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Un paso necesario pero no suficiente en la batalla contra la economía en negro

Imagen de HERNÁN DE GOÑI

por  HERNÁN DE GOÑI

Director Periodístico
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A partir de una decisión adoptada ayer por la AFIP, los consumidores tendrán la oportunidad de contribuir a una mayor formalización de la economía. El organismo recaudador dispuso que el uso de terminales para favorecer el pago con tarjetas de débito se transforme en obligatorio, aunque con un calendario que dará hasta un año de plazo a los comercios más chicos.

La medida no solo permitirá a jubilados y beneficiarios de planes sociales recibir el reintegro de 15% en el IVA para las compras de alimentos, sino que también favorecerá un incremento de la recaudación tributaria, esencial para avanzar hacia el equilibrio fiscal.

La generalización de los pagos electrónicos nació a la sombra de una crisis. Fue la adopción del corralito en 2001 (la restricción para extraer depósitos de los bancos) lo que le dio vida, más por necesidad que por conveniencia, al sistema de pagos por débito. El formato creció luego gracias a las promociones bancarias, que para captar clientes empezaron a pactar descuentos con comercios y grandes cadenas minoristas. Sin embargo, nunca llegó a tener el despliegue que alcanzó en países como Brasil, donde es normal pagar con débito una compra de golosinas o cigarrillos. O donde los propios vendedores playeros ofrecen sus productos a los turistas con la facilidad de usar la tarjeta, gracias a la proliferación de terminales asociadas a un teléfono celular.

La AFIP negoció a dos bandas, con los usuarios y con los proveedores de este sistema, para que haya una reducción de costos que facilite la adopción a aquellos que trabajan con márgenes pequeños. Sin embargo, el Gobierno podría ir más allá y pensar incluso en crear un subsidio directo al comercio como el que tenían los consumidores, con el fin de acelerar la expansión del sistema, en virtud de que su costo seguramente será inferior a la ganancia fiscal de atacar a fondo la economía en negro. Es un paso de un camino largo que tiene muchas escalas.