Martes  17 de Septiembre de 2019

Melconian: “Reperfilamiento o default es una cuestión semántica, los vencimientos no se pueden pagar”

El economista habló con El Cronista de su nuevo libro 'Cantar la justa'. Se refirió a los desaciertos económicos del Gobierno y a una eventual presidencia de Alberto Fernández.

Melconian: “Reperfilamiento o default es una cuestión semántica, los vencimientos no se pueden pagar”

El nuevo libro Carlos Melconian lleva por título lo que él mismo define como una “filosofía de vida”, más allá de lo profesional: “Cantar la justa”. Así, con la frontalidad que lo caracteriza en público y en privado y que, asegura, marcó todos estos años su vínculo con el presidente Mauricio Macri, el ex titular del Banco Nación entre 2015 y 2017, desnuda las “inconsistencias” del programa económico que el gobierno de Cambiemos aplicó apenas se hizo cargo del poder y la cuota de mala praxis e “inacción” en materia fiscal que terminaron por agravar la mentada herencia recibida.

En un mano a mano con El Cronista, el economista advierte sobre los riesgos de no atender el equilibrio de las cuentas públicas y resume qué acciones cree debería adoptar el próximo presidente que asuma el 10 de diciembre en sus primeros 100 días de gestión para empezar con el pie derecho a gobernar.

También cuenta por qué reivindica al tándem Menem-Cavallo de los 90 y afirma, sin dudar, que “ese fue el período de mayor avance y progreso de la Argentina”.

- En el libro, ya desde el título, queda claro que no estaba de acuerdo con el programa de Cambiemos y la frontalidad con la que le daba su visión al Presidente. ¿Cuándo fue la primera vez que habló con Macri, y tal como pone en el libro, le avisó: “No tengo fecha y hora, pero esto choca”?

El ‘cantar la justa’ nace de una filosofía de vida, no es voy a ‘cantar la justa’ respecto a lo que pasó en estos años. El libro se llama ‘Cantar la justa’ por una filosofía de vida, yo hablo con mis hijos, mis amigos y les canto la justa, con el nivel de subjetividad y error que eso acarrea, no es una cosa infalible. Si quiero decir en forma tajante que ‘cantar la justa’ no hace una referencia específica de este período histórico.

Con Macri, es más, hemos hablado de la posible restructuración de la deuda hace mucho tiempo, porque de la misma manera que dije ‘no tengo día y hora del choque’, tampoco tengo una memoria histórica tan precisa de cuándo se lo dije la primera vez.

La inconsistencia del programa, porque voy a reiterar que nunca se discutió shock versus gradualismo, y nunca mi crítica estuvo hecha sobre la base de que era muy gradual y le faltaba shock, al revés. Yo era partidario del gradualismo frente a lo que fue inacción, especialmente en la parte fiscal. Y era partidario de gradualismo en lo que fue shock en la parte monetaria.

Por supuesto que lo hablé en esos términos con el Presidente, varias veces, porque es  mi estilo y formato con el Presidente, especialmente cuando estamos a solas, se lo manifesté en más de una oportunidad.

- Cuenta en el libro también que esta crisis actual obedece a una combinación de herencia recibida y mala praxis. A la luz del empeoramiento de la mayoría de los indicadores en estos últimos cuatro años, ¿diría que la herencia que deja Macri es más explosiva aún que la que él recibió de Cristina?

No usaría la palabra explosiva, diría que es acumulativa de la de 2015, no resuelta en su totalidad, porque el único momento donde macroeconómicamente se atacó a la herencia de 2015 fue con el Plan Picapiedras, o sea, el Fondo se inmiscuyó en eso y todo este tiempo no fue suficiente para mejorar un poco lo recibido, que no es una definición general.

Puedo hacer referencia a la situación fiscal, a la cuenta corriente, a los precios relativos y a la estanflación: ninguno de los cuatro en el proceso de los últimos 15 meses está resuelto. A eso se le agrega, como diría Grondona, que las que iban afuera las metiste vos, que es la reparación histórica, el endeudamiento, el primo hermano de la Lebac, que son las Leliq, entonces se hace una herencia de carácter acumulativo entre aquello no resuelto, más los inconvenientes que se agregaron y es una cosa nueva.

A ver, las líneas low cost o los avances de abrirte al mundo institucionalmente son para un 10, en términos de rumbo, no tienen nada que ver con lo macro. Estamos en una cuestión acumulativa, por eso yo discrepaba también con la visión que recitaba el último ministro de Hacienda saliente (por Nicolás Dujovne), que era que hemos hecho un avance fenomenal en los últimos 15 meses y ahora lo que viene por delante.

Yo era partidario del gradualismo frente a lo que fue inacción, especialmente en la parte fiscal. Y era partidario de gradualismo en lo que fue shock en la parte monetaria.

- Dujovne hablaba de que se habían “sentado las bases”, pero el 12 de agosto, el día después de las PASO, se comprobó que eso no era así.

