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Según la UCA, más del 50% de los argentinos que trabajan tienen empleos precarios

Sólo 41,4% de la población activa urbana poseía un empleo con derechos. Para revertirlo, pidió inversiones y políticas que reactiven el mercado interno

Un 27,7% dijo haber estado desocupado al menos una vez el último año

Un 27,7% dijo haber estado desocupado al menos una vez el último año

Pese a las políticas anticíclicas aplicadas desde 2009 y debido al sinceramiento macroeconómico aplicado este año, se incrementó a 54,1% la población ocupada en empleos de baja calidad al tercer trimestre de 2016, según una encuesta del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA). Se da en un contexto en que calculó un aumento del desempleo al 9,9% de la población económicamente activa.

Se trata de personas ocupadas en empleos precarios (en relación de dependencia o cuentapropistas que no realizan aportes jubilatorios o que no cuentan con continuidad laboral) o en subempleos inestables (ocupados en trabajos temporarios, changas de baja remuneración y beneficiarios de planes de empleo con contraprestación laboral).

Si bien desde 2010 el empleo de baja calidad siempre estuvo por encima del 50,4%, este año trepó al valor más alto de la serie, desde el 52,5% de 2015 (período en que se medía al cuarto trimestre de cada año).
Según el estudio en 17 aglomerados de más de 80.000 habitantes, el empleo precario e inestable es mayor en el sector micro-informal (84,2%), donde 64,8% son no asalariados y 19,4% son asalariados. En tanto, 4,1% es no asalariado del sector privado formal, un 9,2% es asalariado del sector privado formal y 2,5% es asalariado del sector público.

"La persistencia de un amplio sector micro-informal (dueños y asalariados de pequeñas empresas, cuenta propias no profesionales, trabajadores domésticos o familiares) en la estructura productiva constituye uno de los mayores inconvenientes en el mercado de trabajo por sus características de reducido nivel de productividad y retribuciones", explicó, e indicó que la incidencia de este sector trepó al 52,7% de los trabajadores ocupados en el tercer trimestre de 2016.

Parte del trabajo precario implica una menor participación en el sistema de protección social: en 2016, 51,3% de los trabajadores no realiza aportes al sistema versus el 50,6% que lo hacía el año pasado y el 47,7% que aportaba en 2010.

Según el informe, esta mayor exclusión afectó a los estratos socioeconómicos más vulnerables, al 68,8% del cuartil más bajo, "generándose así una mayor segmentación socio-ocupacional a nivel sistémico" y tuvo como fuente el trabajo asalariado.

Entre 2010 y 2016, la proporción de subempleos inestables se incrementó de 9,7% a 18% de la población económicamente activa "principalmente por las políticas contracíclicas de generación de trabajos vinculados a un mercado interno de consumo de bajos ingresos y/o a programas de empleo", que compensó la desocupación (disminuyó de 11,4% a 9,9%) "en un contexto de falta de inversión productiva y de ausencia de creación de empleo pleno".

Respecto de 2015, la proporción del subempleo inestable aumentó del 15,6% al 18%; en tanto se redujo el empleo precario, del 40,5% al 35,1%.

Así es que al tercer trimestre de 2016, sólo 41,4% de la población económicamente activa urbana poseía un empleo asalariado o no asalariado con calidad plena de derechos laborales; 30,7%, un empleo regular pero sin vinculación con la seguridad social; 18% estaba subocupada en actividades de baja remuneración, alta inestabilidad y/o participan de programas de empleo, y 9,9% se encontraba abiertamente desocupada.

"En tanto se mantenga el actual escenario recesivo, sólo cabe esperar un aumento del desempleo, los trabajos de subsistencia y de la precariedad laboral", concluyó el informe. "No hay evidencias de una crisis ocupacional. Quizá se haya llegado a un piso de deterioro laboral, pero un cambio de rumbo no sólo necesitará de inversiones, sino también de políticas que reactiven el mercado interno".

Según los encuestados, 27,7% contestó haber estado desocupado al menos una vez en el último año (frente al 24,9% de 2015). Y un 88,1% consideró que no cree que podrá conseguir un empleo similar al que posee (versus el 84,5% del año anterior).