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Reaparición con más diplomacia que economía

Alfonso Prat-Gay era conciente de que su charla en la Embajada de España iba a convertirse en su primera aparición pública individual desde que dejó el gabinete de Mauricio Macri. La presencia de un centenar de representantes de empresas españolas, diplomáticos, consultores y legisladores marcaba la expectativa que despertaba su palabra, más aún desde que Martín Lousteau decidiera dejar de ser el representante argentino en Washington y su nombre apareciera como uno de los candidatos con más chances para sucederlo.
Lo que sucedió fue, para muchos de los presentes, una confirmación del interés que tiene Prat-Gay sobre la política internacional. La economía doméstica ocupó menos del 20% de su exposición, tiempo que prefirió utilizar para hablar de las elecciones de Francia y Corea del Sur, la relación con España y la UE, la corrupción en Latinoamérica, y obviamente, qué representa para el mundo la llegada de Trump a la Casa Blanca.
La única consulta sobre la economía doméstica se la hizo el senador Eduardo Menem. El riojano fue directo al grano: le preguntó si consideraba viable administrar la economía con tanta dispersión en la toma de decisiones, y si su sucesor había cambiado algo del camino que trazó en diciembre de 2015.
El ex ministro (que agradeció al legislador por ser punzante pero franco, como en los cruces que mantuvieron cuando se discutió su pliego para el BCRA en 2002) reconoció que hay una preocupación razonable por la división de ministerios, ya que exigen un un enorme esfuerzo de coordinación. Pero fue muy prudente al señalar que se trata de una facultad del Presidente que no se puede discutir.
Prat-Gay destacó que la Argentina hoy presenta un conjunto de oportunidades como no tiene ningún otro país de la región. También señaló que así como en los 80 la demanda social fue por poner fin a la dictadura y a los represores, hoy se hace foco en la corrupción y la transparencia, un tema que ya está en la agenda diaria.
El economista consideró que el blanqueo fue una señal potentísima de confianza, ya que los u$s 116.000 millones sincerados duplicaron los bienes sobre los que se pagaban impuestos. La inflación no quedó afuera, aunque planteó que había que ser más benigno en el análisis y mirar la tendencia antes que preocuparse por si la meta se cumple o se la supera por dos o tres puntos: "Lo importante es que va a ser casi menos de la mitad que el año pasado".