

La arqueología avanza muchas veces a partir de objetos pequeños. Una pieza rota, una inscripción parcial o un resto metálico pueden cambiar la forma de mirar una época entera. Eso ocurrió en Soria, donde un hallazgo fortuito terminó conectado con una de las fronteras más famosas del Imperio Romano.
La pieza es la Copa de Berlanga, un cuenco de bronce del siglo II vinculado al Muro de Adriano. Fue encontrada en Berlanga de Duero y ahora se ha convertido en un desafío para los restauradores del Museo Numantino de Soria.
El proceso combina limpieza manual, reconstrucción 3D y análisis científicos para conservar un objeto que, según el Centro de Ciencias Humanas y Sociales (CSIC), es una de las cinco copas conocidas con decoración de esa frontera romana y la única con inscripciones de sus fuertes orientales.

Científicos restauran una copa romana única del Muro de Adriano
La copa romana apareció fragmentada, deformada e incompleta, pero conserva entre el 80% y el 90% de sus piezas. Ese estado permitió reconstruirla de forma virtual y observar su decoración esmaltada en rojo, verde, turquesa y azul. El motivo central representa el Muro de Adriano mediante un friso con torretas, una imagen muy temprana de esa línea defensiva levantada en Britania.
La directora del Museo Numantino, Marian Arlegui, explicó a la agencia EFE que el primer paso de la restauración es una limpieza “minuciosa y manual” de cada detalle. También definió la pieza como “un ejemplar excepcional y de gran calidad artesanal”. El reto mayor está en analizar la estabilidad de los esmaltes sobre el bronce, porque cualquier intervención debe preservar tanto la superficie decorada como las marcas que dejó el paso del tiempo.
El objetivo no es devolverla a un supuesto brillo original. Arlegui señaló que, aunque la copa fue dorada por el color natural del bronce, en restauración “tan importante es el momento de su producción como el momento de su destrucción”. Esa idea guía el trabajo: conservar el objeto sin borrar la historia material que acumuló durante casi 1900 años.
Por qué este tesoro romano apareció en Soria
La Copa de Berlanga fue hallada de forma fortuita durante una prospección arqueológica en las inmediaciones de Berlanga de Duero. El equipo buscaba confirmar evidencias de una villa romana activa entre los siglos I y IV d. C. Los trabajos revelaron un pequeño grupo de edificios en la zona conocida como La Cerrada del Arroyo, a unos 100 metros del centro del municipio.
Los investigadores interpretan que el objeto pudo llegar a la península de la mano de un militar celtíbero que sirvió en la frontera norte de Britania. Jesús García Sánchez, investigador del Instituto de Arqueología de Mérida, explicó que estas copas eran objetos de prestigio, “muy probablemente fabricadas por encargo para regalar o condecorar a la élite militar que había servido en el Muro de Adriano”. Añadió que la mayoría de los investigadores las interpretan como un recuerdo del muro.
La hipótesis encaja con la circulación de tropas dentro del Imperio Romano. Roberto de Pablo, primer autor del estudio, recordó que los romanos incorporaban a su ejército tropas de territorios conquistados y que la Cohors I Celtiberorum sirvió en el Muro de Adriano. La copa habría viajado desde Britania hasta Celtiberia con un soldado que volvía a su lugar de origen.
Qué reveló la tecnología sobre la autenticidad de la pieza
La tecnología fue clave para pasar del hallazgo al conocimiento. El equipo realizó análisis de composición mediante espectrometría de fluorescencia de rayos X y análisis de isótopos. Los resultados confirmaron que la copa está hecha con una aleación de bronce con zinc y plomo, y que el material procedía de minas romanas del norte de Britania, probablemente Gales o Durham.
Esa información permitió demostrar la autenticidad del objeto y situarlo entre los años 124 y 150 d. C. La pieza, además, contiene inscripciones relacionadas con los campamentos militares de la zona oriental del muro: Cilurnum, Onno, Vindobala y Condercum. Para Susana de Luis Mariño, del Museo Arqueológico Nacional, su valor reside en que es una de las copas del muro mejor conservadas y la única con esos nombres orientales.

La investigación también usó reconstrucción 3D para visualizar el volumen original y estudiar la disposición de los fragmentos. La prospección del terreno combinó observación superficial, radar de penetración terrestre y fotografías aéreas históricas.
Ese cruce de métodos permite leer dos historias a la vez: la de una villa romana en Soria y la de un objeto fabricado en Britania que terminó convertido en una prueba material de las conexiones internas del mundo romano.




