Petróleo por gas: Darío Martínez estudia exportar crudo a Bolivia para importar menos fluido

El secretario de Energía analiza opciones para firmar una quinta adenda antes de fin de año. Si no, hay peligro de tener que importar volúmenes de gas natural que la Argentina no necesita

El secretario de Energía, Darío Martínez, estudia opciones para alcanzar antes de fin de año un acuerdo con las autoridades de Bolivia y cerrar la quinta adenda al contrato de provisión de gas que une a Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) con Integración Energética Argentina (Ieasa, ex Enarsa) hasta diciembre de 2026.

Una de ellas, según reveló a los diarios patagónicos La Mañana de Neuquén y Río Negro, es exportar petróleo crudo o combustibles líquidos refinados en forma de intercambio por una menor necesidad de importar gas natural.

Para ello, dijo, analiza construir un oleoducto, aunque no abundó en detalles. La semana pasada Martínez tuvo un encuentro virtual con el ministro de Hidrocarburos de Bolivia, Franklin Molina Ortiz, que repetirá esta semana.

En la negociación participan técnicos de Ieasa y de la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (Cammesa), ya que las centrales térmicas son las principales demandantes del gas.

La cuarta adenda al contrato que firmaron en 2006 los ex presidentes Néstor Kirchner y Evo Morales tiene vigencia hasta el 31 de diciembre.

En febrero de 2019, el Gobierno de Mauricio Macri estableció pagar un precio mayor en compensación por las disminuciones en las compras.

En estos casi dos años, entre octubre y marzo Argentina compró 11 millones de metros cúbicos por día (MMm3/d); en abril y septiembre, 16 MMm3/d, y entre junio y agosto, 18 MMm3/d.

Si cae esta última adenda y no hay acuerdo en los próximos días, el contrato fija que Bolivia debería entregar algo más de 27 MMm3/d, un volumen de producción que tiene dificultades de alcanzar y que, además, la Argentina no necesita en los meses de verano, cuando baja sensiblemente el consumo doméstico.

Para la industria, esta negociación es clave. En las actuales condiciones, durante los ocho meses que corren entre el 15 de septiembre y el 15 de mayo de cada año el mercado de gas tiene un exceso de oferta local, que compite con el gas boliviano.

En ese período, las petroleras que operan en el país se ven forzadas a cerrar la inyección de sus pozos, ya que el almacenamiento subterráneo todavía no está del todo desarrollado.

Por otro lado, este martes será la adjudicación del Plan Gas, que cosechó 16 ofertas por 67,9 MMm3/d a un precio promedio de u$s 3,50 por millón de BTU para abastecer a distribuidoras y Cammesa durante todo el año y menos de 4 MMm3/d en invierno.

Para suplir el faltante en los meses fríos, podría haber otra licitación en 2021. Eventualmente, se estudia también contratar un barco regasificador para que amarre en el puerto de Bahía Blanca e importar gas natural desde Chile entre junio y agosto.

Todas estas opciones están atadas a que la producción local de energía se mantenga relativamente estable y que no haya una sequía que achique la generación de electricidad en las represas.

El ingreso proyectado de nuevos parques de energías renovables y compras de excedentes eléctricos a Brasil completan el esquema. Si la recuperación de la actividad económica es mayor de la que estima el Gobierno, se completará la oferta energética con combustibles líquidos.

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