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Macri navega entre la macroeconomía de Disney y el infierno de la inflación

Imagen de FERNANDO GONZALEZ

por  FERNANDO GONZALEZ

Director Periodístico

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Macri navega entre la macroeconomía de Disney y el infierno de la inflación

Mauricio Macri camina por dos mundos paralelos. El planeta macroeconómico no deja de sonreirle. Consigue que el cepo al dólar se derrumbe en unos pocos días y que la devaluación anunciada del 50% abandone sin traumas aquellos días febriles de gendarmes en las casas de cambio. Esta semana, el Presidente consumó la aprobación parlamentaria del acuerdo con los holdouts. Sumó una coalición inesperada en el Congreso (165 diputados y 54 senadores) y se subió al avión que lo llevó a Washington tres horas antes de que los legisladores levantaran sus manos. Tan confiado estaba que ni siquiera esperó para cuidarse de alguna traición opositora.

Es que el resto del mundo sólo extiende sus satisfacciones. Barack Obama y John Kerry lo elogian como si lo conocieran de hace muchos años. Canadá lo invita a ser el anfitrión del Grupo de los 20. Se reúne con los jefes de gobierno de Japón, de la India, de Corea del Sur, de Nueva Zelanda. Y se prepara para encontrarse con el presidente de China, Xi Jinping, en una de las apuestas exteriores más sensibles de su gestión de menos de cuatro meses.

El problema para Macri es que el castillo de Disney de la política exterior se transforma en una mansión embrujada cuando la mirada se deposita en la Argentina. El planeta de la economía real muestra una avalancha de tarifazos apenas construída la victoria parlamentaria. Aumentos de colectivos, de trenes, de subtes, de gas y de agua que se suman a la suba fundadora de la electricidad. El consenso social en torno a la reducción de subsidios tambalea ante el abismo de un cuatrimestre con el 4% de inflación mensual que aleja el 25% soñado para el 2016. En el territorio hostil que fastidia al Presidente, su aliada Elisa Carrió destroza públicamente a sus amigos empresarios y califica de brutales a sus medidas económicas. La CGT lo amenaza con una protesta general y la Policía Bonaerense juega a las intrigas que mejor conoce. Macri deberá hacer equilibrio entre esos dos mundos en conflicto hasta lograr que la inflación se tome un respiro y la Argentina deje de parecerse a la continuidad del infierno.