

La desclasificación de archivos soviéticos volvió a poner en el centro del debate histórico la muerte de Adolf Hitler, ocurrida el 30 de abril de 1945 en el búnker de Berlín.
Documentos divulgados por el servicio de seguridad ruso aportan nuevos detalles sobre los últimos momentos del dictador y, sobre todo, sobre el hallazgo e identificación de su cuerpo en los días posteriores al colapso del Tercer Reich.
Los materiales incluyen el testimonio clave de Heinz Linge, quien fue uno de los primeros en ingresar al despacho tras el suicidio. Su relato, junto con informes forenses y declaraciones de testigos, reconstruye una secuencia marcada por contradicciones, revisiones posteriores y una narrativa que durante décadas permaneció bajo estricto secreto en Moscú.
En ese marco, los documentos detallan que el 5 de mayo de 1945 agentes del servicio de contrainteligencia soviético SMERSH localizaron dos cuerpos carbonizados, un hombre y una mujer, en el jardín de la Cancillería del Reich, enterrados superficialmente en un cráter de bomba.
Tres días después, los expertos completaron un examen forense que se centró en las mandíbulas del cadáver masculino, las cuales presentaban prótesis dentales complejas que resultaron determinantes para la identificación.
El informe concluyó que la muerte se produjo por envenenamiento con cianuro. La presencia de restos de una ampolla triturada en la boca, el olor característico a almendras amargas y los análisis químicos de las vísceras respaldaron esa hipótesis.
Posteriormente, la identificación se confirmó mediante los testimonios de personal vinculado al dentista de Hitler, quienes reconocieron sin dudas las piezas dentales.
¿Qué revelan los testimonios sobre los últimos minutos en el búnker?
Las declaraciones incluidas en los archivos muestran versiones no siempre coincidentes sobre el momento exacto de la muerte. Según el testimonio del jefe de seguridad Hans Rattenhuber, Linge le informó que Hitler ya había muerto cuando él llegó al refugio el 30 de abril por la tarde.

A partir de indicios como una pistola y manchas de sangre, Rattenhuber dedujo que pudo haberse producido un disparo tras la ingesta de veneno.
Sin embargo, el propio Linge ofreció versiones cambiantes. En un primer momento sostuvo que Hitler se había suicidado de un disparo, pero luego corrigió su testimonio y admitió que no escuchó detonación alguna, sino que percibió olor a pólvora. Esa rectificación alimentó las dudas sobre si existió o no un “tiro de gracia” posterior al envenenamiento.
Los documentos del FSB también señalan que, según ciertas interpretaciones, Linge habría efectuado un disparo para “confirmar” la muerte del líder nazi. No obstante, esa versión convive con las reiteradas aclaraciones del propio testigo, lo que evidencia la dificultad de reconstruir con precisión absoluta los hechos ocurridos en los últimos minutos dentro del búnker.
¿Por qué la versión oficial tardó tanto en consolidarse?
El proceso de verificación del cadáver estuvo atravesado por el contexto político y militar de la posguerra. La Unión Soviética mantuvo durante años un estricto control sobre la información, lo que contribuyó a la proliferación de teorías alternativas sobre el destino de Hitler, incluidas hipótesis de fuga que circularon durante décadas.

En ese sentido, el testimonio de Linge resulta central también por su intento de descartar esas versiones. En un informe redactado a fines de 1945, afirmó que Hitler no tenía doble y que no existían posibilidades de escape desde el búnker, al que describió como un espacio con una única salida vigilada en medio del asedio soviético.
A pesar de estas afirmaciones, el propio Linge reconoció errores en sus declaraciones iniciales, lo que debilitó la solidez de algunas conclusiones.
La desclasificación actual permite observar ese proceso en detalle: un entramado de informes técnicos, testimonios contradictorios y decisiones políticas que explican por qué uno de los episodios más relevantes del siglo XX permaneció envuelto en incertidumbre durante tanto tiempo.