Si se trabaja en conjunto, se desarrollará Vaca Muerta

La irrupción de la pandemia del Covid-19 sacudió hasta los cimientos las industrias, los mercados y las empresas. El sector del petróleo y gas no fue la excepción. Por el contrario, ha tenido un impacto que fue amplificado por una guerra de precios entre las potencias.

Nunca los gobiernos se vieron obligados a actuar en aparente sintonía con el fin de paralizar la economía mundial, como ocurrió en marzo.

La contracción de la demanda de combustibles tuvo lugar con una velocidad inesperada, cuando casi la mitad de la población mundial entró en cuarentena de manera simultánea, al mismo tiempo que la oferta aumentaba y bajaban los precios a raíz del intento de Arabia Saudita y Rusia de ganar market-share en el mercado de petróleo a costa del shale producido en Estados Unidos.

Así, la industria enfrenta la "peor crisis de la historia" en el mercado de gas y petróleo. La demanda retrocedió a niveles de 1995, de acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía de la OCDE, que reportaba a fines de mayo una contracción de la inversión global en el sector del 20% (u$s 1,5 trillones en 2020 vs. u$s 1,9 trillones en 2019)

Es lógico que, en ese contexto, surjan preguntas acerca de la viabilidad de los nuevos proyectos, como Vaca Muerta. La respuesta a esas dudas es un rotundo si, el potencial de Vaca Muerta es viable y la industria va a desarrollarla.

Nuestro sector se caracteriza por el dinamismo y la capacidad de innovación. En febrero de 2019 el Brent cotizaba casi u$s 60 p/b; el 20 de abril estaba en u$s 19 (-68%) y hoy ya está alrededor de u$s 45 (+138% desde la caída).

Aunque estas variaciones se cuentan entre las más pronunciadas, las fluctuaciones de precios son habituales en una industria que requiere resiliencia y visión de largo plazo. Cuando hay potencial, como ocurre en Vaca Muerta, toda la energía de las compañías se enfoca en hacer posible su explotación de forma eficiente.

Un ejemplo difundido y reciente de la capacidad de innovación de la industria ha sido el desarrollo del shale en EE.UU., que convirtió al país en el mayor productor mundial de petróleo en menos de una década, partiendo de una posición de importador neto de hidrocarburos.

La combinación de técnicas de explotación que venían madurando separadamente durante años, la convicción de que podría extraerse el recurso, las condiciones regulatorias apropiadas y la disponibilidad de financiamiento permitieron que la industria alcanzara niveles de producción inesperados.

Es una historia de compromiso, visión de largo plazo, tenacidad y capacidad de innovación. Todos esos factores están presentes en la industria que opera en Argentina y que busca desarrollar Vaca Muerta. Las empresas cuentan además con la valiosa experiencia que la industria acumuló en operaciones similares en otras latitudes.

Si logramos que el Estado, los trabajadores y las empresas alineen objetivos y cooperen, aprovechando la experiencia internacional para generar las condiciones regulatorias adecuadas, sin duda, conseguiremos atraer las inversiones necesarias para desarrollar todo el potencial que Vaca Muerta tiene para ofrecer.

Es preciso asegurar condiciones fiscales competitivas y estables en el tiempo (a nivel federal y provincial); estabilidad regulatoria para la comercialización de petróleo, gas y sus derivados y acceso a la moneda en la que opera la industria a nivel internacional. Así, producir en Argentina será más competitivo.

El acuerdo logrado con los acreedores externos de Argentina, anunciado recientemente por el Gobierno, es una señal positiva para los inversores.

Es hora de trabajar en conjunto para posicionar nuestro sector en un sendero de desarrollo creciente y sostenible, involucrando toda la cadena productiva, desde la extracción de crudo hasta la producción de combustibles, para asegurar las inversiones que generen más empleo, producción y exportaciones.

*Carlos Magariños es el CEO de la Cámara Argentina de la Energía (CADE)

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