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Terragno: "A la sociedad le importa la corrupción cuando hay dificultades económicas"

El referente radical, actual embajador en la Unesco, llamó a combatir la inmoralidad en los tiempos de bonanza y no solo cuando la economía está en crisis. Dice que Macri tiene el desafío de conducir un proyecto de país. Y consideró que el radicalismo tiene que reconstituirse

Rodolfo Terragno, referente radical, actual embajador en la Unesco

Rodolfo Terragno, referente radical, actual embajador en la Unesco

Rodolfo Terragno fue parte importante de la historia del radicalismo desde el inicio del período democrático en 1983. Abogado, escritor, historiador, combinó siempre las ideas políticas con la visión pragmática, como cuando impulsara durante el gobierno de Raúl Alfonsín la modernización de las estatales –y cuestionadas– Aerolíneas, Entel y Austral Líneas Aéreas mediante la incorporación de capital privado, ideas que generaron previsibles resistencias.

En ese entonces, antes que llegara la ola privatizadora a la Argentina, Terragno llegó a ser ministro de Obras Públicas de Alfonsín. Luego fue jefe de Gabinete de la Alianza, referente partidario y legislador.

Más cerca en el tiempo, en 2013, compartió boleta en la interna porteña de UNEN con Martín Lousteau. Hoy los vuelve a unir la misión diplomática: Lousteau es el embajador argentino en Estados Unidos y Terragno fue elegido por Macri como embajador ante la Unesco, con sede en París.

En una charla telefónica con El Cronista sobre el Bicentenario, evitó profundizar el análisis sobre la coyuntura. Pero aceptó hablar sobre Macri, los escándalos de corrupción y el futuro de la UCR.


–¿Cómo llega la Argentina a este Bicentenario? ¿Hay razones para festejar?

–Por supuesto hay razones para festejar. Uno siempre tiene la actitud, las sociedades la tienen, de avanzar hacia un horizonte, que se va corriendo a medida que uno avanza. Eso está bien, porque uno nunca puede sentirse conforme con lo que tiene. Para avanzar también hace falta recapitular: saber cuánto hemos avanzado en el pasado. Hay una generalización desde los tiempos de la Independencia de que había cabezas cortadas en la punta de una lanza, exhibidas en la plaza pública; había enfrentamientos letales.

Hemos pasado dictaduras, crisis económicas muy fuertes como la de fin del siglo XIX, como la última de 2001/2. Nunca hubo un desmembramiento, ni secesionismo. Es un país federal. De modo que lo que hemos conseguido nos tiene que servir para tener el ánimo, la fuerza para seguir avanzando. Por supuesto, sentirnos siempre disconformes porque esa es la manera de progresar.

–Se reclamó muchas veces la falta de un proyecto de país. ¿Existe ahora o hay que hacerlo?

–El proyecto de país es la tarea de una sociedad. Uno de nuestros problemas es la obsesión por la inmediatez. Discutimos cada día los titulares de los diarios de la mañana. Hay poco debate en la clase política, en los medios de comunicación, en los sectores culturales, sobre el cuál debería ser el motor del crecimiento económico, la transformación social, la búsqueda de la equidad. Estas discusiones están dejadas de lado. No se hace un proyecto de país sentándose a una computadora y escribiendo un texto. Eso es nada más que una propuesta.

–¿Y cómo se da el primer paso? ¿Lo puede hacer este Gobierno?

No es una cosa de los gobiernos solamente. Un proyecto es una construcción que abarca más de un gobierno, y además tiene que tener consenso, no puede ser unilateral. Este gobierno está en condiciones de impulsar este proceso de participar activamente. Pero el proyecto tiene que ser una tarea conjunta. El periodismo tiene una gran oportunidad de influir, las asociaciones culturales, los intelectuales. Es indispensable. Hubo proyectos de país en el pasado.

Por ejemplo en el campo educativo, cuando en la época de Roca se sancionó la ley 1420. Gobernaba una oligarquía, sin embargo se avanzó en la educación laica y obligatoria, lo que llevó a la creación de una clase media potente e ilustrada. Hubo también un proyecto de país en 1946, cuando se planteó el cierre del país con barreras arancelarias para fomentar una industria liviana y la creación de un proletariado potente. También en 1958, cuando Frondizi planteó dirigir las inversiones extranjeras hacia la construcción de una industria pesada. Lo hubo en la época de Alfonsín: la idea del traslado de la Capital, de la nueva Constitución, de cerrar el conflicto con Chile y establecer una alianza con Brasil. Y creo que ahora todos tenemos que participar en un proyecto nuevo que consiste en afirmar la condición republicana y defender el interés nacional en un mundo completamente distinto al que tenían los anteriores proyectos.

