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Macri y el ejercicio insalubre de gobernar todos los días al borde del abismo

Imagen de FERNANDO GONZALEZ

por  FERNANDO GONZALEZ

Director Periodístico

 

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El día en que vetó la ley de doble indemnización, Mauricio Macri le puso un tensor a la gobernabilidad. Se despegó definitivamente de la idea de coalición con sectores opositores y se encomendó a la construcción permanente de una mayoría parlamentaria que no tiene. Ayer fue en busca de los gobernadores para que los legisladores de cada provincia que necesite un peso de la Nación acompañen el paquete jubilatorio y el blanqueo de capitales. En esa fricción incómoda, el papel negociador del ministro del Interior, Rogelio Frigerio, comienza a adquirir un papel cada vez más relevante.

Cada iniciativa parlamentaria del Gobierno va a necesitar el acompañamiento de 40 diputados que no forman parte de los 90 legisladores del Frente Cambiemos. Esa zozobra desgastó a Raúl Alfonsín y aniquiló a Fernando De la Rúa, los dos presidentes anteriores que tuvieron al peronismo como oposición. Macri, y sus principales colaboradores, suelen arrancar las reuniones de trabajo diciendole a sus interlocutores (y a sí mismos): “Nosotros no somos como los radicales; no sufrimos el ejercicio del poder como lo sufrían ellos...”. Los primeros cinco meses parecen darles la razón pero el gobierno de la Argentina es una carrera cruel y de largo aliento.

Hoy es la ley de jubilaciones y blanqueo. La próxima batalla será por los tarifazos en los servicios públicos, donde el macrismo le pidió auxilio a la Corte Suprema para bloquear los fallos judiciales en contra de los aumentos que comienzan a reproducirse a lo largo del país. Macri tiene por delante un desafío inmenso. El poder jamás se obtiene de inmediato. El poder se ejerce y se revalida semana tras semana. Y el año próximo se volverá incluso más insalubre que el actual. Por eso, es clave la elección legislativa del 2017. Sólo una victoria indiscutida en las urnas y la construcción de una fuerza parlamentaria más sólida le permitirá al Presidente gobernar sin asomarse cada día al borde del abismo.