces mayor, el consumo de energía se multiplicó por 30 hasta superar los 173.000 TWh. Al uso de madera, que prácticamente se mantuvo, se sumaron casi 140.000 TWh de energías fósiles, repartidos entre petróleo, carbón y gas natural.

Lo cierto que esta explosión de producción y consumo de energía creó un doble problema. Por un lado, la quema de combustibles fósiles genera gases de efecto invernadero que están cambiando el clima y amenazan la estabilidad de la vida en la Tierra. Por otro lado, las sociedades, sobre todo, las más ricas, son altamente dependientes de un recurso finito que, más temprano que tarde, se acabará.

Así las cosas, para los expertos una de las posibles soluciones sobre la mesa para dejar atrás los combustibles fósiles es la transición energética, un camino con claros y sombras. Subidos en este escenario, para la Agencia Internacional de las Energías Renovables (IRENA), la transición energética es un camino hacia la transformación del sector energético global desde uno basado en los combustibles fósiles hasta uno con cero emisiones de carbono, “un camino que debe recorrerse antes de la segunda mitad de este siglo”.

La UE marca el camino

La Unión Europea, es la región en la que la transición energética está más avanzada. El club europeo se marcó el objetivo de lograr que en 2030 el 40 % de su mix energético provenga de fuentes renovables. Sin embargo, apostar por el viento, el sol y el agua para reemplazar por completo a los combustibles fósiles tiene sus desafíos.

“Las fuentes de energía son renovables, pero las instalaciones para extraer y repartir esas energías no lo son. Una turbina para convertir energía eólica en electricidad requiere enormes cantidades de materiales no renovables, incluyendo metales raros para los acumuladores”, señaló Mario Quevedo de Anta, profesor de ecología de la Universidad de Oviedo.

Para el ecólogo, los impactos de esta transición son múltiples y afectan desde la geología, la cultura o la sociedad hasta el resto de la vida en la Tierra. “Las grandes plantas eólicas implican mortalidades elevadas de aves, quirópteros e invertebrados. Las fotovoltaicas suponen la transformación y la industrialización de grandes superficies naturales, lo que implica a su vez desplazamiento de poblaciones de animales y plantas y, por tanto, mortalidad. Las centrales hidroeléctricas alteran por completo los ecosistemas de los ríos”, concluyó.