

El restaurante que las monjas de Belorado habían abierto en Arriondas bajó sus persianas a menos de un año de su inauguración. La decisión se vinculó de forma directa a la situación personal de sor Myryam, referente central del proyecto gastronómico y responsable principal de la cocina.
Sor Myryam, reconocida dentro y fuera de la comunidad por su desempeño culinario, se acogió de manera temporal a la figura canónica de la “ausencia comunitaria”.
La medida respondió a un cuadro de desgaste físico y emocional que la religiosa arrastró durante los últimos meses.
El cierre del establecimiento fue consensuado por sor Alma, sor Sión y la propia sor Myryam, quienes evaluaron que la continuidad del restaurante resultaba inviable sin su presencia activa. La comunidad priorizó la salud de la religiosa frente a la sostenibilidad del emprendimiento.
¿Qué motivó la ausencia comunitaria de sor Myryam?
Según el comunicado oficial difundido por el jefe de prensa de las monjas de Belorado, la decisión se tomó tras constatar un “profundo desgaste físico, psíquico y emocional”.

La orden atribuyó este deterioro a la presión mediática, legal y judicial que rodeó a la comunidad en los últimos meses.
La ausencia comunitaria forma parte de los mecanismos previstos dentro de la vida conventual para proteger la integridad de una religiosa cuando el contexto se vuelve adverso. Desde la congregación aclararon que esta figura no supone una ruptura con la vida religiosa ni una salida definitiva del convento.
El comunicado remarcó que se trata de una situación transitoria, orientada exclusivamente a la recuperación personal de sor Myryam. La comunidad insistió en que la religiosa mantiene su vínculo con la orden y que la medida no implica exclaustración ni abandono de los votos.
¿Qué consecuencias tuvo esta decisión para el restaurante de Arriondas?
El restaurante dependía en gran medida del trabajo y la experiencia de sor Myryam, considerada el pilar del proyecto gastronómico. Su salida temporal dejó sin sustento operativo a la cocina, lo que llevó a las monjas a optar por el cierre definitivo del local.

Desde la comunidad explicaron que mantener el restaurante abierto sin su figura clave resultaba incompatible con el nivel de exigencia y calidad que buscaban ofrecer. La prioridad pasó a ser el bienestar de la religiosa antes que la continuidad del negocio.
Además, las monjas hicieron un llamamiento público para facilitar la reinserción laboral de sor Myryam durante este período. Señalaron que la religiosa buscará empleo en cocinas externas y apelaron a la sociedad para que le brinden una oportunidad laboral que le permita transitar esta etapa fuera del convento.