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Para el juez del caso Lava Jato, "la corrupción sistémica aleja a los inversores"

De visita en la Argentina, Sergio Moro señaló que uno de los triunfos de la investigación, que lleva adelante en Brasil, es el de haber terminado con la "sensación de impunidad" que reinaba entre los poderosos de su país.

Para el juez del caso Lava Jato,

El caso Lava Jato, que tiene en jaque a la clase política de Brasil, ya se convirtió en un hito de la lucha contra la corrupción sistémica en el mundo. Un caso sólo comparable a la experiencia del Mani Pulite en Italia. Y es el juez federal de Curitiba, Sergio Fernando Moro, el personaje central de esta historia.

De visita en Buenos Aires habló en el marco de una charla sobre "lucha contra la corrupción" para sus pares del derecho en el edificio del Colegio Público de abogados, acompañado de funcionarios de gobierno, como el ministro de Justicia Germán Garavano, la titular de la oficina anticorrupción, Laura Alonso y los fiscales José Campagnoli, Ricardo Sáez, Carlos Rívolo y Raúl Pleé, entre otros.

Con 44 años de edad -designado juez federal a los 24 años- es una de las personalidades más relevantes de su país. Lleva en sus espaldas la resolución del caso de corrupción más importante de la historia brasileña que comenzó en marzo de 2014, que involucra a funcionarios de diversos partidos, a directivos de Petrobras, la empresa más grande de Brasil, y a las principales empresas constructoras y que puede llevar tras la rejas a Lula Da Silva, Dilma Rousseff, Michel Temer y otros políticos de primera línea. Lleva hasta el momento 150 órdenes de detención, con 71 acusados que se acogieron a la llamada "delación premiada", 125 condenados y más de 1000 años en sentencias, millonarias multas y derivaciones en distintos países.

En su disertación el juez se disculpó varias veces por no poder responder preguntas directas sobre las causas que investiga por razones obvias en razón su obligación de no adelantar opinión. Sin embargo, no se privó de tomar posición acerca de las estrategias generales que se deben seguir en los casos de corrupción que afectan a la Argentina, aunque aclaró que no puede opinar sobre la justicia de otros países. La defensa de la "delación premiada", que aquí se puede traducir como "ley del arrepentido", fue uno de los puntos centrales de su disertación. Para el juez esta figura jurídica es nodal para combatir el delito de corrupción. Según señaló, "estos crímenes se realizan en secreto" y por lo tanto es muy difícil lograr testimonios porque en general los acusados se tienen que autoincriminar. La delación permite que se pueda avanzar, para recoger nuevas pruebas y para llegar a todos los responsables. Sin embargo, remarcó que esta estrategia de recolección de prueba no puede estar aislada. Moro señaló enfáticamente que es imprescindible recoger todos los elementos. La delación no puede servir por si misma para cerrar un caso.

Señaló también que si otros países, como Argentina, quieren tener éxito en la persecución del delito de corrupción deben transitar el mismo camino. Para el juez, si se quiere avanzar en casos como el de Odebrecht en este país, es necesario celebrar acuerdos como el de delación premiada con las empresas involucradas y, fundamentalmente, trabajar fuertemente en la cooperación entre los estados para que las investigaciones puedan completarse.

Moro también alabó el rol de los medios de comunicación para el éxito de su investigación. Dijo que son claves para proteger a jueces, policía y a la justicia en general de los ataques del poder político.

Otro elemento que ponderó fuertemente es el de la utilidad económica de las acciones anticorrupción que pueda tener un Estado. Ante las acusaciones de que tantos procesamientos y condenas a funcionarios y ex funcionarios públicos podrían alejar a inversores para el país, el juez remarcó que claramente sucede lo contrario. "La corrupción sistémica aleja a los inversores" y aclaró que "ninguna empresa va a invertir en un país donde no hay reglas claras de competencia y se necesitan coimas". Para Moro, "el costo económico de la corrupción es enorme".

El juez, que fue considerado como una de las personalidades mundiales por la revista Time, se presentó a sí mismo como un mensajero del optimismo. Dijo que no quería dar una imagen de un Brasil condenada a la corrupción, sino más bien, que el proceso que lleva adelante debe servir como lección hacia el futuro. Aunque también dijo que con la investigación y las condenas judiciales no alcanza. Como ya sucedió en el caso Mani Pulite de Italia, puede haber mucha actividad judicial, pero si no hay un cambio en la actitud de todas las instituciones del país, no alcanza.

Moro señaló que uno de los triunfos de la investigación es el de haber terminado con la "sensación de impunidad" que reinaba entre los poderosos de su país.