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Una oportunidad fugaz para implementar las reformas necesarias

Los cambios del gobierno de Macri lograron un impacto positivo entre inversores y en la sociedad, pero el tiempo puede ser su mayor obstáculo

"Me sorprende que no estén mirando sus teléfonos", bromeó Alfonso Prat-Gay. Era la mañana del 24 de junio de 2016, y el ministro de Hacienda y Finanzas argentino estaba animando a su público: un grupo de inversores con sede en Nueva York que podría invertir miles de millones en su país. También era el día después del Brexit.

Los mercados globales habían enloquecido. Los operadores y los inversores de todo el mundo estaban en alerta. Muchos habían cancelado reuniones. Sin embargo, en la mansión de Park Avenue, la sala de conferencias estaba llena, un signo del entusiasmo que la "nueva" Argentina puede generar en el extranjero. Incluso Larry Fink, el director ejecutivo de BlackRock, la empresa gestora de activos más grande del mundo, estaba allí.

"Creo que hay algunos países que están intentando detener esa ira y construir un mejor futuro. Macri demostró lo que puede hacer. Con suerte, Europa seguirá el ejemplo de Argentina", había dicho Fink.

Macri disfrutó de reconocimientos similares, por lo menos en el extranjero, a medida que su gobierno comenzó a sacar a Argentina del callejón sin salida al que sus predecesores, Cristina y Néstor Kirchner, la condujeron durante 12 años.

La primera tarea de Macri –aparentemente poco espectacular pero revolucionaria– es hacer que Argentina sea nuevamente un país normal.

En rápida sucesión, eliminó el control de cambios; resolvió una demanda de una década de duración que había bloqueado a Argentina de los mercados internacionales de capital; emitió un bono por u$s 16.500 millones; comenzó a compilar y a publicar estadísticas nacionales precisas, por primera vez en una década; y aumentó significativamente las tarifas de los subvencionados servicios públicos. Buenos Aires también criticó abiertamente los abusos en contra de la democracia en Venezuela, un raro ejemplo de liderazgo regional pero en consonancia con el simple deseo de Macri de "decir la verdad".

Este enfoque práctico reanimó a un país que estaba sufriendo de "agotamiento populista". Nueve meses después de haber comenzado su mandato, Macri continúa disfrutando de índices de aprobación superiores al 50%. Algo impresionante dado que su programa de reforma es liderado por un gobierno de minoría y un presidente conocido por su falta de carisma.

¿Es suficiente para proclamar una "nueva" Argentina, dado que el país –uno de los 10 más ricos del mundo hace un siglo– fue víctima de tantas falsas esperanzas? "Ningún gobierno no peronista llegó a término, por lo que todo el mundo se pregunta: ¿cuál es la diferencia esta vez?", comentó Emilio Ilac, director ejecutivo de Puente.

Existen varias razones por las que la situación puede ser diferente. En primer lugar, está la calidad del gobierno de Macri, lleno de funcionarios competentes, muchos de los cuales dejaron prestigiosos empleos en el sector privado. "Me transmite confianza e incluso tal vez sirva de modelo para el resto de Latinoamérica", sostiene Martín Migoya, director ejecutivo de Globant, una empresa de tecnología con sede en Buenos Aires. La segunda razón es una comparación cada vez más favorable con la administración anterior. Y el tercer motivo pasa por el programa de reformas, que combina apertura al mundo y regulaciones favorables a las empresas con una sensibilidad ante las cuestiones sociales. Los argentinos, en su mayoría, aceptaron el enfoque de Macri, por ahora. El reto consiste en convencerlos de que ese enfoque continuará después del final de la actual administración.