–En cuanto a escenarios distintos, justamente, se resalta ahora la fragmentación social que existe y la grieta política que impide el debate.

Bueno, el proyecto de Frondizi se dio en un momento de terrible fractura social. Se venía la revolución del 55, estaba proscripto el peronismo. Frondizi pudo llegar a la presidencia justamente porque el peronismo estaba proscripto. Hubo épocas de planteos militares y crisis. Pero cuando hay una idea, una vocación, una conducción, las dificultades se superan y además para eso hacen falta gobiernos, para superar las dificultades, no para excusarse en ellas.

–Habiendo sido parte de esa historia, ¿qué le toca ahora al radicalismo?

Le toca el deber de reconstruirse como un partido de poder. En los últimos años dejó de serlo. Partido de poder es aquel que puede ofrecer una alternativa, y esto no ha sido así en los últimos años. Un país necesita una fuerza democrática nacional y popular. Hemos tenido muchos partidos democráticos sin vocacional nacional, y partidos populistas sin vocación democrática. Esa reunión de una fuerza democrática, nacional y popular, en la Argentina estuvo expresada tradicionalmente por el radicalismo. Si no supiera o no pudiera reconstituirse, bueno, históricamente sería reemplazado en algún momento por otra fuerza de alternativa. Yo confío en que el radicalismo tenga esa capacidad.

–¿En las próximas elecciones, por ejemplo, el radicalismo debería ir con una alternativa propia o debería seguir en la alianza de Cambiemos?

Esta pregunta es la que yo digo que estamos tan atados a las circunstancias.

Sí, esperaba esa respuesta, pero no puedo dejar de hacérsela.

–Creo que hoy el radicalismo es parte de una coalición gobernante que tiene que plantearse el triunfo de sus ideas e iniciativas en el corto y mediano plazo. No puede estar dentro de una coalición compitiendo. Es necesario que la reconstitución se haga dentro de una mayor participación en el Congreso, en las autoridades locales, en la fusión con los otros componentes de esta coalición. Hablo de un proceso lento de recomposición de una fuerza de poder, no digo estar dentro de una coalición complotando contra ella.

–¿Se abrió en la Argentina un proceso de ‘mani pulite’? ¿Qué lugar y dimensión ocupa el tema de la corrupción, sobre todo para lo que viene?

Lamentablemente a la sociedad le preocupa la corrupción cuando hay dificultades económicas. En momentos de bonanza, puede haber gobiernos muy corruptos que son incluso avalados, son respaldados, y luego cuando se entra en dificultades económicas la corrupción adquiere importancia. La inmoralidad debe ser combatida en todo tiempo, haya bonanza o haya penurias. Esto es algo que debemos incorporar a nuestro sentimiento colectivo. Que la corrupción no es solo una inmoralidad sino una desgracia que perjudica, que corroe en cualquier momento de nuestra vida.

–¿Cómo lo ve a Macri hoy? Macri como presidente.

Nunca personalizo cuando hago análisis políticos. Un líder, un conductor es expresión de todo lo que tiene por detrás. El Presidente tiene un gran desafío por delante, entre otras cosas el de conducir este cambio indispensable para desarrollar un proyecto que, como decía antes, no puede ser nunca la tarea de una persona, sino de una sociedad.

–¿El mundo comenzó a mirar diferente a la Argentina para el futuro?

Nosotros siempre pretendemos que el mundo nos mire. No están mirando a la Argentina, salvo sectores especializados. Como nosotros no miramos al mundo. Japón es una de las grandes potencias económicas y políticas del mundo. Hagamos una encuesta en la Argentina para ver quién gobierna Japón o qué pasa en Japón. Incluso en los países europeos: quién gobierna, cuál es el proyecto. En la Argentina, nada de esto se sabe y pretendemos que las grandes potencias del mundo estén mirando lo que pasa en la Argentina.

–Bueno, pero hay cambios que se pueden percibir o no.

O se ignoran, o nadie sabe que han ocurrido. No es el caso por supuesto de los más próximos, de los países que tienen inversiones en Argentina, de los países que están vinculados histórica y culturalmente. No es tampoco la situación de los sectores financieros o económicos que están especializados en lo que pasa en todos lados. En ese aspecto, en esos sectores, se ha notado un cambio muy positivo que favorece al país.

–¿Su sueño para los años que vienen de la Argentina?

Mi sueño es la estabilidad política y económica, un objetivo nacional, una vocación de consenso. No porque se vayan a unificar criterios y pensamientos, porque eso tampoco sería bueno. Pero hemos vivido muchos años de confrontación, de avanzar sin rumbo y de retórica. Y debemos dejar atrás todo eso.