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Macri cambió la postura zen por el protagonismo y la palabra carajo

Imagen de FERNANDO GONZALEZ

por  FERNANDO GONZALEZ

Director Periodístico

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La escena se produjo hace 15 días en la Casa Rosada. Quienes escuchaban eran los cinco legisladores más influyentes del oficialismo. Y el que hablaba, el que casi gritaba era Mauricio Macri. Ya había decidido hacer añicos las negociaciones con el peronismo y con el Frente Renovador de Sergio Massa por la ley de doble indemnización. "Diganlé a sus amigos del peronismo que me importa tres carajos vetar la ley anti empleo; es más, me da placer vetarla porque esa ley es una mierda para los argentinos...". El lenguaje duro del Presidente sorprendió a la mayoría. Todos se quedaron en silencio y entendieron que el tiempo del consenso, que había funcionado para aprobar el acuerdo con los holdouts, ahora se había terminado.


Aunque con menos insultos, los días siguientes fueron parecidos. Macri parece haber dejado atrás la estrategia del derrame con la que esperaba cambiar el estado de ánimo de la Argentina en forma paulatina. Desde el día en que decidió vetar la ley de doble indemnización que empujaban los gremios, el kirchnerismo y la izquierda le imprimió a la gestión el vértigo de los anuncios sucesivos. El es el protagonista. Con el canciller brasileño José Serra. Con el CEO mundial de Unilever, Paul Polman, o con Mirtha Legrand después de las críticas a Jaime Durán Barba. Así busca acelerar la recuperación de su imagen, golpeada por la inflación elevada, por el tarifazo y por la situación inestable del empleo. El apuro en anunciar este viernes el blanqueo de capitales y el pago de las sentencias favorables a los jubilados desde el 2001 son señales inconfundibles del declive de aquella postura zen de los primeros meses.