Claro, en la mezcla de no bases sólidas, más la necesidad de que quienes estuvieron aclaren que es lo que van a hacer, se generó lo que se generó después de la elección.

- También fue de los primeros en advertir que venía un período prolongado de “pechuquita con calabaza” ni bien se firma acuerdo con el FMI.

Sí, pero quiero aclarar que yo no soy “pechuguita con calabaza”, como dijo algún colega tuyo, lo dije en referencia al Fondo.

- La pregunta es si como está la situación hoy, ¿hay que imaginar otro período largo de ‘pechuguita con calabaza’ en términos de pobreza, desempleo, caída de la actividad o podemos aspirar a empezar a salir?

No, no sé cual es el programa todavía del 10 de diciembre de 2019 y tampoco me voy a anticipar. Yo siempre me he caracterizado frente a personas nuevas de distinto gobierno y un mismo gobierno, por arrancar dando la derecha.

- Pero usted lo conoce bien a Alberto Fernández y conversan seguido.

Sí, pero no sé cuál va a ser su programa, más allá de todos los esfuerzos de moderación que está dando: tiene que dar una sensación de ubicación en el mundo; tiene que dar una sensación de cómo se mueve en la interna, tiene que responder a los votantes; tiene que responder a la calle; digamos que tiene una tarea ardua, más el programa.

- Usted es experto en traducir para ‘doña Rosa’ algunos planteos que por ahí cada uno los interpreta como le parece, pero no necesariamente son así. Cuando Alberto dice “no se puede hacer más una política de ajuste”, o la frase que toma de Lavagna, “hay que poner plata en el bolsillo de la gente”, ¿qué está diciendo? O en todo caso, ¿de dónde sale la plata para financiar eso?

Esperemos a que ocurra la elección, que las urnas ratifiquen que sea designado presidente y que tenga un programa y vamos a ver.

- ¿Pero es factible cumplir esa promesa? Porque se generan expectativas por las que luego hay que poder responder.

Esperemos, antes que considerar si es factible o no, yo puedo opinar objetivamente, pero siempre le doy la derecha al que viene, lo sacará de algún lado. Ahora, si vos tenés déficit fiscal y presión tributaria elevada, o hay todo una reconstitución del gasto público y la presión fiscal o emitirá moneda.

- Si emite, en términos de inflación, ¿adónde nos lleva?

Y, ya lo sabemos, 45 millones de argentinos debieran responder que la idea de déficit fiscal financiado con emisión o con deuda sabemos dónde termina. Lo que ocurre es que a mí me gusta tomar la macro en forma integral y a veces me quieren poner como fiscalista y qué se yo…

Te quiero decir que a mí no me gusta contestar de macroeconomía con excepcionalidad fiscal, vos me preguntás por lo fiscal y después queda en la nota que yo dije… el equilibrio fiscal siempre tiene que estar presente; lo sabe la izquierda uruguaya, lo sabe Portugal, los griegos.

- ¿El reperfilamiento termina indefectiblemente en default o no necesariamente vamos hacia alli?

Es un proceso semántico: no es más allá de las palabras, son las palabras, porque reperfilamiento, restructuración o default son las palabras, lo que está claro es que no son sinónimos en función de su definición. Default es que llega el día y no pagas, y reperfilar es ‘permitime trasladarlo’. Más allá de la semántica, los vencimientos no se pueden pagar.

Después verás si es bajo un procedimiento de reperfilamiento, restructuración o default. Me acuerdo que lo hablé con el Presidente hace mucho tiempo en San Miguel.

- ¿Y Macri coincidía en que no se podía pagar, ya lo tenía claro?

Bueno, le resultaba curioso que tan anticipadamente yo pudiera esgrimir eso, fundamentalmente, y estoy de acuerdo con él, porque en términos de mercados de capitales mundial no es mucho. Pero si no tenés…

Vos te podés ahogar en el océano Atlántico o en el agua de la bañadera, todos opinan que en el agua de la bañadera es más difícil, pero si te golpeás, te caes y no hay nadie para que te saque, te ahogas.

Es un proceso semántico: default es que llega el día y no pagas, y reperfilar es ‘permitime trasladarlo’. Más allá de la semántica, los vencimientos no se pueden pagar.

- En su viaje a España, Alberto Fernández dijo que está dispuesto a cumplir con los compromisos pero ‘no a costa del padecimiento de la gente’. Está fresco todavía en la memoria el recuerdo del 2001. ¿Cómo debería  traducirse esa intención de ‘pagar sin padecimiento’?

No quiero hablar de lo que dijo Alberto,  siempre se pueden honrar los compromisos, 180 países del mundo lo hacen… Pero esto no tiene nada que ver el 2001, estamos diferente, no hago referencia si mejor o peor.

- En el libro remarca que tanto Menem como Kirchner, cuando les tocó hacerse cargo del Gobierno, tuvieron el efecto rebote porque se venía de una caída del Producto muy pronunciada. Ahora es distinto porque venimos de ocho años de estancamiento. ¿De esto cómo se sale?

