LA ESTRATEGIA ES GANARLE A LA INFLACIÓN

Para no perder rentabilidad, las marcas lanzan productos con nuevo packaging

La nueva lógica de las empresas es reformular tanto el contenido como el envase de sus productos para convertirlos en premium y evitar el cepo de Moreno

En un contexto de congelamiento de precios como el actual, las compañías se ven obligadas a reinventar sus productos con un nuevo packaging para no seguir perdiendo rentabilidad, ya que todos lo que sea masivo está bajo la mirada del Gobierno, que quiere mantener los precios bajo control de cara a las elecciones de octubre.


Ante este nuevo panorama, la nueva lógica de las empresas es reformular tanto el contenido como el envase de sus productos para convertirlos en premium y, de esta forma, no seguir perdiendo ingresos.


A ninguna compañía le atrapa la idea de comercializar algún alimento básico que esté bajo la mirada furiosa del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, sino que prefieren incluirle algún tipo de valor agregado para convertirlos en premium y, de esta forma, tener más aire para poner un precio que no esté regulado, y de esta manera poder seguir en carrera. Franela triple frisado, de algodón puro, que atrapa mejor la humedad.


Este es uno de los tantos productos que el usuario podrá encontrarse en el supermercado cuando va en busca de una franela común, que será mucho más difícil de conseguir.


El azúcar Domino, que sale menos de $ 3, aún se puede encontrar a primera hora, apenas abren las bocas de venta, (hay kioscos en Barrio Norte que las revenden en oferta a $ 7, pero la que predomina en las góndolas es la azúcar blanca refinada libre de gluten a $ 7,55.


El dulce de leche Sancor de 400 gramos, que antes de la puesta en marcha del congelamiento se conseguía a $ 4,29, ahora desapareció de todos los supermercados. En su reemplazo, la marca sacó otro envase, en su versión de campo, a más del doble de ese valor. De hecho, el dulce de leche de 250 gramos que está entre los 500 productos congelados, sale más del doble de lo que costaba el Sancor subsidiado, pese a tener casi la mitad de su contenido.


La harina es todo un tema. La triple 0 de $ 2,60 ya no se consigue tan fácil como la versión enriquecida en hierro y vitamina, que cuesta más del doble. La harina cuatro 0, que valía $ 4,50 en su versión común, ahora pasó a ser ultra refinada para todos los usos, que sale el doble. Todos packaging nuevos, recién lanzados de fábrica.


La leche en sachet de $ 2,59 se sigue consiguiendo en ciertas sucursales a primera hora de la mañana, con limitantes de dos por grupo familiar, pero cuando se acaba hay que comprar las que viene fortificado con vitamina A y D, ácido fólico y B9, en un nuevo envase que, según consta protege mejor la frescura de la leche. El precio, claro, es casi tres veces más que la común.


Los yogures también se pueden ver ahora con nuevo packaging, ya que le agregaron vitaminas A, D y zinc y los otros van de a poco desapareciendo de las góndolas. Lo que está resultado aún más difícil de encontrar, por no decir imposible, es la yerba común, ya que ahora casi todas vienen con bajo contenido de polvo, o son selección especial, en su versión suave, libre de gluten. Y los paquetes que abundan son los de 500 gramos, mucho más caros en relación que los de kilo o kilo y medio. La ventaja para las empresas, al lanzar productos nuevos, es poder aplicar actualizaciones de precios y, en el futuro, tener subas más grandes, al seguir la regla de tres simple que impuso desde las matemáticas el secretario de Comercio Interior para los aumentos de precios: 7% anual para los productos masivos, 14% anual para los selectivos y 28% para los premium.