Boudou, Agustina y Amalia Granata, delicias de una elección en Puerto Madero

Un periodista de El Cronista fue autoridad de mesa. Hubo quejas por el pobre catering, que no incluyó sandwich ni empanadas: había que llenarse con galletitas de agua. O pedir permiso para poder tomarse una hora de almuerzo. Nadie sabe cuándo cobrarán los $ 250 de estipendio y causaron envidia los $ 700 para los fiscales del Frente por la Victoria

Hace diez años, cuando tenía 26, después de bailar me fui directo a votar. Llegué primera de todos y, como faltaba uno en la mesa, un prefecto me exigió que me quedara como autoridad. Yo le rogué que me dejara irme a mi casa, que estaba sin dormir, pero no hubo caso. Desde entonces, cada vez que hay una elección, es un clásico que me convoquen", contó Connie Grossi, ejecutiva de Google para toda América latina, quien por su experiencia ofició de presidenta de la mesa en la que este periodista de El Cronista fue autoridad, en la UCA de Puerto Madero. Y cual chusmas, lo primero que se hizo fue revisar la lista de votantes famosos en la mesa: estaban Joaquín Furriel, Amalia Granata y Agustina Kämpfer, hoy imputada en la causa que se investiga a su ex novio, Amado Boudou.

A Kämpfer se la vio muy linda y dándole una entrevista al mismo canal de televisión por cable donde ella fue notera y donde conoció al vicepresidente. Hace dos años, habían ido de la mano con Boudou a votar a la UCA y todas las cámaras habían filmado el momento en que ella le tocaba la cola a él, como si lo estuviera abrazando.

Ahora, pese a votar en la misma sede, Boudou no se cruzó con ella, ya que concurrió a último momento, doce minutos antes de que cierren los comicios porque, según dijo, "estaba en el gimnasio".

El vicepresidente Amado Boudou, llegó a la mesa de votación minutos antes del cierre del comicio

"¿Sos docente?", preguntó una colega de mesa, porque ella, como lo es, le toca muy a menudo ejercer su deber cívico. Una vez, en la Universidad del Salvador, le tocó tener a Nelson Castro en su mesa como votante, y lo recuerda con mucho cariño, por la generosidad de tener el gesto de llevar una docena de facturas para la mesa.

Un amigo, cuando el portero le avisó que lo buscaban por una citación de la Justicia Electoral, se hizo el distraído y le pidió que dijera que no estaba. Y que cuando volvieran, siga con el mismo argumento. Otra amiga le pidió al jefe que le hiciera una carta justificando que debía trabajar y no podía ir. A este cronista le llegó el telegrama general, donde no sólo lo citaban como autoridad para la elección de ayer, sino también para las del 5 de julio y la eventual segunda vuelta del 19 de julio. ¿Deberá inventarse algo para el futuro? Decir que ya está casado, sino hubiera encarado a la bonita presidenta de la mesa vecina, de 23 años. "Es el mejor lugar para ir de encare, porque no tenés competencia", sostienen los chamulleros.

Lo cierto es que a las 7.30 AM hay que presentarse en la mesa, donde quien esto escribe se puede ir recién a las 20.30, luego del conteo de votos y del doble conteo de sobres vacíos que exigió hacer la presidenta de su mesa. Todo por $ 250, que no se sabe a ciencia cierta cuándo lo pagarán. Hubo quejas por la pobre vianda que daban a las autoridades: un paquete de galletitas de agua, dos alfajores, dos barritas de cereales, un juguito de naranja y una chocolatada. Un digno desayuno continental, pero escaso si había que aguantar con eso hasta las nueve de la noche, excepto que se quiera adelgazar, claro está. Los fiscales la pasaron mejor: el estipendio fue de $ 350 e incluía un gran sandwich. Incluso, a los del Frente para la Victoria les iban a pagar $ 700.

Se lo vio al dueño de una financiera que estaba como autoridad de mesa. Al mediodía, cuando no había gente esperando para ser atendida, este periodista se tomó un recreo y fue a buscarlo para intercambiar data del mercado. Le dijeron que se había ido a almorzar a su casa. La idea fue copiada al pie de la letra por este cronista, quien también pidió permiso, que le fue concedido, para tener su hora de almuerzo.

En la elección, se aprende que la boca de la urna nunca debe estar mirando para afuera, porque al acumularse mucha gente por la presencia de un famoso, alguien podría poner un sobre disimuladamente. Recomiendan, entonces, ponerlo mirando para el costado, para tener un mejor control. Otro de los consejos es que el presidente de mesa y los fiscales no firmen demasiados sobres, porque al haber muchos se pueden llegar a traspapelar y, con el tumulto de gente en horas pico, alguien puede llevárselos para la urna.

A cada rato, los fiscales pedían entrar al cuarto oscuro para revisar que no faltaran boletas, ya que a veces se las roban. La presidenta de mesa entraba con ellos y, desconfiada, se llevaba la urna consigo, para evitar que algo pudiera pasar. En esta mesa, se hacía un gran trabajo en equipo: uno controlaba el documento, otro corroboraba los datos en la planilla y el presidente de mesa troquelaba el cupón. Pero en otra mesa, se veía una fila de 50 personas, porque no había delegación de tareas: iban pidiendo documento por documento, de a uno por vez. Es que faltaban dos autoridades de mesa, estaba sólo la presidenta, una docente que se fijaba hasta si la dirección coincidía con la del DNI. Como la gente se quejaba por la demora, ella puso el grito en el cielo: "Ustedes no se quejen porque en el banco también tienen que hacer fila. Y además, voy a pedir al delegado que uno de la fila venga a ayudarme porque me falta gente".

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