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Será difícil cerrar la brecha entre dos economías que se recuperan pero a velocidades diferentes

La Argentina arrastra más de dos años de déficit comercial bilateral con Brasil. Pero en este caso, una cifra negativa no es necesariamente sinónimo de una mala noticia. Es el resultado de un proceso en el que el repunte de la demanda interna generó un aumento de las importaciones provenientes del país vecino, que todavía no logran ser compensadas por las compras del socio más grande del Mercosur.

Las dos velocidades a las que están funcionando ambas economías crean una brecha que costará mucho cerrar, más allá de que la apreciación del real modere la tendencia. La incertidumbre política brasileña hace que una estimación de crecimiento del PBI de 1% sea considerada más que optimista. La Argentina, en tanto, promete alcanzar una mejora en torno a 3%. Las exportaciones locales en febrero crecieron apenas 3,2%, motorizadas por el trigo, el maíz, los ómnibus y el aceite de soja. Después de haber registrado un buen enero, la venta de vehículos volvió a mostrar un signo negativo, en sintonía con la realidad de su mercado automotor.
No sucede lo mismo a la inversa. Las importaciones desde Brasil crecieron 18% porque muchos de los autos que ganan terreno en la recuperación de las ventas internas provienen de ese país. La propia estructura de la industria automotriz hace que el flujo de autopartes y autos terminados crezca a la par de la economía.
El déficit bilateral ya acumula casi u$s 1000 millones en el bimestre y es de esperar que esta tendencia siga en pie.

Lo que la Argentina tiene que lograr es una diversificación de las ventas hacia ese destino que compensen factores estructurales como el atraso cambiario (que hoy jaquea a la industria en general) o los costos logísticos, que son los que mandan cuando los envíos se realizan por tierra. La baja de las retenciones le devolvió competitividad al agro, pero ese fenómeno no dura para siempre. Un desafío más para la política comercial argentina.