Yo digo que es una enfermedad diferente, una enfermedad que vos cuando te caés 15 puntos se arma un lío bárbaro; con la estanflación no se arma semejante lío, pero luego cuando viene el alivio rebotas fuerte y la estanflación da sensación de que no hay horizonte. Son enfermedades diferentes que tendremos que aprender a ver cómo se sale.

Es un tema porque muchas veces lo otro está fundado en lo que los gringos llaman el output gap o el catch up, y acá no hay, da la sensación de que Argentina requiere un proceso de inversión, no es que tenés inversión que has hundido y la podés reaprovechar.

- Macri llegó prometiendo la 'lluvia de inversiones' que nunca se produjo, y ahora estamos ante la posibilidad de que asuma un gobierno que -se suponía por la experiencia de la gestión de Cristina- las ahuyentaba. ¿Cómo va a hacer Alberto Fernández para recuperar esa confianza para que las inversiones vengan si ni Macri lo consiguió?

-Yo como creo mucho en el crédito en la vida y en la confianza, digo que es una cosa que tarda en construirse y que se va muy rápido, habrá que construirla.

- Todo gobierno nuevo llega al poder acompañado de expectativas. ¿Qué debería hacer el próximo gobierno en los primeros 100 días para que esas expectativas lo sigan acompañando y no se desinflen?

Medidas mágicas, no. Creo que debe dar muestra de su gobernabilidad, debe tener un programa macroeconómico, un equipo de gobierno, gente de confianza, solucionar los temas más urticantes: control de cambios, el tema de la deuda, que son cuestiones que seguramente va a heredera el próximo presidente o autoheredar el actual.

- ¿Se imagina que es posible una transición ordenada entre Macri y Fernández si se repite el resultado de las PASO?

Siempre es importante, lo que pasa es que se ha puesto de moda la transición ordenada de Brasil en 2002. El otro día la explicó Fernando Henrique Cardoso, y es imposible razonarla para la Argentina porque estuvo basada en un acuerdo con el Fondo que firmó el propio Lula, que era candidato.

- ¿Y podría haber un nuevo acuerdo con el Fondo aquí que negocien el saliente y el entrante antes del 10 de diciembre?

Imagino que no, pero no sé, son cosas que tardan, pueden empezar los contactos, las reuniones, ambas partes van a decir que van muy bien, que avanzan, etc. etc., pero evidentemente, mucho más si hay cambio de gobierno, vendrán los conocimientos previos.

- Usted dijo que estaría dispuesto a colaborar con la Argentina cuando le preguntaron si aceptaría ser ministro de Alberto Fernández. ¿No le hace algún tipo de ruido colaborar con un gobierno peronista que tiene además adentro al kirchnerismo?

Lo digo desde hace 20 años lo de colaborar con la Argentina. Y lo mismo pensaba con Macri, por eso no soy afiliado al PRO. He intervenido mucho con el candidato en la campaña hasta que fue Presidente, pero todas esas cuestiones de equipo, toda esa semántica no me he prendido mucho. Yo creo en una actitud profesional, tecnocrática de un equipo económico, ligado por supuesto a la política, con peso propio, mal catalogado como ‘superministro’, con renunciamientos a ocupar cargos políticos porque si no no se puede trabajar.

La Argentina tiene un gran problema, el tipo que vaya al Ministerio de Economía y simultáneamente quiera decir que si le va bien es un trampolín para… a mí me encanta todo eso, pero es un cosa o la otra, lo tengo clarito.

Si vos querés dedicarte a la política, no podes ser ministro de economía, y si vos querés ayudar desde la economía, no te tenés que dedicar a la política. Porque empieza toda esa historia y manejar la caja y superministro… si la política fuera viva tendría que tener buena tecnocracia en el Gabinete.

- Uno recuerda que Kirchner, después de Lavagna, no quiso más ‘superministros’. Y Macri vino con una idea parecida, dividió el ministerio…

Con Kirchner no lo sé. Yo creo que Macri tenía una idea de gerenciamiento de tipo empresarial, tenía un gerente general. Como no sentía la tarea, pero lo quería de gerente general, le tuvo que poner dos subgerentes, los dos no conocían evidentemente la materia, institucionalmente no firmaban haciéndose cargo de lo que pedían… todo mal hecho, dividido en ocho el Ministerio, era una cuestión imposible de conducir. Y eso fracasó.

Cuando hay liderazgo y hay autoestima, uno se rodea de mucha buena gente y no le hace asco a esas cosas. El mejor ejemplo es Menem con Cavallo: Cavallo era una persona muy difícil de contener, de avasallante personalidad, y a Menem nunca se le movió un pelo.

- Bueno, pero después también se lo sacó de encima…

Sí, pero se ‘lo sacó de encima’ después de la reforma estructural más grande que hizo la Argentina. Creo que llegó a un final, ahora, buscá cincuenta años de Argentina, y el tiempo lo va a mostrar cada vez más, fue el período de mayor avance y progreso de la Argentina. Las cosas hay que decirlas como son.

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