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Para Dujovne, "si el mundo se complica en lo financiero, hay que recurrir al FMI"

Cree que habrá que pedir crédito al Fondo si se complica el financiamiento externo, más con el triunfo de Trump. Considera clave lanzar un "blanqueo laboral"

En el año de gestión que lleva Mauricio Macri, el ahora designad ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, analizó, criticó y hasta dio recomendaciones para el Gobierno. La definición tal vez más resonante la hizo en el número de diciembre de la revista Apertura, respecto a las necesidades de financiamiento externo que tendrá el país el año próximo y la relación del país con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que comanda Cristine Lagarde.

"En 2017, el Gobierno va a intentar mantener el gasto como lo hizo este año, que no creció en términos reales. Pero si el mundo se complica en lo financiero, más que hacer un ajuste fiscal, no va a quedar otra que acudir al FMI", expuso el designado funcionario, quien asumirá al frente de Hacienda con el año nuevo.

En esa línea, el mes pasado, el economista había remarcado que "luego de la victoria de Donald Trump en Estados Unidos, el mundo financiero se ha vuelto algo más hostil y la Argentina ha sido uno de los países más castigados por los inversores".

Para Dujovne, la nueva realidad genera "nuevas exigencias: el programa inicial debe ser continuado por otro que defina la gestión ya no por la negativa, sino por determinados objetivos concretos y por una descripción metódica acerca de cómo serán alcanzados".

Hace apenas una semana y en medio de los rumores de cambios en Hacienda, Dujovne enfatizó que "entre la existencia de los superministros de Economía de los últimos 30 años y el esquema actual, en el que rige una excesiva atomización tanto en la comunicación como en la toma de decisiones, hay un punto medio en el que el Gobierno aún no ha encontrado la dosis exacta".

A mediados de año, en tanto, cuando se profundizaron los cortocircuitos entre Alfonso Prat-Gay y Federico Sturzenegger, titular del Banco Central, el ahora designado funcionario había opinado que "Macri se puso él como ministro de Economía, al decir ‘acá no hay problemas de coordinación’, lo que hizo que fue validar el plan económico de la A a la Z y dijo acá el que decidió fui yo".

En medio de la confirmación de demora de los ‘brotes verdes’, el mes pasado, el ahora designado funcionario remarcó que "uno esperaba que el efecto de la devaluación se revirtiese rápidamente: la inflación caiga, el salario se ajuste, repunte el consumo, ingresen inversiones y recupere la actividad". Sin embargo, "surgieron algunos efectos que no estaban en el radar".

"Pasó el tercer trimestre, pasó octubre, estamos en noviembre y la economía todavía no arrancó. La caída del nivel de actividad ha tenido una forma de L, con una fuerte baja en el segundo trimestre del año de la que aún la Argentina no ha logrado emerger".

"Sólo la construcción ha dado señales de vida. Mientras, el consumo básico y las ventas en supermercados no dan muestras de recuperación. La producción de lácteos cayó 14%; la de carne, 6%, y la de pollo y de bebidas, 5%. Demasiadas similitudes entre esos rubros como para negar que el consumo básico está muy golpeado en 2016" y consideró que una de las claves para entender el fenómeno pasa por la economía informal, donde los bolsillos sufrieron mucho más que en el sector formal.

Por eso, Dujovne consideró que la Argentina "tiene que encarar otro blanqueo: incorporar a 3 millones de empleados en negro y a un millón de desempleados informales a la economía blanca. Si ello ocurriera, sus ingresos aumentarían y también lo haría su cobertura social. Serian nuevos sujetos de crédito y sus derechos serían efectivamente ampliados, aunque no exista más el fútbol gratis".

Sobre la inflación, entre varias de sus consideraciones, Dujovne dijo hace un par de meses que "es más difícil bajarla con un tipo de cambio que se mueve, ya que es típicamente la herramienta que se utiliza para estabilizar la inflación".

Para el largo plazo, el economista consideró que "si el Gobierno lograra mantener el gasto congelado en términos reales por los próximos cinco años y la economía creciera 3% por año, el gasto en relación con el PBI bajaría de 45% a 39% en 2021. Y si esa estabilidad del gasto permaneciera por diez años, caería hasta 34% del PBI en 2026".