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Uber y un final cantado: la tecnología siempre es aceleradora del cambio

Imagen de HERNÁN DE GOÑI

por  HERNÁN DE GOÑI

Subdirector Periodístico

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La llegada a la Argentina de la plataforma Uber desató un debate que ya se dio en otras capitales del mundo. Un servicio de transporte atado a la tecnología, enfrentado a una actividad regulada y protegida, como son los taxis. La discusión, como suele pasar en la Argentina, arrancó con descalificaciones de todo calibre. Pero luego quedó a la vista el fondo de la cuestión: hasta dónde permitir que la innovación ponga en riesgo fuentes de trabajo.

El primer dato a tener en cuenta es que esta película no es original. En todos los sectores de la economía y países en dónde se presentó esta disyuntiva, el ganador ha sido la tecnología. La respuesta macro es que las mejoras de productividad incentivan el consumo global y crean empleo, aunque más calificados y en otras áreas. Lo que logran determinadas corporaciones, con el apoyo del Estado local, es estirar los tiempos de esta sentencia para facilitar la reconversión. No mucho más.

El gobierno porteño anticipó que Uber tendrá que cumplir los mismos requisitos legales que los taxis o los remises. Lo que fijó es que la competencia, de existir, se haga en un pie de igualdad. Eso tranquilizará un poco a los choferes y a las empresas del rubro, que no deberían pasar por alto que en otros aspectos tendrán que modernizarse si no quieren perder terreno. Uber, por ejemplo, transforma en obsoleto el uso de la radio, que tiene sus propias objeciones internas porque facilita que haya "arreglo" de viajes; permite elegir al conductor (factor que podría traer más seguridad a las mujeres, al darles la opción de subirse a un auto con alguien del mismo sexo). También crea un mecanismo de pago digital que elude el efectivo. Esta app, por último, también incluye a los taxis, que podrían bajar gastos y dejar de depender de las radios. Como se ve, la modernidad siempre será bien recibida. La pregunta entonces no es si el servicio seguirá arcaico, sino quién introducirá el cambio. Los que no quieren padecer a Uber, harían bien en adaptarse al futuro cuanto antes.