En esta noticia

Pasar tiempo con el móvil antes de dormir es muy habitual, pero también puede alterar tu descanso. Muchos usuarios sienten que no “pueden dejar el teléfono” y terminan acostados con la pantalla en la mano hasta tarde.

El resultado no siempre es insomnio clínico, sino una mezcla de factores psicológicos y biológicos que dificultan conciliar el sueño. Diversos estudios y expertos señalan que no se trata solo de luz, sino de cómo usamos estos dispositivos y qué efecto tienen en nuestro reloj interno.

La conexión entre el cerebro y el móvil va más allá de lo físico. No es solo la luz que emite, sino también el contenido que consumimos y cómo este interactúa con nuestro sistema de alerta y recompensa.

Entender por qué el cuerpo y la mente se “enganchan” al móvil puede ayudar a explicar por qué muchas personas se quedan despiertas mirando la pantalla incluso cuando están cansadas.

Por qué mirar el teléfono móvil te mantiene despierto más tiempo

El uso del móvil antes de dormir está relacionado con la alteración de los ritmos circadianos, el ciclo biológico que regula el sueño y la vigilia. La luz que emiten las pantallas contiene longitudes de onda azul, que el cerebro interpreta como señal de que aún es de día.

Esto reduce la producción de melatonina, una hormona que ayuda a conciliar el sueño. Cuando la melatonina baja, el cuerpo recibe un mensaje contradictorio: está oscuro, pero la luz sugiere que debe mantenerse activo.

Además de la luz, hay un componente psicológico. Interactuar con contenido estimulante (publicaciones, vídeos, mensajes) produce pequeñas descargas de dopamina, un neurotransmisor asociado al placer y la atención. Esto puede generar un estado de alerta que hace más difícil “apagar” el cerebro a la hora de dormir.

Este fenómeno no es siempre patológico, pero sí puede llevar a lo que se llama “procrastinación del sueño”: una tendencia a posponer la hora de dormir sin darse cuenta, simplemente porque continuamos usando el móvil.

Quedarse mirando el móvil hasta tarde no siempre es insomnio: la estimulación mental y los hábitos digitales también influyen en el descanso.
Quedarse mirando el móvil hasta tarde no siempre es insomnio: la estimulación mental y los hábitos digitales también influyen en el descanso.

¿Es realmente insomnio o solo hábito?

La pregunta que muchos se hacen es si este hábito equivale a insomnio clínico o si es simplemente un comportamiento aprendido. El insomnio verdadero es un trastorno del sueño diagnosticable, caracterizado por dificultad persistente para iniciar o mantener el sueño, que afecta la calidad de vida. Usar el móvil puede contribuir a dificultad para dormir, pero no siempre cumple con los criterios de un trastorno del sueño.

En muchos casos, permanecer despierto mirando el móvil es una respuesta conductual y psicológica. Nuestro cerebro se acostumbra a la estimulación constante, y detenerse, incluso cuando estamos cansados, puede resultar incómodo. Esto se relaciona con la llamada “nomofobia”, la ansiedad o inquietud que sentimos cuando no tenemos el teléfono cerca, que a su vez puede implicar que mantenemos el móvil en la mano incluso en la cama.

Además, las notificaciones, las luces del teléfono y la expectativa de mensajes nuevos pueden interrumpir el sueño varias veces durante la noche, aunque uno sí se haya dormido. Esto causa despertares frecuentes, que muchos asocian erróneamente con insomnio.

Una mirada más amplia sobre los hábitos y el sueño

Aunque la luz azul es un factor importante, no es el único elemento que explica por qué te quedas despierto mirando el móvil. Algunos estudios recientes sugieren que el contenido emocional del móvil o la interacción con redes sociales puede tener tanto impacto como la luz misma. Ver vídeos, leer mensajes o reaccionar a publicaciones puede activar áreas del cerebro relacionadas con la atención y las emociones.

El contexto también es importante. Muchas personas utilizan el móvil en momentos de estrés o ansiedad, como cuando no han podido desconectar del trabajo o tienen preocupaciones pendientes. Esto puede convertir el uso del móvil en una especie de “herramienta de distracción” que, paradójicamente, activa el cerebro justo cuando debería relajarse.

También existe una dimensión social: la presión por mantener conversaciones o estar al día con las notificaciones puede influir en nuestra decisión de seguir deslizando contenido, lo que retrasa aún más la hora de dormir. Esto se ve frecuentemente en adolescentes y jóvenes adultos, aunque no es exclusivo de ellos.

En términos de salud general, los expertos aconsejan desarrollar rutinas de sueño saludables y reducir la dependencia del móvil en momentos cercanos a la hora de dormir. Pequeños cambios, como limitar el tiempo de pantalla, establecer horarios fijos o crear un ambiente relajado antes de dormir, pueden ayudar a que el cerebro se adapte mejor al ciclo natural de sueño y vigilia.